Arsenio y Adalberto, en el corazón de nuestra identidad
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Arsenio y Adalberto, en el corazón de nuestra identidad

Los maestros Adalberto Álvarez y Arsenio Rodríguez. foto: archivo de granma

Los maestros Adalberto Álvarez y Arsenio Rodríguez.
Foto: Archivo de Granma

Pocos pueblos en el mundo tienen la dicha de contar con la cantidad de talentosos músicos que han enriquecido nuestro patrimonio cultural; y con ello, dar lugar a una mística cuyos devotos permanecen aferrados a una cubanía que esos creadores llevan en sí.

Por estos días recordamos a dos titanes de la cultura cubana, Arsenio Rodríguez (30 de agosto de 1911-31 de diciembre de 1970) y Adalberto Álvarez (22 de noviembre de 1948–1ro. de septiembre de 2021).

En un tiempo en que se conmemora el 115 aniversario del natalicio de El ciego maravilloso y el 5to. del fallecimiento de El Caballero del Son, estamos instados a meditar en torno a su legado.  Es enorme el valor de Arsenio en la evolución de la música cubana bailable, en la primera mitad del siglo pasado; y el propio Adalberto bebió conscientemente de esta fuente, para desarrollar su aporte al son contemporáneo.

Si en 1940 se inicia lo que se conoce como la era de los conjuntos, debido a la decisión de Arsenio Rodríguez de aportarle al septeto más trompetas, piano y tumbadora, mientras que el tres se empastaba con el piano, para otorgarle al son una mayor riqueza armónica –como se puede apreciar en clásicos suyos como El guayo de Catalina o El reloj de Pastora; por su parte, Adalberto Álvarez, desde un principio, avaló el origen de su impronta sonera al no extraviar el sabroso acento de la tradición, plasmado en la obra de Arsenio.

El propio Adalberto hace patente este principio en una de las improvisaciones de su pieza titulada Por los caminos de Ifá: «Tienes que tener presente que cuando llegaste tú, otros llegaron primero y te enseñaron la luz».

Músicos de la talla de Eddie Palmieri, Ray Barreto y Mongo Santamaría han reconocido la influencia directa de Arsenio dentro del entorno neoyorkino en la sonoridad de lo que llegaría a ser la llamada salsa.

Sin embargo, la música del conjunto de Adalberto nos hace sentir que ha sido concebida con la sensibilidad apropiada para el cubano de hoy, con el apoyo de una instrumentación muy diversa y arreglos actuales, pero aferrada a las raíces.

Ambos maestros manejaron con sabiduría la picaresca del doble sentido en el gracejo criollo. Por muy subido de tono que fuera el tema tratado, tenían el tino de mantenerse dentro de los parámetros del buen humor, sin necesidad de acudir a chabacanerías de ningún tipo.

Para Adalberto Álvarez, el principal promotor de la celebración del Día del Son Cubano, ser parte de la tradición era comprometerse con vivencias permanentes de una cultura que está impregnada en el profundo amor de sus ciudadanos. Por tal razón, la fuerza del viento que sopla en esta querida Isla, no dejará de traernos al recuerdo la música de Arsenio Rodríguez y la de Adalberto Álvarez, privilegiadas referencias de una marca registrada en medio del corazón de nuestra identidad.

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