Cultura La Jiribilla

Cartografía de lo cotidiano: redefiniciones del territorio museístico desde la creación femenina

La exposición homónima, inaugurada el 22 de mayo en el Museo Napoleónico de La Habana, institución de referencia en el arte Imperio, propone una relectura contemporánea de sus salas a partir del universo creativo de una veintena de artistas cubanas. Bajo el concepto de cartografía emocional, la muestra desdibuja los límites entre la historia oficial y la geografía íntima del espacio habitado.

La institución y su peso histórico

Especializado en el arte del Imperio francés, el Museo Napoleónico de La Habana está catalogado como uno de los cinco más importantes del mundo en su tipo y es único en Cuba. Ubicado en una mansión construida en la década de 1920, en el habanero barrio de El Vedado, su colección atesora más de 7 400 piezas vinculadas a Napoleón Bonaparte y su contexto histórico. Entre ellas se cuentan pinturas, grabados, esculturas, muebles de estilo, trajes, equipo militar, armamento, artes decorativas y una extraordinaria colección de libros raros y valiosos en francés, inglés y español.

El mobiliario que alberga incluye obras construidas y decoradas por los que fueron considerados los mejores ebanistas y orfebres de la época, como Georges Jacob y su hijo Georges II, Claude Odiot —ebanista predilecto de la emperatriz Josefina—, o Pierre Philippe Thomire. Entre las piezas de mayor valor se encuentran la mascarilla mortuoria del emperador, traída a Cuba por su médico de cabecera, Francesco Antommarchi, quien más tarde se instalaría en Santiago de Cuba, donde falleció víctima de la fiebre amarilla. Destacan también pinturas como “Napoleón prepara la ceremonia de su coronación”, de Jean Vivert; “Napoleón frente a los campos de Boulogne”, de Jean Baptiste Regnault; “Versalles”, de Françoise Flameng; “La Batalla”, de Eugenio Lucas Velázquez; y el retrato de Napoleón en la Isla de Elba, encargado por la condesa María Walewska al pintor Robert Léfèvre. Todo este acervo conforma la colección de época napoleónica más extensa y variada del país.

Del mapa métrico al territorio emocional

Cartografía de lo cotidiano, concebida por la curadora Taina Cisneros Rivero, irrumpe en este espacio consagrado a la memoria del poder napoleónico para instalar una mirada alternativa desde el diálogo creativo contemporáneo con la colección. Como ella misma declara: “Explorar estas cartografías es, en última instancia, enfrentarse a un archivo de lo sensible. La exposición invita al espectador a despojarse de la mirada utilitaria sobre el entorno para reconocer las fisuras por donde emerge lo extraordinario dentro de la repetición diaria. No estamos ante una simple acumulación de objetos, sino ante la sistematización de una vivencia: la construcción de un mundo propio que, al ser compartido en el espacio del cubo blanco, se transforma en una poderosa declaración de presencia y autoría”.

“La cartografía que aquí se presenta no persigue la exactitud métrica del mapa tradicional, sino que reconstruye una geografía emocional”.

La cartografía que aquí se presenta no persigue la exactitud métrica del mapa tradicional, sino que reconstruye una geografía emocional. La necesidad de reconocer que lo político no solo se manifiesta en el gran grito, sino que también reside en la capacidad de observar las grietas de lo habitual, se presenta como “un acto de justicia poética”. Proponer un giro epistemológico de la exactitud métrica y tradicional propia de la cartografía es, en sí mismo, un acto de licencia poética. Aquí, el mapa no es una herramienta de control, sino un ejercicio de autorreconocimiento. Lo “cotidiano” deja de ser el escenario pasivo de la rutina para transformarse en un tejido denso y fibroso de resignificaciones, un territorio de disputa donde se inscriben las huellas de la identidad.

“En el centro de esta cartografía se halla el cuerpo femenino, entendido no como objeto de contemplación, sino como el primer territorio de soberanía”.

El cuerpo femenino como primer territorio de soberanía

En el centro de esta cartografía se halla el cuerpo femenino, entendido no como objeto de contemplación, sino como el primer territorio de soberanía. Cada una de las representaciones visuales actúa como contenedora de una memoria fragmentada, desafiando la linealidad del tiempo. Porque el espacio que se habita resulta un sistema abierto de navegación, una invitación a reconocer que en el detalle más minúsculo, en la sombra más fugaz de lo ordinario, reside la potencia transformadora necesaria para reimaginar nuestra relación con el mundo.

El espacio en Cartografía de lo cotidiano se bifurca: por un lado, el paisaje exterior (la ciudad, el país) es reinterpretado desde la subjetividad; por otro, el paisaje interior se vuelve topografía. La cartografía que aquí se presenta no es un destino cerrado, sino que se convierte en cordilleras y ríos de una geografía personal que es, al mismo tiempo, universal.

Un proyecto curatorial vivo

Uno de los aspectos más significativos de esta muestra es el diálogo que establece entre las piezas de las artistas invitadas y los fondos de la colección, otorgando un nuevo significado al guion museográfico de cada sala, lo que aporta un valor añadido a la muestra que permite no solo conocer y promocionar los fondos del museo sino también la obra de las artistas de la nómina. Se logra así una simbiosis entre pasado y contemporaneidad.

Otro hito importante es la presencia de varias generaciones de artistas femeninas, entre las que destaca Lesvia Vent Dumois, Premio Nacional de Artes Plásticas. A ello se suma un extenso programa de actividades —entre los que sobresalen los paneles “Mujeres artistas y curadoras en el escenario contemporáneo cubano actual”— que ha mantenido el proyecto como un cuerpo curatorial vivo, que alza su voz a favor de la mujer cubana.

“…un cuerpo curatorial vivo, que alza su voz a favor de la mujer cubana”.

Los paneles, celebrados los días 4 y 11 de junio, convocaron a artistas como Gabriela Reyna, Greta Reyna, Nadia Díaz, Amalia Abreu, Giselle Lucía, Camila Ojeda, Yaily Martínez, Shanaya Herrera, Sandra Borges, Lianet Martínez, Olivia Torres, Nelsy Vero, Gabriela Blanco, Elizabeth Rodríguez, Nora Expósito y Claudia Veloz. Contaron además con la participación de las curadoras Laritza Suárez del Villar, Beatriz Jiménez, Maybel Elena y Yahíma Pupo, quienes dialogaron no solo sobre las obras y su significado sino sobre el estado actual de la creación artística desde la femineidad y la resiliencia, la imposición ante patrones patriarcales y los procesos de investigación profunda tras cada entrega curatorial o el necesario vínculo entre artistas y curadores para concebir los proyectos.

Cartografía de lo cotidiano constituye, en definitiva, un ejercicio de autorreconocimiento y una declaración de presencia que enriquece el patrimonio museístico nacional desde una perspectiva actual y necesaria.

La exposición permanecerá abierta en el Museo Napoleónico de La Habana (calle San Miguel No. 1159 esquina a Ronda, El Vedado) hasta el 22 de julio.

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