Hay regresos que tienen un significado especial; el de Ariel Martínez a Matanzas fue uno de ellos. Después de varios años en Japón, el receptor yumurino volvió a vestir el uniforme de los Cocodrilos y terminó celebrando un campeonato que, por distintas razones, también tenía pendiente.
En los playoffs fue una de las figuras ofensivas del conjunto: 20 hits en 51 turnos, 16 carreras anotadas, cuatro dobles, dos jonrones, 12 impulsadas y 11 boletos, con .392 de average y .516 de OBP. Matanzas terminó levantando el título y Ariel pudo, esta vez, jugar la postemporada completa.
Después vendría el Clásico Mundial. Con Cuba bateó .462, alcanzó .563 de OBP y 1.255 de OPS, con un jonrón y cuatro carreras impulsadas. Fue el cubano de mejor promedio y terminó noveno entre todos los bateadores del torneo en ese departamento. El equipo no avanzó, pero su actuación individual volvió a ponerlo en el centro de la conversación.

Ahora, con varios años de experiencia en el béisbol japonés y una carrera que todavía tiene mucho por delante, Ariel Martínez —el Guacho, el Guajiro— repasa un año particularmente intenso, habla de aquel regreso a casa, de las críticas, de Japón, de lo que ha cambiado desde que salió de Cuba y de lo que espera para el futuro.
¿Cómo viviste el volver a jugar con Matanzas?
“Yo siempre mantuve comunicación con los muchachos. El equipo ha cambiado, pero tampoco ha cambiado tanto. Siempre estuve cerca de ellos, compartiendo, siguiendo lo que hacía Matanzas”.
“Fue bonito reencontrarme con jugadores como Eduardo Blanco, Gracial, Yera, porque hacía años que no nos veíamos”.
También encontró caras nuevas, jugadores jóvenes que venían ganándose un espacio. Pero la sensación fue la misma.
“Todos nos conocemos, sé quienes son ellos y ellos saben quien soy yo, fue todo positivo y hubo mucho cariño de los compañeros, de los entrenadores, del director”.
“Tenían ganas de que me incorporara, al final fue como una familia y por eso logramos el objetivo primordial que era traer el campeonato nuevamente a Matanzas”.
¿ En qué momento comienzas a creer que era posible conseguir el título?
“Estaba en Cuba siguiendo al equipo y veía que estaban haciendo un buen papel aunque no esperaba que tuvieran un rendimiento tan bueno, pero se veía un grupo muy unido, muy contento”.
Las incorporaciones de Gracial y Yera terminaron de darle, según su criterio, mayor equilibrio a un conjunto que ya tenía una base sólida. Las Tunas e Industriales eran, a su juicio, dos de los rivales que podían medir realmente hasta dónde llegaban los Cocodrilos.
¿Cómo vivió un pelotero de tu nivel la subserie contra Industriales?

“Fue una serie bien complicada en la que tuvimos que jugar de visita los últimos partidos y ellos hicieron tremendo papel, se disfrutó más por eso, porque hubo partidos muy bonitos, remontadas y momentos que van a quedar para la historia”.
En 2020 había sido campeón con Matanzas, pero en aquella etapa posterior no pudo estar hasta el final, una lesión le impidió disputar completamente aquella final y vivir desde dentro el desenlace.
“Ya había sido campeón en 2020, pero no pude jugar hasta el final, me lesioné y no pude defender al equipo, por eso ahora quería estar completo, aportar el cien por ciento y jugar hasta el último partido”.
“No me siento en deuda porque las veces que he podido jugar he revalidado el título, ahora pude estar hasta el final y quedamos campeones algo que me hace muy feliz”.
“Primero me lo dedico a mí mismo, porque después de tanto tiempo volver con Matanzas y poder jugar una final completa era algo que quería, pero también se lo dedico a mi familia, a mis tíos, mis primos, mi esposa, a toda esa gente que hace años no me puede ver jugar mucho”.
“También se los dedico a los fanáticos de los Cocodrilos, los que están en Cuba y los que están en cualquier parte del mundo, ellos siempre nos han seguido y se merecen muchos más campeonatos”.
Después del campeonato llegó la selección cubana y, con ella, nuevamente las críticas. Ariel, sin embargo, no parece interesado en convertirlas en una batalla personal.
“Las críticas siempre te fortalecen, sabía que en cualquier momento iba a tener buenos resultados porque me preparo bien y sé la calidad que tengo”.
“En un torneo corto puedes tener mala suerte, das un buen batazo y te sale de frente y ya dicen que eres un pelotero malo, que tuviste un mal torneo, pero las críticas lo que hacen es que trabajes más duro, que tengas más ganas”.
“No siento que haya sido una revancha, me siento satisfecho y orgulloso, siempre he sabido que tengo talento y que puedo competir contra los mejores del mundo porque lo he hecho durante varios años en Japón”.
“Mi familia, mi esposa, la gente de mi barrio, de La Playa, de Máximo Gómez, de Martí… ellos se sienten orgullosos de que los represente y eso es lo que me llevo”.
¿ Qué cambios trajo en tu vida y en tu carrera irte a jugar en Japón?
“El pelotero que se fue de Cuba era un poco inmaduro, pensaba que era el dueño del mundo, que era el mejor y cuando llegas a Japón te encuentras con un nivel muy alto y entiendes que, si no entrenas, si no te cuidas, si no eres profesional y no estás concentrado, ese mundo te queda grande”.
“Ellos respetan todo: la comida, el trabajo de cada persona, el esfuerzo que hace alguien para que tú tengas determinadas comodidades, también respetan mucho a los niños, a las personas mayores, todos eso aspectos me ha hecho ser más respetuoso con mis coaches, mis entrenadores y mis compañeros”.
“Aunque tú quieras sentirte japonés, es imposible lograrlo completamente, pero he sentido mucho cariño de los aficionados, tanto en Hokkaido como en Nagoya, eso es lo que siempre me mantiene motivado”.
“Llegas a Tokio y aficionados de otro equipo te reconocen, te admiran, eso es una de las experiencias bonitas de jugar tantos años aquí”.
¿Tantos años en la élite del béisbol te han cambiado como persona?
“Sigo siendo el mismo muchacho al que le dicen el Guajiro, el Guacho, el que es jodedor y se ríe hasta de las desgracias, se ríe de un error, de un ponche o de una jugada que no salió como esperaba, esa parte de su personalidad sigue intacta”.
La llegada a Japón tampoco fue algo que Ariel hubiera planificado desde mucho antes.
Su crecimiento en Matanzas fue rápido. Tuvo que ganarse oportunidades en un equipo donde existía competencia en la receptoría, pero cada vez que recibió la posibilidad de jugar respondió con el bate.
Con el paso de los años, aquella oportunidad terminó llamando la atención fuera de Cuba.
“Lo de Japón llegó por casualidad, Chunichi quería un catcher y coincidió que yo estaba en ese momento joven, haciendo las cosas bien en la Serie Nacional”.
El fornido jugador reconoce que el destacado Omar Linares y el lanzador Raidel Martínez tuvieron un papel importante en aquella posibilidad.
“Ellos me recomendaron y el equipo me escogió, siempre voy a agradecerles eso pero no fue algo que yo busqué específicamente, lo que sí tenía claro era que poseía las condiciones para intentarlo”.
¿Cómo quiere Ariel Martínez que lo recuerden?
“Quiero que me recuerden como uno más, como un pelotero que siempre luchó por ganar y que siempre quiso dar lo mejor por su equipo”.
“Siempre he sido líder en lo que me ha tocado, las personas, queriendo o sin querer, te siguen, pero si tuviera que elegir un recuerdo concreto, quiero que me recuerden porque fuimos la generación que trajo dos campeonatos a Matanzas y que Ariel Martínez estuvo ahí, que fue protagonista de esos campeonatos después de veinte años”.
Por ahora, el Guacho no cree que vuelva a jugar con Matanzas en la próxima temporada.
La incertidumbre alrededor de la Serie Nacional pesa en su decisión. No le gusta la manera en que se ha manejado el calendario en los últimos tiempos y tampoco quiere crear expectativas que después no pueda cumplir.
“Te voy a ser sincero: este año no creo que juegue con Matanzas, la Serie Nacional es una incógnita, entiendo la situación del país, pero no me gusta que un año la cambien, la pospongan, la adelanten no es algo que esté siendo muy serio”.
Su futuro, entonces, está en Japón. Tiene contrato y quiere seguir creciendo allí. No ha tenido una temporada sencilla, principalmente por la poca participación que ha recibido, y ahora una lesión amenaza con dejarlo fuera durante buena parte del cierre.
Pero incluso, en un año complicado encuentra motivos para sentirse satisfecho.