Como una familia que unida supera cualquier obstáculo, el movimiento circense en Camagüey se mantiene y encuentra en las nuevas generaciones el futuro.
Aunque hoy ya no queda nada de aquellas grandes carpas, ni del ajetreo del traslado de un pueblo a otro, ni del trabajo con elefantes, conejos y leones o del atrevimiento de contar con una orquesta en vivo, el Circo Areíto -los actuales exponentes-, sostiene la esencia de aquellos primeros valientes que, sin mucha formación, entretuvieron al pueblo agramontino.

Nombres como Palillo, el Circo Miriam, el Caballero de la onda aérea fueron recordados por estos días gracias al homenaje que se realizó y que incluyó el estreno del documental «Más allá de la Carpa: Memorias del Circo en Camagüey».
En el material audiovisual, de unos 20 minutos, varias voces intentan contar una historia a la que aún le faltan páginas por escribir. Entre ellos está Emma Mondeja Pérez, quien a sus más de 70 años, confirma que la familia más linda que hay es la del circo.
Nacida allí, entre el fango y la yerba, creció Emma. Hija de un prestidigitador que enamoró a su madre cuando pasaba por Yaguajay y quien se unió al mundo circense luego haciendo sketches. De ese amor nacieron 12 hermanas, todas artistas.
Pero a Emma lo que le gustaba eran las alturas y se volvió trapecista. Allí se sentía tan ella, tan feliz que cuando durante una estancia en la Unión Soviética sufrió una caída desde unos 18 metros de altura, lo único que pensaba era en recuperarse.
Y sobrevivió, con muchos huesos fracturados y una pierna complicada, pero se rehabilitó, se recuperó y volvió a hacer lo que amaba. Porque, como ella dice, «cuando sales al espectáculo se olvida todo y te entregas al público».

Félix Pérez Sarduy también nació en el Circo, en un camión mientras se movían de un pueblo a otro. Su padre fue el reconocido payaso Palillo, pero Pérez Sarduy, quien luego se conoció como El Caballero de la Onda Aérea, no se formó en escuelas, sino que siendo empleado en el circo se fue preparando.
Hoy es uno de los trabajadores del Areíto, es la mezcla de pasado y futuro que enseña a las nuevas generaciones la pasión que caracteriza a quienes se dedican a este mundo. Y es quien, además de hacer otras cosas, devolvió la gracia de ver un espectáculo en una carpa.
Como con 15 años aprendió a coser y a armar una carpa. Y gracias a eso desde el 2025 Camagüey tuvo otra vez la opción de moverse por sus barrios con una, chiquita, menos magestuosa, pero levantada pieza a pieza por ellos mismos y que se desborda de público en cada función.
Estos últimos años, como confirma Lisbey Galindo, el payaso Poty y actual director de Areíto, han sido grandiosos. Luego del proceso de intervención revolucionaria de los espectáculos privados ocurrido entre 1959 y 1968 las compañías familiares desaparecieron y se conformó el circo Camagüey con algunos artistas de esas carpas particulares.
Luego por un espectáculo denominado Areíto es que el circo agramontino comienza a llamarse así, ya cerca de los años 80, con una carpa algo rústica.
Pero en los noventa se pierde definitivamente la carpa y los artistas se presentaban en teatros, plazas sin espacio propio. En la actualidad, gracias a muchos impulsos, Areíto tiene carpa, tiene sede, espacios que pueden mejorar constructivamente, pero que permiten la formación de las nuevas generaciones porque son la casa del circo en Camagüey.

