En una nueva actualización, el Centro de Predicción Climática de La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés), subió en aproximadamente un 14 por ciento la probabilidad de que el actual evento El Niño/Oscilación del Sur, alcance la condición de muy fuerte.
Según el más reciente informe divulgado por esa institución, la temperatura superficial del mar en zonas del océano Pacífico ecuatorial central y oriental, alcanzó anomalías notables de hasta cerca de dos grados Celsius por encima de lo habitual, valor nunca antes registrado para esta etapa del año, como muestran las series históricas.
Algunas proyecciones sugieren que para finales de agosto serán superiores a esa cifra. De cumplirse, los científicos estiman que sería un indicio de que podría convertirse en uno de los ENOS más intensos observados hasta el presente, junto a los registrados en 1982-1983, 1997-1998 y 2015 -2016, e incluso, llegar a superarlos.
Definido como un complejo proceso de interacción océano-atmosfera, El Niño se caracteriza por provocar un sobrecalentamiento de las aguas del mar en una amplia franja del océano Pacífico ecuatorial, extendida desde su porción central hasta las costas de Sudamérica.
Ello suele coincidir con la ocurrencia de una inversión a gran escala de los centros de alta y baja presión atmosférica en los océanos Índico y Pacífico, la denominada Oscilación del Sur, de ahí que los especialistas prefieren llamar ENOS a todo el fenómeno en su conjunto, si bien el término de El Niño es más conocido fuera del ámbito científico.
En Cuba, las investigaciones realizadas por el Centro del Clima del Instituto de Meteorología indican que en los años con ENOS, aumenta la probabilidad de que se establezcan sequías notables en el transcurso del periodo lluvioso (comprende de mayo a octubre), y que los meses de verano sean más cálidos de lo habitual, comportamiento que puede acentuarse en dependencia de la intensidad que alcance el evento.
Sin embargo, en la etapa invernal su influencia se muestra en la ocurrencia de acumulados de lluvias por encima de los promedios históricos, un aumento en el número de frentes fríos y en la probabilidad de tener eventos de tiempo severo, sobre todo en las regiones occidental y central.
Más allá de provocar notables cambios en las condiciones climáticas en el planeta al provocar sequías severas y prolongadas en algunas regiones, lluvias intensas en otras, olas de calor y favorecer el desplazamiento de especies marinas fuera de sus hábitats naturales, entre otros impactos, su presencia tiende a deprimir la actividad ciclónica en la cuenca del Atlántico tropical.
Lo anterior se fundamenta en que suele generar fuertes vientos cortantes en la atmósfera superior (cizalladura vertical), capaces de entorpecer el surgimiento y desarrollo de los ciclones tropicales, al impedir que la energía pueda concentrarse en la columna de aire del sistema en la altura.
Un ejemplo reciente acaba de ocurrir en días pasados, cuando dos activas ondas tropicales que salieron de África y a las cuales los modelos avizoraban que podían convertirse en ciclones tropicales, sobre todo a una de ellas que llegó a estar en un alto por ciento de probabilidad, en su movimiento al oeste hacia el arco de las Antillas Menores, encontraron un entorno muy desfavorable por la presencia de las mencionadas corrientes de viento y la influencia de aire seco asociado a las nubes de Polvo del Sahara, que anularon por completo esa posibilidad. Así, se mantiene por ahora la calma ciclónica en el Atlántico.


