Aurelia Castillo de González: Pionera del Periodismo
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Aurelia Castillo de González: Pionera del Periodismo

Aunque su nombre suele aparecer en los márgenes de la historia cultural cubana, una nueva mirada a su vida revela a una mujer adelantada a su tiempo: corresponsal de guerra, cronista de viajes por Europa, defensora de los derechos de la mujer y amiga de los grandes intelectuales de su época como José Martí y Julián del Casal.

En el panorama intelectual de la Cuba del siglo XIX, los nombres de José Martí, Julián del Casal o Manuel Gutiérrez Nájera ocupan el centro de la narrativa modernista. Sin embargo, en ese mismo escenario, una mujer de Camagüey, Aurelia Castillo de González (1842-1920), ejercía su pluma con la misma agudeza y modernidad que sus colegas varones, aunque la historia, en gran medida, la relegara a un segundo plano.

Para muchos, resulta inaudito imaginar a una mujer ejerciendo como corresponsal de un periódico en el siglo XIX. Sin embargo, entre 1889 y 1890, Aurelia Castillo cubrió para el diario El País uno de los eventos más importantes de la época: la Exposición Universal de París. Desde allí enviaba sus crónicas, que luego se convertirían en el libro Cartas de viaje.

Lejos de ser un diario de viaje superficial, sus cartas son un ejercicio de periodismo en su máxima expresión. Esta labor la convierte en una fundadora de la literatura de viaje en América Latina y una pionera del periodismo femenino, un espacio que ella supo ocupar con lucidez y autoestima profesional.

A pesar de su prolífica obra, la figura de Aurelia Castillo ha estado rodeada de cierta controversia histórica y descuido editorial. La investigadora Olga García Yero ha dedicado su carrera a desmentir varios «errores difundidos por la web y en varios libros que distorsionan la imagen y la obra cabal de la periodista y poetisa».

Una de las confusiones más comunes es su propio nombre. La investigadora aclara que no se debe llamar «Aurelia del Castillo», pues ese era el nombre de una patriota de Sancti Spíritus, y la nuestra no lleva el «del». Se llamaba Aurelia Castillo de González.

Pero quizás el debate más profundo gira en torno a su clasificación como feminista. Mientras que desde ciertas perspectivas se la etiqueta como tal, García Yero sostiene que «Aurelia no fue feminista» en el sentido militante del movimiento emergente de su época. Sin embargo, un análisis más profundo de su obra contradice esta afirmación.

La historiadora Mercedes Valdés Estrella, en un estudio sobre su ética, argumenta que en la obra de Castillo se entrelaza un pensamiento ético-filosófico que se anticipa a lo que hoy conocemos como ética feminista. Lejos de ser una teoría abstracta, su feminismo se manifestó en acciones concretas. En 1895, publicó en El Fígaro un artículo donde afirmaba: «Una gran revolución opérese entre otras varias en nuestros días, la mujer reivindica sus derechos. Ella ha sido la última sierva del mundo civilizado».

Esta convicción la llevó a ser una de las organizadoras del número especial del semanario El Fígaro dedicado a «La mujer en Cuba», donde reunió el trabajo de otras intelectuales. Además, fundó el asilo Huérfanas de la Patria para acoger a las hijas de los mártires de la independencia y fue miembro de la directiva de la Sociedad de Labores Cubanas. El pedagogo Enrique José Varona, uno de los grandes pensadores de la isla, reconoció su labor, afirmando que «ha hecho más con sus obras, en favor de lo llamado hoy feminismo, que innumerables escritores puestos de propósitos a ensalzarlo y defenderlo».

Aurelia Castillo no solo fue periodista. Fue poeta, dramaturga, traductora, crítica literaria y biógrafa. Escribió sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda y participó en la edición de las primeras Obras Completas de José Martí. Su producción, extensa en géneros y temas, fue reunida por ella misma en seis volúmenes bajo el título de Escritos (1913-1918), de los cuales solo imprimió 60 ejemplares que regaló a amigos e instituciones, una muestra de su generosidad y de las dificultades que enfrentaban las mujeres para publicar en su época.

Su nombre perdura en una calle, escuelas primarias y una cátedra de la Universidad de las Artes en Camagüey, pero, sobre todo, perdura en la vigencia de su pensamiento. Su trabajo, como ella misma lo definió para el periodismo, sigue siendo «después del ejemplo en el hogar y la enseñanza en la escuela, el medio más eficaz de perfeccionamiento social». (Texto: Ana Laura Camacho La Rosa /Radio Cadena Agramonte)

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