Quien profundice en lo escrito por el Guerrillero Heroico en su Diario de Campaña de Bolivia, verá cosas desgarradoras y tiernas
“Era costumbre del Che en su vida guerrillera anotar cuidadosamente en un diario personal sus observaciones de cada día, con su letra menuda y casi ilegible de médico. Fueron escritos en los ratos escasísimos de descanso, en medio de épico y sobrehumano esfuerzo físico”, escribió Fidel Castro Ruz en Una introducción necesaria,prólogo a la primera edición del Diario del Che en Bolivia.
No puso esas observaciones allí con el objetivo de ser publicadas, es cierto, pero son una evidencia de sus convicciones y elementos de lo que llamó: “Lo que interesa son los hechos, las palabras que no concuerdan con los hechos, no tienen importancia”.
Curiosas unas, dolorosas otras, sus anotaciones tienen siempre el signo indiscutible de un hombre “que entró en la selva con la libertad en alto, y jugó su corazón al azar y se lo ganó al heroísmo”.
En primera persona, como decimos, su apunte inicial resume, quizás sin saberlo él mismo, la estatura del héroe en la aventura definitiva de su vida: “Bigotes (Jorge Vázquez Viaña, boliviano), que acaba de enterarse de mi identidad, casi se va por un barranco, dejando el jeep varado al borde del precipicio”.
Se encuentra poco a poco a si mismo con el guerrillero de la Sierra Maestra y apunta: “Mi pelo está creciendo, aunque muy ralo y las canas se vuelven rubias y comienzan a desaparecer; me nace la barba. Dentro de un par de meses volveré a ser yo”.

Sabe Guevara que el ejemplo personal es la clave en su empeño guiador y no se contenta con mandar únicamente: “A las seis, cuando dejamos el trabajo, ya había alcanzado los dos metros el hondo túnel. Mañana pensamos acabarlo y meter todas las cosas comprometedoras en él. Por la noche una lluvia me obligó a huir de mi hamaca, que se moja. Tuma, Rolando y yo continuamos la cueva del radio que está muy difícil, porque es pura piedra. Moro, Inti, Urbano y yo salimos para hacer un camino”.
Con el mismo criterio participativo, escribe en varias ocasiones: “Tuma, Jorge y yo hicimos recorridos por el río (Ñancahuazú) para inspeccionar el arroyo descubierto… Salimos a hacer el catastro del río y explorar el arroyo…; Tumaini, Urbano, Inti y yo formamos el grupo; Pacho y yo salimos a inspeccionar los caminos hechos por Miguel…; Marcos, Urbano y yo fuimos a explorar la loma de enfrente”…
Está convencido el Che de la gran importancia de hablar con los compañeros de la guerrilla: “Doy una charla sobre nuestra actitud hacia los bolivianos que vendrán y hacia la guerra. Le hablé a todo el grupo. Hice hincapié en la unidad del mando y en la disciplina. Después de la clase lancé una descarguita sobre las cualidades de la guerrilla y la necesidad de una mayor disciplina, y expliqué que nuestra misión, sobre todas las cosas, era formar el núcleo ejemplo, que sea de acero, y por esa vía expliqué la importancia del estudio, imprescindible para el futuro”.
Recuerda el médico argentino el día de cumpleaños y refleja su fino sentido del humor: “Extraigo mi primera muela en esta guerrilla; víctima propiciatoria: Camba. Por la noche un potaje bárbaro me puso al parir. Después de dos días de profusas extracciones dentales en que hice famoso mi nombre de Fernando Sacamuelas. Cerré mi consultorio y salimos”.
No pierde de vista el jefe guerrillero escuchar a los residentes de estos intrincados parajes: “Convertido en ayudante de Inti, fui a hablar con los campesinos. Saqué unas fotos que me valieron el interés de todos ellos”.
Indiscutiblemente fue un extraordinario soldado, sí, pero en el yate Granma, las montañas de la Sierra Maestra y del Escambray, así como en el Congo, jamás olvidó su condición de galeno.
En todo el Diario se capta enseguida su excelente sentido de la equidad y su respeto por la condición humana: “Un teniente de la policía fue enviado con un carabinero. Se pensó en matarlos, luego decidí devolverlos con una severa advertencia sobre las normas de la guerra. Dos nuevos espías fueron dejados en libertad en calzoncillos solamente, debido a una mala interpretación de mi orden, en el sentido de que se fueran despojados de todo lo que sirviera”.
El otro gran enemigo suyo desde pequeño, el asma, lo hizo sufrir mucho. Le operaron dos abscesos en un mismo pie; padeció cólicos fuertes, vómitos y diarreas; estuvo seis meses sin poder bañarse, y sintió en lo más hondo de su alma la muerte de varios de sus compañeros de la selva y la lucha, pero nada le exterminó la fe en la victoria de sus ideas, ni el optimismo, ni su característica nobleza humana, incluyendo el recuerdo perenne de Cuba, ni su condición de orientador y guía: “Quedé en el campamento, redactando unas instrucciones para los cuadros de la ciudad. Hice la inspección de las posiciones y dicté las órdenes para realizar el plan. Hablé a la tropa, dándole las últimas instrucciones para la marcha y lo que significaba este esfuerzo. Di una corta charla, anécdotas de la Sierra Maestra. Se descifra largo mensaje de La Habana. Escribo a Fidel un documento”.
Más de 50 000 palabras su Diario

Durante los 11 meses de las anotaciones en su Diario en Bolivia, el Che escribió 50 340 palabras y en 416 oportunidades habló en primera persona del singular, aunque sería demasiado extenso reproducirlo en un artículo breve. Además, de los 318 apuntes redactó 10 resúmenes que él llamó “Análisis del Mes”.
Su expresión inicial en el documento personal de campaña escrito en una agenda de trabajo normal, el 7 de noviembre de 1966, fue: “Hoy comienza una nueva etapa”. Y su último apunte, el 7 de octubre de 1967, al referirse a una rara información del Ejército comentó: “La noticia parece diversionista, h (de altura) 2000 metros”.
La anotación más breve, solo de tres vocablos, la hizo el 15 de mayo de 1967: “Día sin novedad”. Y la más extensa, con 653 palabras, el 25 de abril de ese fatal año, cuando expuso con sumo dolor la caída en combate de Eliseo Reyes, el inolvidable Capitán San Luis.
Cuando el comandante Ernesto Guevara de la Serna llegó por segunda vez a La Paz, Bolivia, – su primera estancia allí fue en 1953– con él estaban varios de sus escoltas, uno de ellos era Carlos Coello, el Tuma o Tumaini en el Diario. Había nacido el 2 de diciembre de 1940 en la finca cubana La Candela, cerca de Manzanillo, hoy provincia de Granma. Cayó en combate el 26 de junio de 1967, en Piray, en las faldas del río Durán, cerca del poblado de Florida. El Che declaró que lo quiso como quiere un padre. Por eso lo mencionó 39 veces en su Diario.

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Fuentes consultadas
El Diario del Che en Bolivia y La selva en la mochila, Luis Hernández Serrano, Trabajadores, 7 de octubre de 1996.
La entrada Che en primera persona se publicó primero en Revista Bohemia.
