Cintio Vitier en la memoria
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Cintio Vitier en la memoria

Cintio Vitier fue paradigma del intelectual martiano. En su itinerario vital y creativo hizo suyos conceptos esenciales del Héroe Nacional. Martí decía tener dos patrias: Cuba y la noche, entendidas en su más rica dimensión simbólica. Cuba, como espacio concreto y proyecto de nación; la noche, como hermosa alegoría de la poesía. Cintio asumió también esos dos compromisos: con su obra y con el pueblo del que formaba parte. Se consideró hasta el final discípulo de Martí. Fue, en definitiva, un maestro. 

Sus aportes al conocimiento y la comprensión del legado martiano fueron extraordinarios. Consagró buena parte de su vida al estudio del pensamiento y la obra de José Martí, convencido de que en sus textos podían encontrarse respuestas a muchos de los desafíos de la contemporaneidad. 

Como Martí, entendía la ética como fundamento de cualquier empeño social, político y cultural. Su labor en el Centro de Estudios Martianos constituye una referencia para generaciones de investigadores, y sus ensayos ofrecen caminos para acercarse a un patrimonio tan rico como inagotable. 

La poesía fue otro de sus caminos. Como destacado integrante del grupo Orígenes, desarrolló una obra de hondísima densidad metafórica, nacida de la introspección y enriquecida por un permanente diálogo con la tradición y con sus contemporáneos. Pero Cintio no fue únicamente un poeta: fue también uno de los grandes lectores y estudiosos de la poesía cubana. En Lo cubano en la poesía dejó claves fundamentales para comprender la riqueza de nuestra producción lírica y reafirmó una vocación integradora, capaz de reconocer la diversidad sin renunciar a las jerarquías. 

Hombre de vasta cultura, entendió siempre el conocimiento como una responsabilidad y no como una forma de ostentación. Su máxima parecía ser entregar. Amó a Cuba con una pasión sin puntos muertos y, en años de dolorosos desencuentros, continuó aportando a su cultura junto a Fina García Marruz, con un sentido de la responsabilidad y el compromiso ajeno a vanidades. En la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí quedaron también las huellas de ese servicio, como parte de una trayectoria estrechamente vinculada a las instituciones fundamentales de la cultura cubana. 

Cuba reconoció su obra con sus mayores distinciones, pero fue Cintio quien honró a Cuba con una entereza, una dignidad y una coherencia ejemplares. Roberto Fernández Retamar llamó a Cintio y a Fina «apóstoles del Apóstol», una expresión que resume la naturaleza de aquel magisterio ejercido no desde una cátedra, sino desde una vocación profunda de servicio público. 

A 105 años de su nacimiento, volver a Cintio Vitier significa también volver a una manera de entender la cultura como responsabilidad, como conocimiento y como entrega. 

Y acaso haya que recordarlo también en su dimensión más íntima: hombre sin poses ni ostentaciones, conversador impenitente, amante de la música y polemista sereno aunque firme; alguien que encarnó su majestad intelectual con sencillez y afabilidad. Sus hijos fueron su orgullo, y su amor por Fina, inconmensurable. Ella misma lo resumió con una imagen que parece contener la esencia de ambos: «nosotros somos de un pájaro las dos alas».

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