Brasil: casi 160 millones eligen entre soberanía con desarrollo social y agenda derechista antipopular
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Brasil: casi 160 millones eligen entre soberanía con desarrollo social y agenda derechista antipopular

Más de 158 millones de brasileños están convocados para elegir este domingo al presidente, vicepresidente y a 513 diputados, 53 senadores, 27 gobernadores y legisladores regionales. En unos comicios altamente polarizados, el foco está en la disputa entre el mandatario progresista Luiz Inácio Lula da Silva y el ultraderechista Flávio Bolsonaro, con dos propuestas de país opuestas.

Según una encuesta divulgada por Datafolha este sábado, víspera de la votación, Lula obtendría un 45% de los votos válidos en primera vuelta, frente a un 42% de Bolsonaro, en un virtual empate técnico. El sondeo anterior, publicado el jueves, arrojaba igual porciento pata el mandatario y 40% para el senador.

Por detrás de los dos contendientes aparecen el exgobernador conservador Ronaldo Caiado, con el 4%; el activista de derecha Renan Santos, con un 3%, y el psiquiatra y autor de libros de autoayuda Augusto Cury, también con 3%.

Lula y Bolsonaro Ambos cerraron sus campañas este sábado, con eventos simultáneos en diferentes regiones de São Paulo, el mayor colegio electoral de Brasil, con 34 millones de votantes.

El viernes, el líder progresista lideró una masiva movilización en Río de Janeiro, la cuna política de la familia Bolsonaro. Ante una concentración en Cinelandia, lugar de multitudinarias manifestaciones contra la dictadura militar en los años 80, el fundador y líder histórico del Partido de los Trabajadores afirmó que «lo que está en juego no es la victoria de un solo hombre, es la victoria de una idea, es la victoria de una democracia».

En São Paulo, este sábado ante miles de personas, invitó a ir a las urnas «con mucha tranquilidad, sabiendo que de un lado está la democracia y la soberanía», y del otro lado, «la barbarie y la corrupción».

Resultados definitivos se conocerían en la noche

Las urnas electrónicas operarán desde las 08:00 horas hasta las 17:00 y se prevé que los resultados definitivos puedan conocerse pasadas las 9 de la noche.

Para los cargos de presidente de la República y gobernador, puede haber una segunda vuelta si ninguna candidatura obtiene más del 50% de los votos válidos, que se celebraría el 25 de octubre.

Según las normas electorales de Brasil, este domingo votantes y candidatos podrán expresar su preferencia política de forma individual y silenciosa (uso de camisetas, pins, pegatinas y banderas), pero está prohibido promover aglomeraciones, acercarse a los votantes, distribuir material de campaña o utilizar vehículos para publicitar candidaturas.

En el momento de la votación, está prohibido que los ciudadanos utilicen teléfonos móviles, gafas con cámara integrada o cualquier equipo electrónico en la cabina de votación.

El Instituto Nacional de Meteorología (Inmet), ha pronosticado un fin de semana electoral y lunes inestable y lluvioso en gran parte de Brasil, con riesgo de tormentas en áreas de todas las regiones del país.

Lula y Bolsonaro: dos modelos antagónicos de Brasil

En la recta final de la primera vuelta de votación, el presidente Lula da Silva publicó un vídeo pidiendo a la población tomar decisiones conscientes en las elecciones de este domingo. Recordó que la continuidad de las políticas públicas y las directrices para un país menos desigual pueden decidirse en la votación.

«Este domingo, habrá mucho en juego. Les pido que voten 13. No para mí, sino para Brasil y su futuro», dijo el mandatario.

En el mensaje, Lula recordó varios de sus programas y propuestas, como la reducción de la jornada laboral sin pérdida de salario y la medida provisional que puso fin a las apuestas online en Brasil. El presidente sostuvo que es posible un país menos desigual, mejorando los ingresos de los trabajadores.

«Vota 13 por Desenrola [programa para renegociación de deuda de brasileños] y el fin de vuestras deudas, vota 13 por el aumento de la Bolsa Família, el salario mínimo y por trabajadores activos y jubilados», afirmó.

«Vota 13 por un SUS [Sistema Unificado de Salud] más fuerte, con exámenes y consultas, y bolígrafos para adelgazar para tratar la obesidad. Vota 13 por Pé-de-Meia, por educación, por educación a tiempo completo; vota 13 por Prouni, 13 por Fies, por Farmácia Popular, por SAMU; votad 13 por el futuro de tu país», concluyó.

Lula (Garanhuns, Pernambuco, 1945) pasó por hambre y pobreza en la infancia, trabajó desde los 12 años mientras tomaba un curso para hacerse metalúrgico; fue sindicalista y líder sindical; fundador, líder del PT y su candidato presidencial en 1989 (derrotado en segunda vuelta por una pequeña diferencia de votos) y en 2002 (elegido presidente). En enero de 2011, dejó el cargo con un índice de aprobación del 87%.

Vivió arrestos como sindicalista y más de 500 días en prisión como víctima de un lawfare que le inhabilitó en 2018 y abrió el camino a Bolsonaro, padre de Flávio Bolsonaro y hoy preso por golpismo. Anuladas por la Corte Suprema las condenas fabricadas en su contra, el obrero devenido líder político derrotó al derechista en los comicios de 2022.

En su trayectoria presidencial han quedado programas inclusivos sociales para reducir la desigualdad como Bolsa Familia, Hambre Cero ProUni o Universidad para Todos; Fies (Fondo de Financiamiento al Estudiante de Educación Superior); Minha Casa, Minha Vida (viviendas para familias de bajos recursos) y Farmacia Popular (medicamentos esenciales gratuitos o con grandes descuentos).

Del progresismo que representan él y Dilma Rousseff salió el programa Mais Medicos, que llevó atención médica a los más necesitados y olvidados. Enfoques ambientales y mejoras económicas y en el empleo también han estado presentes en sus políticas, programas y logros.

Con millones de brasileños sacados de la pobreza en sus mandatos, incluido el actual, Lula sancionó la creación de la primera Universidad Federal Indígena en Brasil. En este tercer gobierno, el líder progresista promovió una política ambiental enfocada en revertir la desregulación de los años anteriores, logrando reducir la deforestación de la Amazonía a su nivel más bajo en una década.

A la par, como uno de los estadistas más reconocidos a nivel mundial en el siglo XXI, ha defendido el multilateralismo, la reforma de la ONU y la integración latinoamericana, la diversificación de las relaciones comerciales de Brasil y la agenda de los Brics. Proclama que el desarrollo tecnológico, los recursos minerales y naturales y la riqueza de Brasil deben servir a los brasileños.

Bolsonaro, aliado cercano de Trump y de Javier Milei, ha prometido integrar Brasil al Escudo de las Américas, trasladar la Embajada brasileña a Jerusalén y unirse a los llamados Acuerdos Isaac, una iniciativa que Milei anunció a principios de este año durante una visita a Israel junto a Netanyahu, para integrar a Israel en la arquitectura económica, política y de seguridad de los países latinoamericanos.

Así, llevaría a un nivel más alto la asociación israelí-brasileña en el mandato de su padre, Jair Bolsonaro (2019-2022), preso opr golpismo. Su programa («el gran tijeretazo») tiene acento en la seguridad al estilo de otros Gobiernos de la región, que ya integran el Escudo de las Américas; promueve una apertura de lo recursos minerales y energéticos, el retorno a las privatizaciones, reducción del Estado y recortes del gasto público.

En medio de un proceso electoral que define no solo el rumbo futuro de Brasil, sino que es clave para el mapa geopolítico de América Latina la expansión de la ultraderecha y la agenda trumpista en la región, Bolsonaro viajó seis veces a Estados Unidos este año, mientras se daban en el país sudamericano y en EE.UU. alertas y denuncias por interferencia del gobierno de Donald Trump en el proceso político brasileño.

En los últimos días, tres senadores demócratas de Estados Unidos acusaron a la Administración Trump de promover una campaña de «interferencia y desestabilización» en Brasil.

En carta enviada al secretario de Estado Marco Rubio, Jeanne Shaheen, Tim Kaine y Peter Welch citaron presiones diplomáticas y económicas y mencionaron directamente la reunión entre Trump y Flávio Bolsonaro en la Casa Blanca.

El senador ultraderechista llega a la primera vuelta de las elecciones presidenciales bajo una investigación del Tribunal Supremo Federal (STF), realizada por la Policía Federal (PF), bajo sospecha de blanqueo de capitales, corrupción y evasión fiscal relacionada con la financiación de «Dark Horse», una película sobre la trayectoria de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro (PL).

El candidato a la vicepresidencia de su candidatura, Alfredo Gaspar (PL-AL), es objeto de una acusación de violación de una persona vulnerable, lo que llevó al PF a solicitar autorización a la STF para investigarle.

Desde el entorno de Bolsonaro han dicho que aplicará el modelo de Javier Milei en Brasil, que coincide con su programa de campaña en temas como la reducción del Estado, la privatización, el recorte del gasto público y el alineamiento automático con la agenda de la Administración Trump.

Lula propone un Brasil más fuerte, con desarrollo social e inclusión; también con mayores esfuerzos en seguridad y garantizando que sus recursos estén al servicio del país y su gente.

«¿Cuál es el presidente que ya quedó dos años en paro? (…) A veces yo volvía a casa a pie, porque no tenía dinero para pagar el autobús. No tenía ni una moneda de 50 centavos. Caminaba 18 km a pie para poder llegar a mi casa. Lo cuento para que las personas sepan. (…) Yo sé de dónde vine», ha contado.

El viernes, en Río de Janeiro, al hacer una comparación con Trump, reiteró la relación entre su origen y su agenda: «La gente para él es material de libros. Para mí, la gente es de donde vengo».

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