La tarde de la entrevista, diluvió en La Habana. Hasta en la salita anexa a sus oficinas en el Palacio de la Revolución, donde se improvisó el set, los truenos y el resplandor de las descargas eléctricas se sentían con tal intensidad, que por momentos su voz se hizo imperceptible y temimos lo peor: que los micrófonos no captaran las respuestas y tuviéramos que suspender el encuentro más esperado por nuestro equipo desde que surgió el espacio “En persona”.
Por suerte, la tormenta se desató cuando ya había avanzado el diálogo hasta el punto de romper el mito de que “Ramiro Valdés no da entrevistas.”

El hijo de Ofelia, del barrio La Matilde
Arleen: Comandante en primer lugar gracias. Mucha gente me dijo: no vas a poder entrevistar a Ramiro, él no habla ¿Por qué?
Ramiro: En primer lugar, estoy aquí cumpliendo una indicación que no podía dejar de cumplir que es acceder a la entrevista.
Arleen: Qué bueno ¿y por qué no habla a la prensa?
Ramiro: Mira Arleen, en primer lugar no me gusta hablar en primera persona, no me gusta ser protagónico de algo que sencillamente creo que todos hemos hecho de forma muy natural, partir de que el deber nos
llamó y que por tanto si uno tiene conciencia de lo que tiene que hacer en la vida sencillamente frente al desafío que la vida nos pone hay que dar el paso delante de forma normal y natural, como deben ser todas las cosas en la vida. Yo participo de la ideología martiana, entre otras y Martí decía: “…toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, también hacía referencia a que “la mejor forma de decir es hacer”, y entonces si algo pretendo que alguna vez se conozca de mí no son las cosas que diga sino por las cosas que he hecho.
Arleen: Bueno Ud. no será protagónico, pero protagonista de la Revolución es, de ahí la insistencia. Yo quiero saber, quiero yo no, quiere el pueblo de Cuba, quieren las jóvenes generaciones saber: ¿Quién es Ramiro Valdés Menéndez, antes de ser el Comandante de la Revolución?, ¿dónde nace?, ¿cómo era su hogar?, ¿cuáles son sus recuerdos más entrañables de la infancia, del barrio, de la familia?
Ramiro: Nosotros somos una familia de origen muy pobre, modesta. De Artemisa, del barrio La Matilde, de donde salieron, la mayoría no, prácticamente todos los compañeros que participaron en el Moncada.
Éramos el conjunto de, la familia y la cercanía, además coincidimos todos en distintos momentos en las escuelas y ahí tuvimos fraternidad a nivel del barrio y nos fuimos conociendo. Julio, Rigoberto, Ciro, Emilio, distintos compañeros que participaron después en todo lo que tuvo que ver con el asalto al Moncada, de ahí salieron, de esa
cercanía del barrio, de la escuela.
Arleen: Los 28 artemiseños eran del barrio La Matilde.
Ramiro: De La Matilde.
Arleen: Tengo entendido que Ud. vivía literalmente en piso de tierra.
Ramiro: A ver, parte de la casa era de piso de tierra y el techo era de cartón y cuando llovía, como suele decirse llovía más a dentro que afuera, entonces terminaba el agua y seguía, aquello era un concierto
por todos los depósitos de agua que se ponían, un cubo, una palangana y seguían las gotas cayendo, aquello era un concierto y sí, éramos muy pobres.
Arleen: ¿De qué vivían? ¿Qué hacían sus padres para mantenerlos?¿Cuántos hermanos?
Ramiro: Cinco hermanos, mi familia te repito era muy pobre, sin oficio. Mi madre era una persona muy íntegra y te contaba antes de entrar acá, era muy martiana y muy cespedista, aunque era bastante escéptica con relación a la política, porque decía que los políticos sencillamente utilizaban a los demás para tomarnos de escalón y subir, y después se olvidaba de todas las promesas y que por tanto sus hijos, si ella podía, no iban a ser escalón de nadie, de ningún político.
Arleen: Alguien me dijo una vez que ustedes dormían completamente desnudos porque su madre lavaba de noche la única muda que tenían…
Ramiro: Es así, me la lavaba y zurcía la ropa para que pudiéramos ir a la escuela limpios, porque mi madre decía, además, con mucho orgullo, que éramos una familia íntegra, pobre pero íntegra, con mucha moral, limpia y honrada. Incluso ella para subsistir llegó a ser listera en los juegos de la bolita, ella fue listera, (y también) trabajó en escogidas de tabaco.
Arleen: ¿Se llamaba?
Ramiro: Ofelia Menéndez, lavaba ropa para algunas personas, yo iba recogía la ropa y ella la lavaba, la planchaba y eso era un pequeño ingreso que teníamos. Mi madre decía: “ni prostituta, ni criada de
nadie” y nos crio con mucha dignidad, desde el punto de vista ético. Y desde el punto de vista político te digo era muy cespedista y muy martiana.
Arleen: De ella aprendió todo eso.
Ramiro: De ella lo aprendí, nosotros todos, los cinco hermanos, tres varones y dos hembras.
Arleen: ¿Ud. era el más pequeño?
Ramiro: Era el penúltimo, pero siempre no sé porque razón, si se, siempre me trataron en mi casa, todo el mundo como el más pequeño, porque era al que siempre malcriaban. Sucedió que cuando mi mamá dio a
luz, yo tenía el cordón umbilical alrededor del cuello y prácticamente a mí me desahuciaron, incluso trataron de arrebatarme a mí de los brazos de ella, el médico y los demás, pero ella sencillamente se negó y se negó y me apañó, me alimentaba con un gotero, dándome la leche gota a gota, hasta que al final, aquí me tienes, gracias al esfuerzo de mi madre.
Arleen: ¿Vivió años para verlo convertirse en un héroe de este país?
Ramiro: Más de 90 años.
Arleen: Qué bueno. ¿A la escuela fue?
Ramiro: Sí como no. Hasta la secundaria. Después a trabajar.
Arleen: ¿Empezó a trabajar muy niño?
Ramiro: Sí, empecé a trabajar digamos de muchacho, tendría 14 ó 15 años, trabajé en bodegas. Mi padre era una gente que tenía mucha iniciativa para los negocios, todo le salía mal pero bueno, me arrastró con él en ese giro, en bodegas, en la fundición en Guanajay, en la carpintería, en la fábrica de cepillo, en distintas actividades que él emprendió y que siempre por una razón u otra siempre…no era un buen administrador.
Arleen: Ud. además fue un poquito revoltoso en el trabajo. ¿Lo botaron, lo echaron de algún trabajo me han dicho?
Ramiro: Bueno de la empresa eléctrica, cuando estaba de aprendiz, eso fue en Los Palacios. La empresa eléctrica daba prioridad a los hijos de los trabajadores, entonces si era por examen, si tú eras hijo de un trabajador de la empresa entonces tenías prioridad para trabajar. En un momento dado mi padre ingresó a la empresa eléctrica y mi hermano también, mi hermano que también era bodeguero, trabajaba de dependiente en la bodega Marina una de las grandes bodegas que había en Artemisa, y de ahí pasó por esta razón a trabajar en la empresa eléctrica, fue liniero. Después yo paso, ya cuando tenía más edad, más tamaño, más madurito, más duro quiero decir, comencé a trabajar como aprendiz de liniero. El capataz de la cuadrilla era mi padrino y el
hermano, el sobrino, era la familia, era mi papá, mi hermano, era Esteba y Estebita. Esteban que era el peón y el hijo, los dos eran peones. Uno de los trabajos que estábamos haciendo era en Los Palacios, se trabajaba en caliente y uno de los compañeros cometió un error, tocó la corriente y lo tumbó.
Arleen: ¿Murió?
Ramiro: No murió pero lo dejó minusválido, un muchacho joven, fuerte. En una de esas, en un momento que fuimos allí, a Los Palacios, quiso mi padrino hacerlo en caliente, él era el capataz, entonces yo me
opuse y los demás también se opusieron y no se pudo hacer, entonces hubo que mandar a cortar la corriente, a ese arreglo lo llamamos una vía libre, cortan la corriente y trabajas. Bastó, fue suficiente para que cuando regresamos de Los Palacios, a Artemisa ya me sacaron.
Arleen: Lo sacaron de la brigada.
Ramiro: Me sacaron de la cuadrilla como se llamaba, por comunista.
Arleen: Por comunista, ¿y ya Ud. era comunista?
Ramiro: No, no tenía ni idea, nada. A los revoltosos en aquel tiempo los acusaban de comunistas, de ahí salí a tirar caña en un camión de ayudante de un camión tirando caña y nos sorprendió el 10 de marzo en
el campo de caña.
Del 10 de marzo del 52 al 26 de julio del 53

Arleen: El 10 de marzo de 1952 me han dicho que Usted fue a ver al presidente de la Juventud Ortodoxa y le dijo “el hombre es Fidel” ¿Cómo es la historia? ¿Qué siente Ramiro Valdés Menéndez cuando sabe del golpe del 10 de marzo, que usted tenía 20 años, no?
Ramiro: Si más o menos. Después que me sacaron de la Empresa Eléctrica, estuve trabajando tirando caña para el Central Pilar y el Central San Cristóbal, y estando en el campo nos enteramos. Como a las 4 de la mañana ponemos el radio, yo siempre ponía el radio para oír música, y no había nada en el radio, el radio estaba totalmente en silencio total, Radio Reloj era el tic tac, da la hora, y todo el resto de las estaciones de radio silentes, entonces nos preguntamos ¿qué habrá pasado? Cuando llegamos al ingenio, entre 10 y 11, nos enteramos que Batista había dado un Golpe de Estado, bueno mi alegría fue tremenda.
Arleen: ¿Cómo es eso?
Ramiro: Si, fue tremenda, porque le dije al hermano del dueño del camión, que era el chofer: “ahora éste las va a pagar todas, las de antes y las de ahora, y nos tocará a nosotros, a la juventud, enfrentar esto, porque ni Millo Ochoa, ni Pardo Llada, ni Agramonte, ni nadie va a enfrentar esto, los únicos que van a enfrentar esto aquí
somos nosotros, es la juventud. Y de ahí me fui caminando, son unos 15 km desde el ingenio hasta Artemisa y allí contacté con Julito, contacté con Ciro, contacté con Gerardo y nos fuimos a ver a Pepe Suárez.
Pepe Suárez era una especie de mentor político de la Juventud Ortodoxa, pero él no era el secretario de la Juventud, el secretario de la Juventud era un compañero llamado Rodolfo, y Pepe sí era de la Juventud en Artemisa, dirigente de la Juventud en Artemisa, tenía un cargo, una secretaría de la Provincial y de la Nacional. Él no se había enterado aún del Golpe de Estado, él estaba durmiendo, y entramos al cuarto, los despertamos y se lo dijimos.
Ya nosotros escuchábamos a Fidel, por una hora de radio que él tenía aquí en La Habana y le mandábamos alguna información a través de René Rodríguez de las propiedades que tenía aquí (el ministro) Alemán, donde tenían fuerzas del Ejército y otras trabajando ahí, (datos a los) que accedimos a través de un vecino, que era hijo del capataz de una de las fincas. Él era tractorista, manejaba 2 buldozzer, y entonces nos trajo información, yo lo convencí, me trajo información y fotos y nosotros se la mandamos a Fidel a través de René, que quien lo conocía era Pepe.
Arleen: Usted no lo conocía personalmente, pero sí lo escuchaba.
Ramiro: No, no quiero decir, yo me estaba refiriendo ahora a René.
Arleen: Ah ya, pensé que era a Fidel.
Ramiro: No a Fidel tampoco lo conocía, lo oía.
Arleen: Pero sí le parecía importante lo que decía.
Ramiro: No claro, incluso cuando vamos a ver a Pepe, yo le digo “bueno, a Batista hay que tumbarlo con las armas”. Ya nosotros éramos 4 los que nos habíamos confabulado para organizarnos y buscar el
contacto con Fidel, a través de Pepe, y entonces bueno así fue estuvimos como 2 meses insistiendo con él, por si había visto a Fidel, y bueno como a los dos meses aproximadamente, nos entrevistamos aquí con Fidel, en Prado 109. Con Fidel y con Abel. Estábamos Julio, Pepe, Ciro, Gerardo y yo. Y bueno ahí nos pusimos a su disposición, entonces el aceptó la proposición.
Arleen: ¿Qué impresión le causó conocerlo personalmente? ¿Confirmó que
era el hombre?
Ramiro: No, el hombre no, porque Batista decía que era el hombre, y a mí jamás se me habría ocurrido decir que Fidel era el hombre, esa frase no jamás, que era el dirigente, que sencillamente era el que
podía sacar por toda su trayectoria, muy joven, pero por toda su trayectoria, toda su honradez, su pensamiento político, revolucionario, su enfrentamiento a los gobiernos corruptos, sencillamente nos dio la garantía y la seguridad de que era el dirigente, el político, el revolucionario, que iba a resolver el problema de la situación de Cuba, a partir del Golpe de Estado, y bueno así fue.
Arleen: Fidel siempre decía que él se hizo revolucionario en la Universidad, ¿Ramiro tiene algún momento en su vida en que dice, en ese momento me hice revolucionario, o es algo que es una evolución?
Ramiro: No, mira, esa no es una carrera que se estudia ni mucho menos no, uno se hace revolucionario digamos por la inconformidad y por la rebeldía intrínseca, resultado de la vida que uno llevaba, y no solo la de uno personal y la familiar sino sencillamente en el contexto donde uno estaba.
La Matilde era un barrio muy pobre, y todos los compañeros que participaron en el Moncada, y que eran aproximadamente…Mira, siguiendo instrucciones de Fidel y de Abel, hicimos una organización celular, o sea, la primera célula eran 10, y cada uno de esos 10 tenía que hacer otra célula de 10, y debíamos seleccionar a los compañeros, primero verificarlos y comprobarlos antes de hablar, antes de reclutarlos para la Revolución y así tendríamos nosotros aproximadamente, entre 80 y 90 compañeros ya organizados, a través de la organización celular, en la cual, bueno, nos reuníamos, teníamos las instrucciones, teníamos las indicaciones por parte de Fidel, de qué hacer y cómo hacerlo.
Después del Golpe de Estado, Ciro, Julio y yo, salíamos en el carro de Ciro a hacer sabotajes, no en Artemisa, en Artemisa lo único que hicimos fue (contra) un cartelón que había ahí grande de la imagen de Batista, tirarle un litro con chapapote, para manchar la imagen de Batista, eso fue lo único que hicimos en Artemisa…era muy chocante pasar por ahí y ver la imagen de Batista, y siempre nos chocó mucho y entonces hicimos eso. Salíamos en el carro de Ciro, que su padre le había regalado, Ciro, Julio y yo a hacer algunos sabotajes, tirando cadenas en los tendidos, pero fuera de Artemisa, en Caimito, en Guanajay, Bauta.
Después, cuando estuvimos con Fidel y Abel, y nos preguntaron que hacíamos, y les contamos lo que estábamos haciendo, ellos nos dijeron, no, no, no se metan en política, no hagan sabotaje ni hagan nada, ustedes den un giro de 180 grados, no se metan en política, ni hablen de política, pasen inadvertidos, no vaya a ser que ustedes, trabajando para la lucha armada, por cualquier cosa vayan a caer presos y correr el riesgo de que alguien hable, y entonces todo lo que estamos haciendo se descubra porque estuvieran ustedes haciendo un comentario o haciendo un sabotaje, que al final, bueno son necesarios pero lo más importante es la lucha armada, y ustedes están en eso, así que retírense de todo, y así fue, nosotros nos retiramos de todo ese tema.
Arleen: A partir de ese momento ya empiezan a prepararse para una acción armada. ¿Por qué la mayor parte de los hombres que asaltan el Moncada en Santiago de Cuba y el Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo son de Artemisa?
Ramiro: Era el círculo, el círculo limitado estrecho del barrio La Matilde, que fue donde nacimos, nos criamos y nos conocíamos con profundidad y teníamos la confianza unos con los otros, todos los compañeros éramos fraternalmente, éramos hermanos de la vida y después fuimos de la Revolución, y teníamos una confianza ilimitada y la seguridad en los que estaban siendo reclutados e incorporados a la acción futura, que nadie nos dijo dónde era, nunca.
Arleen: Cuando salen para Santiago de Cuba, ni idea.
Ramiro: Ni idea.
Arleen: Bueno ni a Ciro ni a Usted.
Ramiro: A nadie, nosotros no sabíamos nada, nosotros nos imaginábamos que en el propio 1952, en diciembre, se iba a producir el hecho, de la acción militar, y pensábamos desde luego que era en Columbia, y varias veces vinimos Julio, Ciro y yo a explorar Columbia para ver por dónde se podía entrar, a nadie nosotros le habíamos dicho nada, pero nosotros pensábamos que era en diciembre y en Columbia. Estuvimos en casa de la abuela de Gerardo, que vivía contiguo al muro de Columbia, y de ahí observábamos y veíamos, y dijimos bueno, llegamos a la convicción, que no pasábamos de la calle, y entonces dijimos, vamos a despedirnos de la vida.
Arleen: Era un suicidio.
Ramiro: No ningún suicidio, suicidio no, era ir contra la fortaleza, a ver.
Arleen: Pregunto yo si se dieron cuenta que asaltar Columbia era un acto suicida, es lo que quiero decir.
Ramiro: No, bueno no lo pensamos así, era algo, Batista, cuál era la fuerza de Batista, donde estaba, en los cuarteles, queremos derrocar a Batista, hay que ir contra el Ejercito.
Arleen: Hay que asaltar los cuarteles.
Ramiro: Hay que asaltar los cuarteles, nosotros pensamos que la acción se iba a producir allí en Columbia, estuvimos dando vueltas por Columbia para ver cómo podía ser, cómo se podía imaginar, cómo pudiera realizarse la acción y por dónde entrar, en fin, y dijimos bueno esto aquí, de la acera no pasamos, no nos imaginábamos cómo era el tema, y cómo pudiera ser el asalto a Columbia, y entonces ahí bueno, vamos a
despedirnos de la vida, y nosotros organizábamos algunas actividades, salíamos a tomar y así hasta que llegó diciembre y no ocurrió nada, y entonces dejamos de despedirnos, por aquello de que íbamos a tener una mala imagen.
Y entonces bueno, esperamos y después me llega un encargo de Fidel, a través de Pepe Suárez, de que hiciéramos una lista de 10, que escogiéramos 10, entonces nosotros hicimos la lista, claro la lista era del grupo primero, y Pepe me dice que no me ponga yo ni lo ponga a él. Entonces yo estoy un domingo en la casa mirando la pelota… y cuando miro Fidel ahí.
Arleen: En su casa.
Ramiro: Sí. Me sorprendió porque yo nunca le había dicho dónde vivía. Y vamos, montamos y nos fuimos. Y me dice: ¿por qué no se pusieron ni Pepe ni tú en la lista? Y yo: bueno, eso fue lo que me dijo Pepe, que buscáramos diez pero que no nos pusiéramos ni él ni yo. Entonces dice, bueno pónganse ustedes también en la lista y, ¿hasta cuántos pueden llegar ustedes? Digo yo, bueno Fidel, nosotros solamente ochenta y tantos, noventa compañeros. Y dice ¿pueden llegar a treinta bien seleccionados? Digo, cómo que no! Entonces seleccionamos los treinta. Y por eso hubo tantos participantes en el ataque al Moncada, de Artemisa y como que eran cotos cerrados, el barrio de La Matilde donde todos vivíamos ahí, en la escuela y en todo, bueno, sencillamente esa era la base natural.
Arleen: Qué los unía a ustedes…
Ramiro: La familiaridad, el barrio. Las ideas
Arleen: Pero también la rebeldía contra el gobierno.
Ramiro: Sí sí, sí, no eso sin falta, claro, por eso estábamos enrolados todos, sin falta, sin falta. Éramos antibatistianos todos.
Arleen: Ya el 26 de julio de 1953 Usted es uno de los asaltantes al Moncada, nada más y nada menos que la Posta 3, es decir, es de los que acompañan a Fidel, de los que entra, tumba la cadena y entra al
Moncada, de los que resulta herido y se salva.
Ramiro: No tumbamos, sino tiramos.
Arleen: Tiraron la cadena.
Ramiro: Sí, así fue.
Arleen: Correcto. Es decir, Usted es de los que logran entrar incluso
al Cuartel.
Ramiro: Todos los compañeros del primer carro entramos.
Arleen: De los cuales mueren dos al salir.
Ramiro: No a ver, yo me quedo al final, me quedo solo allí. Y después cuando Fidel da la orden de retirada, ya cuando él ve que es imposible la sorpresa y tomar el Cuartel, da la orden de retirada. Pepe que estaba también, desde luego, venía para el asalto, venía en el carro, pero no entró, si no quedó afuera. Entonces, cuando Fidel da la orden de retirada, él empieza a llamarme por mi nombre Ramiro, Ramiro, Ramiro retirada, retirada y yo lo escucho en medio de la balacera aquella y bueno, salgo para realizar la retirada conjunta con el resto de los compañeros.
Arleen: La herida suya es una herida leve, pero Usted es un hombre herido que está huyendo y va a dar de nuevo a La Granjita. ¿Cómo es? Es que si no hablan los protagonistas, otros hacen la historia.
Ramiro: Bueno, y generalmente faltan a la verdad en muchos casos. Mira, una de las cosas por las cuales, a ver, yo siempre hago un símil: hay un choque de trenes, uno está aquí, otro está aquí, otro está aquí y otro está aquí, mirando y cada cual cuenta…
Arleen: Una versión.
Ramiro: Su versión. El choque existió, pero las versiones son distintas, lo que no deja de faltar a la verdad y generalmente, la gente suele ser protagónica.
Arleen: En su versión. Cada uno en su versión tiene su protagonismo.
Ramiro: Su protagonismo y la que vale es su versión, no la de los demás. Entonces, a mí nunca me ha gustado tampoco ese protagonismo.
Arleen: De todas maneras, ¿cuál es su versión?
Ramiro: No, mi versión no, como lo…ah!! bueno sí, mi versión de los hechos, (risas) claro, no además, no hay más porque yo era el único (risas). No, a ver, cuando ya Pepe me llama y salgo, al salir, hay varios compañeros y solo había un auto con las cuatro gomas ponchadas…Me monto en el carro y así con las cuatro gomas ponchadas para salir al punto donde al puente este, para ir para allá para…
Arleen: Siboney.
Ramiro: Para Siboney, para La Granjita. Había heridos, uno de ellos era Gustavo Arcos, herido que estaba en el carro y pasamos por delante de una casa de un médico, veo la placa, me bajo, saco al herido, toco la puerta y se lo dejo –que después fue traidor Gustavo Arcos Bergnes— y bueno seguimos, llegamos ahí a la salida de lo que hoy es el zoológico, allí había un montecito, todavía se sentía el tiroteo y bueno, quedamos en salir a buscar a Melba y a Haydée que estaban en el hospital.
Entonces digo espérate yo voy a ir a buscar el carro, porque uno de los carros en que veníamos se quedó ponchado y entonces voy a buscar el carro, paro, veo un carro de leche, ya yo me había quitado la camisa militar y el pantalón y me quedé con mi pantalón que traía debajo, le rompí el bolsillo a ese pantalón y las balas de la pistola me las eché en el bolsillo. Y bueno los paré y pedí el gato de ellos, (pero) el gato no se podía usar porque no compaginaba, entonces pasa un jeep con un hombre gordo, como un hacendado o algo de eso, y lo paro, le pido el gato, me presta el gato y bueno, tampoco sirvió, entonces yo percibo que el tipo se da…
Arleen: …se da cuenta de que usted es asaltante?
Ramiro: Sí, sí lo percibo y entonces voy caminando hasta donde entró el carro en la vaquería y cuando estoy caminando… ellos querían que yo me quedara, los de la vaquería, quizás quisieron protegerme, pero como estábamos buscando el gato para salir a rescatar a las mujeres, bueno, me prestaron otro gato y vino un niño, un muchacho a acompañarme para devolverle el gato, pero en lugar de yo ir por la carretera voy faldeando la loma que está pegada a la carretera, una yerba de guinea alta y eso… y ya habían tres jeep del ejército allí…en el auto, cerca de La Granjita, en el auto, ya habían tres jeep del ejército y allí ya…
Arleen: Pero Usted no estaba herido?
Ramiro: Sí.
Arleen: ¿Cómo era su herida?
Ramiro: Aquí (señala un pie) que según Machadito fue corriendo (risas) y bueno, fue un disparo aquí más o menos aproximadamente. Mira, el pasillo tenía dormitorios por un lado… tú ves el pasillo largo que está fuera del polígono, todo eso estaba a ambos lados lleno de colombinas con soldados, y los extremos estaban cerrados. Entonces, nosotros entramos Montané, como narra Fidel en “La historia me absolverá”, Montané, Pepe y yo redujimos los dormitorios, después de la Posta nosotros agarramos por indicación de Fidel. Fidel nos dijo:
…bueno, cuando vayan a la Posta abran paso que viene el General –y los tipos— hicimos eso se cuadraron y les arrebatamos los fusiles de la mano y los agarramos y los llevamos… quitamos la… ya bajo el tiroteo quitamos la cadena, una cadena gruesa que no es la que hay allí hoy, una cadena. Y allí agarramos a los dos soldados y los metimos debajo de la colombina que estaba allí, pegada a la pared donde empieza el pasillo hacia acá; que después dijeron que nosotros los habíamos pasado a cuchillo, cosa falsa totalmente, como se demostró ulteriormente en el juicio que le hicieron a Fidel ya cerrado ahí en la salita donde lo juzgaron.
Arleen: Bueno, Usted termina preso, la acción como acción militar fue un fracaso, sin embargo, Usted va a insistir en seguir a las órdenes de Fidel…
Ramiro: Claro.
Arleen: En todas las circunstancias.
Ramiro: Claro.
Arleen: El presidio.
Ramiro: Sí
Arleen: En el exilio, en el Granma.
Ramiro: Fidel era la figura, que iba a sacar al país…
Arleen: A ustedes no los asusta la derrota en el Moncada.
Ramiro: No, es doloroso, pero claro que no, hay que continuar la lucha, hasta… mira, ya cuando veníamos en el Granma, Fidel nos habla a todos y al final yo recuerdo siempre que decía: …que la victoria radicaba en tres elementos: resistir, resistir y resistir, si resistimos ganamos, porque el pueblo sabe que es una lucha justa y se incorporará a la lucha y con el pueblo vamos a obtener el triunfo, hay que resistir, cualesquiera que sean las circunstancias. Eso nos lo dijo después, pero eso ya lo sabíamos, por la historia.
Arleen: Ya claro.
Ramiro: Por la historia, mira, tú dices, bueno qué cuándo uno se hace…
Arleen: Revolucionario.
Ramiro: Sí, que eso no es como encender y apagar la luz. Hágase la luz. Te digo, en eso mi madre jugó un papel muy importante, y uno leyó, siempre fui patriota -de muchacho- incluso cuando estábamos en primaria – la vida después me dio la oportunidad- cuando estábamos en primaria nos llevaron en tres oportunidades al parque en Cayajabo, que estaba en una altura y nos mostraban una llanura y todo fuera, donde se habían producido combates de los invasores, dirigidos por Maceo- Y yo, en mi mentalidad, siempre me imaginé ser un invasor.
Arleen: No puedo creerlo, soñó ser un invasor, es decir, siendo niño tenía la percepción de que le hubiera gustado ser un invasor.
Ramiro: Ser como uno de ellos, como decía Fidel, ser como ellos.
Arleen: Yo decía…
Ramiro: Y la vida después me dio la oportunidad.
Arleen: De eso vamos a hablar ahora. Usted es de los que asalta el Moncada, los que toma la Posta 3…
Ramiro: Participo en las tomas de todo eso.
Arleen: Participa. Usted es uno de ellos.
Ramiro: Yo soy uno de ellos.
Arleen: Ya, sabemos que no quiere ser protagonista, pero la historia lo hizo…
Ramiro: No, no, es que no lo soy.
Arleen: La historia lo hizo, está, está ahí y su nombre está y su nombre está incluso cuando los sobrevivientes de Alegría de Pío dispersos por el monte se reúnen unos poquitos con Almeida y el Che.
Ramiro: El Che, Camilo.
Arleen: Che, Camilo, Almeida y en otro grupo está Raúl, hasta que se reúnen con…
Ramiro: No, nosotros éramos más, era Benítez, era el Che, Camilo, Almeida, Benítez, Chao que había sido veterano de la guerra de… de la República, fue comunista y fue de voluntario a pelear en España, éramos los que estábamos.
Arleen: Se encuentran allá arriba, en Cinco Palmas.
Ramiro: Con Fidel en Cinco Palmas, con Fidel y Raúl en Cinco Palmas.
Arleen: Que es donde Fidel dice: “Ahora si ganamos la guerra”. ¿A Usted le pareció como a Raúl que Fidel había enloquecido?
Ramiro: Lo vimos con mucho optimismo, pero bueno, hay que ganar la guerra. A ver Fidel tenía… cuando nos dijo en el barco, en el Granma: resistir, resistir y resistir y si sólo queda uno resistiendo, venceremos. No utilizó la palabra venceremos, pero dijo triunfaremos, porque el pueblo reconocerá en nosotros la causa justa y se incorporará a la lucha. Entonces, uno tenía la convicción esa de él y además así fue todo el proceso de la guerra de independencia nuestra. Inerme, sin nada. La historia nuestra está llena de cosas hechas sin recursos y sin posibilidades.
Arleen: Como decía Agramonte: …con la vergüenza.
Ramiro: Con la vergüenza, con la vergüenza de los cubanos. Y con eso luchamos y por eso estamos aquí, por ese tesón de Fidel inspirado en la historia de nuestras guerras de independencia.
El Comandante de la Revolución

Arleen: ¿Qué se siente al cabo de los años y después podemos retroceder un poquito, pero ¿qué siente al cabo de los años saberse uno -con todo el desprecio que sienta por el protagonismo individual- qué se siente haber sido uno de los Comandantes de la Revolución de Fidel, haber sido uno de los primeros desde el primer momento?
Ramiro: Nunca me he planteado eso, uno ha tenido una trayectoria y bueno, los reconocimientos de un tipo o de otro de los que hemos sido objeto por la trayectoria revolucionaria que hemos tenido, pero jamás
yo me he puesto a… A veces esas preguntas las hacen y tú me la haces también a mí: qué tú sentiste. Bueno, yo no…
Arleen: En ese momento.
Ramiro: No en ese momento no y si te digo algo me pongo a inventar, a hacer una frase, hacer…
Arleen: ¿Ni tantos años después?
Ramiro: No, no, no es por tantos años después, porque hay cosas, sensaciones que uno no olvida en la vida, no las olvida nunca, pero lo que te quiero señalar, o sea, y recuerda que en aquellos momentos, yo era un muchachito de allá de Artemisa con poca digamos formación, formación política-ideológica, lo que tenía era, digamos un instinto de clase por ser explotado y por vivir en un mundo como aquel y tendría instintos, por instintos, pero eso era por instintos sencillamente, unos instintos digamos, naturales, de toda aquella gente que tiene cierta inconformidad y cierta rebeldía de ver lo que está ocurriendo y además vivir…
Arleen: Sufrirlo.
Ramiro: Sufrirlo. Y no por egoísmo ni por individualismo, yo siempre he sido bastante romántico.
Arleen: ¿La Revolución también era para usted una aventura romántica, era un acto de entrega?
Ramiro: No, bueno sí, siempre la Revolución es un acto de entrega, mira yo siempre digo: cuando usted se mete la primera vez, usted es voluntario de la Revolución. Después, olvídese de eso, no hay más voluntariedad, es lo que te toque, es lo que tienes que hacer sin mirar ni para atrás ni para los lados, siempre hacia adelante.
Ciro, la Invasión, el Che

Arleen: Comandante, usted es ascendido en la Sierra Maestra en los primeros meses y pasa a la columna del Che que, además, cuando va a la invasión, ya tiene el nombre de su mejor amigo, de su hermano, Ciro Redondo. Yo siempre he pensado que Ramiro tiene alguna responsabilidad en que lleve ese nombre la columna 8.
Ramiro: No. Bueno, la responsabilidad que tenemos es la de haber estado juntos desde el inicio, Ciro, Julito -a Julito lo matan en el Uvero-, yo no tengo nada que ver, pero para mí es muy entrañable porque es el resultado de la vida de Ciro. Ciro era una gente muy revolucionaria, muy extrovertido, muy compañero, muy solidario, muy valiente. Ciro era tremendamente arrojado y él muere en el combate de Mar Verde y el Che siempre tuvo por Ciro una gran distinción y simpatía y lo sentía como un compañero entrañable y muy cercano.
Arleen: Ahora, dígame una cosa, ¿es cierto que usted no formaba parte de la primera lista de los compañeros que irían a la invasión, que usted tuvo que fajarse por ir a la invasión?
Ramiro: (Risas) No tan así, te dije que de niño soñé incluso estar…y en la Sierra iba con el libro de Miró Argenter “Las Memorias”, un libraco que pesaba y meter eso en la mochila¡¡¡
Arleen: ¿Iba con usted?
Ramiro: Yo la llevaba
Arleen: ¿Su paradigma era Maceo? ¿Su principal paradigma en Cuba era Maceo como patriota?
Ramiro: Como patriotas Martí, Céspedes, Maceo, los Maceos y Crombet.
Arleen: ¿Y llevaba el libro de Miró Argenter?
Ramiro: Si, Miró Argenter que era un gran libro, con mucho peso. Fidel no me había pensado para que viniera con el Che en la invasión y fui a hablar con él y le pedí.
Arleen: ¿Cómo lo convenció?
Ramiro: Bueno, le dije, ¿me vas a negar participar en un hecho de la historia de Cuba que más nunca, más nunca se va a reproducir como es la invasión? Me miró y me dijo: “Vete”. Pero en otros términos.
Arleen: (Risas) Puedo imaginar. Usted se convierte en el segundo jefe de la Columna 8 y va a la invasión y es, otra vez tengo que decirlo, protagonista de la batalla de Santa Clara.
Ramiro: No, no. Cuando la toma de Santa Clara el Che había distribuido las acciones, Camilo estaba por el norte, por Yaguajay, se habían unido las fuerzas del 26 y del Directorio y estaba la gente del 26 de Julio con Víctor Bordón Machado. Nosotros fuimos rumbo a Camagüey como parte de la tropa y él se queda en Santa Clara de manera tal de evitar por todos los medios que los refuerzos llegaran a Santa Clara.
Arleen: Hay imágenes que nos muestran a usted con una gorra rusa o todo el mundo cree que es una gorra rusa, soviética en aquel momento, que es oscura la primera o gris, y después hay una blanca hacia el final de la guerra o al principio de la Revolución. ¿Eso significaba una simpatía con los soviéticos o no tenía nada que ver?
Ramiro: Si, pero no tiene nada que ver. Yo simpatizaba con los soviéticos y con la Revolución Rusa y con las proezas del Ejército Rojo.
Arleen: Después aparece Raúl con esa gorra en el II Frente, dice que se intercambiaron, ¿cómo es la historia?
Ramiro: Primero, esta gorra, la primera me la trajo Yeyé.
Arleen: Haydeé Santamaría.
Ramiro: Era una gorra canadiense para taparse el frío, yo soy un tipo, no digo friolento sino fríorápido, el frio me ataca rápido. Después de la ofensiva, se va Almeida para el III Frente, Raúl para el II Frente, salen de donde estábamos nosotros y ahí intercambiamos la gorra, Raúl me da su gorra y yo le doy la mía a solicitud de él que dice “bueno, por si no nos vemos más que tú tengas algo mío y yo tenga algo tuyo” e hicimos este cambio combativo, y yo ahí le jugué inocentemente, no sabía, una mala pasada.
Arleen: ¿Por qué?
Ramiro: Porque mi gorra iba llena de piojos.
Arleen: Bueno, ¿qué rebelde no tenía piojos en la guerra? Hay anécdotas preciosas.
Ramiro: Él no los tenía, yo se los pegué con la gorra. (Risas)
Arleen: Al final usted volvió a tener una gorra que le…
Ramiro: Sí, una después del triunfo.
Arleen: Aparece una imagen, bueno, cuando están recibiendo a Fidel de su primer viaje por América Latina. Vemos al Che, que fue su jefe en la invasión…
Ramiro: Y en la vida, uno de mis jefes en la vida.
Arleen: ¿Qué quiere decir usted con eso?
Ramiro: Era mi jefe de la Sierra, está la Columna 1 y después está la Columna 4, la Columna 4 con el Che al frente y yo voy con él, Fidel me designa con él, pero además en México, en el rancho Santa Rosa. Yo conozco, pudiéramos decir que también en casa de María Antonia conocí al Che.
Ahí nos hicimos muy amigos, estuvimos entrenando en la teoría del movimiento guerrillero con Alberto Bayo, el general Bayo, quien nos daba clases teóricas acerca de la operación de la guerra de guerrillas y estuvimos en varias casas juntos…Designan entonces al Che al frente, el que estaba preparándonos a nosotros como movimiento en lo teórico era el compañero Bayo, pero las prácticas, en las que hacíamos todas las caminatas y todas las emboscadas, ya eran bajo la dirección del Che. Nosotros salíamos a caminar las montañas y el Che sabía guiarse
por los astros, las estrellas y salíamos aproximadamente a las 6:30 o 7 de la tarde a caminar, pasábamos toda la noche caminando, 12 ó 13 horas, por toda la montaña aquella, amarrados unos de otros. Era de noche, no había luz y para no perdernos o por si resbalábamos –lo que ocurrió muchas veces, alguien resbalaba, perdía el equilibrio y se aguantaba del de adelante o del de atrás- y así estuvimos con el Che en el campamento allá en Santa Rosa.
Arleen: ¿Qué tan duro era el Che como jefe?
Ramiro: El Che era muy severo, pero como dijo Fidel, el Che se exigía él más de lo que le exigía a los demás y sobre todo con la gente más cercana, era intransigente.
Arleen: Mientras más cerca más exigente.
Ramiro: Pero fíjate, a su vez era una gente chévere, simpático, aunque haya personas que no crean que el Che era simpático, muy fraternal, no tenía nada, se entregaba completo y tenía mucha autoridad, por esas relaciones humanas que era capaz de desarrollar con los subordinados, con los compañeros y además por su ejemplo, de estoicismo y de valentía, porque él sí era un estoico. El Che padecía de asma, incluso sin aparato, tenía unas crisis de asma que caminaba 5 metros y tenía que sentarse, y 5 metros y tenía que sentarse y yo siempre lo acompañé. Todo el mundo caminando adelante y nosotros siempre íbamos detrás y llegábamos al final. La gente lo respetaba mucho y se daba a respetar.
Arleen: ¿Qué sentimientos hay en usted cuando sabe que su amigo, su jefe, ha partido a otra revolución y usted no va con él y después le toca la responsabilidad de la búsqueda de sus restos?
Ramiro: La lista de compañeros que él había seleccionado para que lo acompañaran, la encabezaba yo, pero se decidió que yo no fuera, y ya cuando la búsqueda, pensaba que de haber estado ahí, de haber ido, yo no lo estaría buscando sino que nos estuvieran buscando a él y a mí, a los dos.
Mira, cuando se dividió la Columna 1 y se hizo la Columna 4, Fidel me lleva a un lado y me hace responsable por la vida del Che. “Nos recogerán a los dos juntos porque yo no le voy a decir al Che que lo voy a agarrar por ningún lugar a decirle no hagas esto o no hagas aquello”. Esas son de las cosas que lo marcan a uno: esa confianza de Fidel al darme esa misión, pudiéramos decir de impedir que el Che en medio de su arrojo hiciera cosas que no debía, para preservar la vida.
Desde luego, eso con el Che era imposible y con Fidel mismo tampoco, eso era imposible y era así. Uno piensa cuando estábamos en la búsqueda en todas esas cosas: yo bien pudiera haber sido uno de los que se habían muerto con el Che en Bolivia. Es un peso importante en un revolucionario.
Arleen: Y su familia lo reconoce como el compañero del Che…
Ramiro: Sí, sus hijos y Aleida, los muchachos, me reconocen a mí como reconocen a Fidel, a Raúl, muy cercanos, eran hermanos, éramos hermanos o somos hermanos, independientemente de si estamos o no vivos.
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