“No seremos la generación que permita caer la Revolución”. Esta consigna, que hoy resuena en las calles de México y La Habana, enmarca la realidad de una isla que sobrevive a su hora más oscura. Han pasado 67 años desde el derrocamiento de Fulgencio Batista, 66 del inicio del bloqueo estadounidense y 65 de la declaración de Cuba como un Estado socialista. Hoy, sin embargo, Cuba enfrenta su asedio casi en total soledad. Las contradicciones del modelo cubano existen. Esa es la realidad de todo Estado que se presuma soberano y ejerza la autodeterminación de su proyecto nacional. No obstante, el peso del bloqueo norteamericano es un hecho ampliamente documentado que se extiende más allá de las relaciones bilaterales de Cuba con Estados Unidos. En un mundo definido por la fragmentación de los procesos productivos, comerciales y financieros en el mercado mundial, este bloqueo es extensivo al resto de los países dadas las cadenas globales de valor. En tales condiciones de aislamiento del mercado mundial, el impacto de cada decisión se multiplica exponencialmente. Si bien la población cubana ha desarrollado históricamente estrategias de sobrevivencia a condiciones materiales extremas, el bloqueo escaló hasta convertirse en un asedio a inicios de 2026. Apenas un par de semanas después de invadir Venezuela, Trump emitió la Orden Ejecutiva 14380, la cual catalogó a Cuba como una "amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense”. Las palabras de Trump de ese día fueron claras: “Cuba es la siguiente. El gobierno no podrá sobrevivir”. El resultado fue un bloqueo energético total. Este tipo de bloqueo es una táctica de guerra biopolítica. El corte de hidrocarburos afecta a los dirigentes, pero asfixia mucho más la vida de la población. Sin energía no se mueve nada en el mundo moderno. Los hospitales colapsan, el transporte se paraliza y el país se apaga. — Generada con IA El asedio petrolero más que una sanción diplomática, es una política de genocidio silencioso contra los cubanos de a pie. El reciente comunicado de la Casa Blanca del pasado miércoles 29 de septiembre, el cual, endurece aún más el cerco mediante la restricción financiera a los pequeños propietarios en función de la Orden Ejecutiva 14404, no es una muestra de fuerza, sino de pánico. Ante el ascenso de China y los BRICS, y tras sus derrotas militares en Irán, el imperio estadounidense se repliega hacia América Latina bajo los dictámenes del Corolario Trump. El secuestro de mandatarios, así como las intervenciones electorales en diversos países de la región responden a esta doctrina. Sin embargo, dicha estrategia no puede vencer a Cuba. Una isla de alrededor de 12 millones de habitantes que, contra todo pronóstico, no solo sobrevive. Se mantiene en pie de lucha. Frente a este estrangulamiento energético, la población cubana opone una férrea resistencia, pues no se rinde ni da un paso atrás. No lo hace con el romanticismo del azúcar y el tabaco, sino con la terquedad política de una población que se niega a claudicar. Incluso con el cerco más cruel de su historia, los cubanos sostienen la esperanza de un mundo mejor. Frente a tal asedio por la supuesta nación más poderosa del mundo, su resistencia es, por tanto, la prueba viviente de la decadencia del imperio estadounidense. En esta resiliencia y convicción política reside la mayor pesadilla del imperio en repliegue, ya que Cuba evidencia que otros modos de organización de la vida son posibles al margen del dictado por Washington. Para más información visita: https://solidaridadsinbloqueo.org/ Víctor Manuel Rosiles Gómez* es licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México y estudiante de posgrado de la Maestría en Sociología Política del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora CONAHCyT. Es un profesional que cuenta con ya una notable experiencia en el estudio de la economía política de la violencia y la acción colectiva con una perspectiva de género. Instituto Mora @institutomora


