Cuando leí por primera vez El color púrpura, de la escritora estadounidense Alice Walker, quedé impresionada por esa bellísima y dolorosa historia, escrita magistralmente en forma de cartas, casi un diario, dirigidas principalmente a Dios, donde se evidenciaba de manera descarnada, casi como un testimonio personal, la violencia y la discriminación que se ejerce sobre las mujeres, en especial negras, sobre todo en el sur de los Estados Unidos. Este libro había ganado el prestigioso premio Pulitzer y el National Book Award en 1983, publicado en 1982 por la importante Harcourt Brace Jovanovich Publishers de Nueva York (ISBN 0-15-119153-0), editorial fundada en 1919 y que publicó antes autores como Virginia Wolf, Thomas S. Eliot, Sinclair Lewis, etc. Inicialmente fueron 10 000 ejemplares, pero después ha sido publicada en más de diez millones de ejemplares y traducida a más de veinte idiomas. Alice Walker había dado a conocer otras novelas anteriores, también poesía, pero esta fue la que la lanzó definitivamente a la fama. Siempre recordaremos el filme de Steven Spielberg, El color púrpura, de 1985, aunque la autora tuvo sus diferencias con el guion; y existe otra película, que no he visto, El color púrpura, 2023, de Blitz Bazawule, autor y cineasta ghanés. También se adaptó para el teatro y se hizo un musical en Broadway en 2005.
Por supuesto que en la editorial Arte y Literatura se quería publicar esta obra por sus méritos literarios, así como por el prestigio de la escritora, dentro de un plan de literatura contemporánea que se esforzaba por poner al día en nuestro país lo mejor de lo que se estaba publicando en el mundo en esta línea. Pero no teníamos los derechos de autor. Yo había escrito a una editorial española que había impreso en español este libro, con la fórmula de «solo para Cuba», sin resultado alguno, y tampoco teníamos el libro físico. Nuestros esfuerzos para contactar con la autora tampoco daban frutos. Y entonces sucedió.

Transcurría el año 1987, se efectúa el Primer Festival Internacional del Libro de Nicaragua, que se celebró en Managua del 21 al 25 de julio. El ministro de Cultura de Nicaragua, padre y poeta Ernesto Cardenal, inauguró el Festival… Como dato curioso, después, en noviembre de ese año, se estrenó la primera Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que se considera actualmente la más importante del idioma español.
Unas 350 editoriales y aproximadamente 20 000 títulos fueron exhibidos, entre ellos los del Instituto Cubano del Libro y las editoriales de otras instituciones cubanas. Algunos directores de editoriales cubanas fuimos invitados a participar y cerca de 176 invitados internacionales estuvieron presentes; recuerdo a Eduardo Galeano, Roberto Fernández Retamar, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz, por supuesto, todos los escritores nicaragüenses, muchos otros más… y Alice Walker.
En el estand, más bien una caseta con un mostrador circular, de la embajada de Estados Unidos, concretamente de la USAID (United States Agency for Internacional Development) —instrumento de política exterior bajo la fachada de ayuda técnica y financiera a terceros países, que ejercía una función injerencista y de desestabilización en gobiernos no alineados con los intereses norteamericanos, sospechosa de trabajar con la CIA, acusada, por ejemplo, de ayudar a Alberto Fujimori en su programa de esterilización forzada a miles de mujeres y hombres—, se repartieron gratuitamente libros, muchos contrarios a la revolución. Entre los más donados estuvo Nicaragua: Revolución en la familia (1985), de la periodista estadounidense Shirley Christian, un análisis que favorecía a los opositores del sandinismo.
Pero, ¡oh, fortuna!, allí estaba como ave rara El color púrpura, en español, también regalándose, y yo me acerqué para pedirlo; acababan de entregar un ejemplar a una persona a mi lado, había un montón dentro de la caseta. La empleada me miró, vio mi acreditación colgada al cuello como perteneciente a Cuba, y me dijo que ya esos ejemplares estaban comprometidos, así que no podía darme ninguno. Imagínense mi indignación.
Con este antecedente, le pedí una reunión, no recuerdo bien si al representante o simplemente miembro del grupo que acompañaba a Alice Walker, pues era difícil contactarla personalmente, identificándome como directora de una editorial cubana. La respuesta no se hizo esperar, tuvimos un «desayuno de trabajo» en el mismo motel donde cohabitábamos, y pude explicarle nuestro interés en publicar su obra y lo que había pasado con la USAID. Me dijo que iba a consultar esto y que contactaría conmigo.
Esa noche tocaron a la puerta de la habitación donde me alojaba, con extrañeza abrí y allí estaba resplandeciente Alice Walker junto con un bellísimo y alto compañero, entraron a la habitación, en silencio me entregó el libro y después me dijo que estábamos autorizados a publicarlo, me dio un abrazo y se marchó. Cuando abrí el libro, en su portadilla encontré una dedicatoria que aún me emociona por su significado y extraordinaria sensibilidad, en tinta color púrpura dice: «Para Elizabeth, en paz, Alice Walker, Managua, julio 1987». Este gesto altruista y solidario con nuestro país nunca lo olvidaré.

El libro se publicó en Cuba en 1989 (edición de Mari Cruz García, diseño de Alejandro Luis García Chaple; 40 100 ejemplares).
Meridiana cumple 50 años de publicada
Meridian, su verdadero título en inglés, que es el nombre del personaje femenino principal, una joven durante los años del movimiento por los derechos civiles, fue publicada por su autora en 1976, por lo que en este año se conmemoran los 50 años de su primera publicación. Igual que con El color púrpura nos comunicamos con la autora y esta cedió los derechos para Cuba. Se publicó en 2003, según su copyright, aunque en realidad se terminó de imprimir en enero de 2004, por primera vez en español, lo cual incrementó su valor, con la traducción hecha por el traductor y escritor Manuel García Verdecia (editorial Arte y Literatura, colección Orbis, edición de Josefina Ezpeleta y diseño de cubierta de Tony López).

Y tuvimos la dicha de que la autora aceptara la invitación que se le hiciera para participar en la XIII Feria Internacional del Libro de La Habana en 2004. El domingo 15 de febrero, cierre de la Feria, se estaba presentando el libro en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña en compañía de la autora. Otro acto memorable fue el «Encuentro con…», espacio que dirige la periodista Magda Resik, donde habló de su vida y obra y dialogó con el público asistente.

En esta ocasión también tuve la ventura de que me dedicara el libro, y lo menciono sobre todo porque fue como una continuación, consciente o no, de la dedicatoria que me hiciera a El color purpura en 1987: «Para Elizabeth Díaz, in love and peace. ¡Siempre!». Ese «¡Siempre!» compendia el alto significado de su firme posición hacia Cuba.

De este libro y su visita a Cuba expresó:
«Fue maravilloso venir a Cuba y descubrir que aquí realmente habían comprendido lo que había escrito y que no pocos amaban a mis personajes y, lo que es todavía más importante, los cubanos se reconocían en ellos y reconocían a sus antepasados. […]
»El libro Meridiana es muy especial para mí porque traza un período en nuestra lucha en los Estados Unidos dentro del movimiento de los derechos civiles, en un momento en que varios de nuestros líderes fueron asesinados y en el que muchas personas, de las que ustedes nunca han oído hablar, también fueron asesinadas. […]
»Mientras escribía la obra, pensé mucho en Cuba, porque ya habíamos perdido al Che Guevara, y quería mostrar todas esas cosas […]».
(La Jiribilla, 19 de febrero de 2004).

Ese año estuvo lleno de actitudes y acciones solidarias hacia Cuba. El 22 de mayo de este mismo año 2004 participa en un foro público, en San Francisco, Estados Unidos, auspiciado por el Comité Nacional por la Liberación de los Cinco, junto al abogado Leonard Weinglass. Allí se le pudo escuchar: «Amo a Cuba, a su pueblo, a Fidel, al Che, a Camilo, a Haydée Santamaría. Amo a cada ángel que ha volado sobre la Isla. El pasado febrero estuve allí durante la Feria Internacional del Libro. Es una feria increíble. Ellos estaban lanzando una de mis novelas, Meridian, que es una historia de revolucionarios en el sur, nuestro Sur».
Más tarde dedica unas bellas palabras en la presentación para el libro El dulce abismo, recopilación de escritos, cartas y poemas, de los cinco cubanos presos en Estados Unidos, con prólogo de la poeta Nancy Morejón, que fue presentado en La Habana el 21 de julio. De su introducción extraemos algunos fragmentos sueltos: «La historia de los Cinco Cubanos es una historia de valor, gran sacrificio y amor. Es una historia para las diferentes edades, en especial para los miembros de nuestro pueblo que han sufrido la implacable opresión de la supremacía blanca norteamericana; un dominio del color y el poder que el resto del mundo parece destinado a experimentar. […] Estaba participando en la Feria Internacional del Libro de La Habana 2004, mi obra Meridian había sido traducida al español e iba a ser presentada. Viajé allá para la ocasión […]. Fue impresionante ver a cientos de niños, madres, padres y abuelos […]. Para mí, el Che sigue rodeado de una aureola de luz, pues él será recordado y servirá de guía para muchas generaciones venideras».
Alice Malsenior Walker no surgió de la nada. Nació en 1944 en Eatonton, Georgia, uno de los estados sureños, con una población negra mayoritaria, en una familia pobre, granjera, la menor de siete hermanos, cuyo padre era nieto de esclavos. La madre era criada doméstica, el padre aparcero agrícola. En este contexto conoció el racismo y el maltrato a la mujer negra, doblemente discriminada. Cuando tenía ocho años, un disparo de la pistola de balines del hermano dio en su ojo derecho y lo cegó para siempre. Se cuenta que se volvió solitaria y se la pasaba leyendo todo el tiempo. Su madre influyó mucho para que siguiera una educación y su personalidad es siempre admirada en los escritos de Alice Walker cada vez que se refiere a su madre.
En 1961 le ofrecieron una beca para el Spelman College de Atlanta. Como parte del programa de estudios viaja a África en 1964. Conoce a Martin Luther King en estos años, cuando participa en sentadas y marchas contra el racismo, lo cual la influyó considerablemente. Más tarde ingresa en el Sarah Lawrence College. En esta etapa, Walker trabaja para el movimiento por los derechos civiles en Georgia. Después de graduarse en 1965, se dedica mucho más como activista al movimiento por los derechos civiles, contra el racismo y por la igualdad de las mujeres. Más tarde ocupó puestos de escritora residente en Tougaloo College y Jackson State University, y fue profesora en diferentes instituciones universitarias prestigiosas.
En 1967, se casó con el abogado Mel Leventhal, un abogado defensor de los derechos civiles, y se mudó con él a Misisipi, según ella misma ha confesado como acto de rebeldía en este estado, por ser un matrimonio de una negra con un blanco judío. Walker y Leventhal se divorciaron en 1978, después inició relaciones con Robert Allen, editor de la revista Black Scholar, en California. La pareja se separó a mediados de la década de 1980. Su unión a mediados de los 90 con la cantante Tracy Chapman también dio mucho que hablar, la propia Alice Walker habló sobre esta relación en una entrevista a The Guardian en 2006.
Su extensísima obra incluye novelas, poemarios, ensayos y libros infantiles. Su primer libro publicado fue el poemario Once (Una vez), en 1968 y en 1970 publicó su primera novela, La tercera vida de Grange Copeland, que trata la violencia dentro de las propias comunidades negras y las que reciben por racistas y supremacistas. En 1973 su libro de poesía Petunias revolucionarias ganó el Premio Lillian Smith y en el mismo año publicó un libro de cuentos, Enamorada y en apuros (1973) sobre mujeres negras que enfrentan el racismo y el sexismo.
No podría seguir escribiendo sobre toda su obra, pues esto merece un libro aparte, ni sé exactamente la cantidad de libros que publicó, en algunos lugares hablan de 55 obras (www.todostuslibros.com), pero repiten muchas veces el mismo título en varias ediciones; en AddALL confirman 8 novelas, 21 libros entre relatos y poesía y 21 libros de no-ficción; y en su sitio personal, alicewalkergardens.com, aparecen en una forma un tanto desordenada unas 29 obras de diferentes géneros, o son las que pude entresacar, pero estoy segura de que faltan algunas. La IA DeepSeek me listó 31 obras: 7 novelas, 10 libros de poesía que incluye antologías y poemarios bilingües, 3 libros de memorias y testimonios, 2 de cuentos y 9 libros de ensayos y crónicas. Se añaden más de 300 artículos sueltos, columnas de opinión, reseñas y reportajes.
Alice Walker ha tenido una vida repleta de laboriosidad, emociones, de creación literaria y de lucha social contra la injusticia y las desigualdades como una columna vertebral de su personalidad. Creo que no ha habido una causa de justicia en la que Alice Walker no haya participado. Fue parte activa del movimiento contra el apartheid en Sudáfrica, conoció y apoyó a Nelson Mandela. Participó en la Marcha sobre Washington en 1963 con solo 19 años. Fue a los funerales de Martin Luther King. Ha estado contra la ablación genital femenina, para ello viajó a Kenia, Senegal y otros países africanos y escribió el libro Warrior Marks. Defendió a Julian Assange y a Chelsea Manning. Fue arrestada por participar en una protesta contra la guerra en Irak frente a la Casa Blanca y escribió contra la invasión de Estados Unidos a ese país, a Vietnam y a Afganistán. Está en contra del maltrato a los animales y a la naturaleza como expuso en The Chicken Chronicles.
Así en la lucha de los palestinos y contra el genocidio que Israel perpetra a este pueblo. En 2009 viajó a Gaza con 60 activistas para desafiar el bloqueo israelí. En 2026 negó los derechos a la publicación de El color púrpura en Israel.
Es imposible reseñar aquí toda la actividad de Alice Walker en todos estos años y en tantos frentes distintos. Es una mujer de una valentía extraordinaria y de una lealtad consistente con los principios en que cree. Y no nos hemos referido a su defensa de Cuba. Y ya no solo por la defensa de los cinco cubanos presos en Estados Unidos, sino contra el bloqueo impuesto por ese país: fue una de las firmantes junto con Mark Ruffalo, Susan Sarandon, entre otros intelectuales y organizaciones sociales, de la carta abierta para exigir el fin del bloqueo, el cese de las sanciones y el retiro de la lista de países patrocinadores del terrorismo, «Stop Donald Trump´s Cruel Assault Against the Cuban People». En 2006 declaró a Prensa Latina: «Estados Unidos no desea democracia para Cuba, sino imponer su dominio y destruir un ejemplo crucial de una forma diferente de existir, con dignidad». En 2015 declaró al sitio digital de Rebelión a propósito de un libro de Salim Lamrani: «Ninguna revolución ha significado tanto para mí como la cubana». Cubadebate publicó este mismo artículo en 2015 donde se lee: «Durante cuatro visitas y una cantidad igual de décadas he sido testigo del daño destructivo que el bloqueo norteamericano ha causado a uno de los pueblos más nobles de la Tierra».

Son tantas las citas que pudieran hacerse de sus declaraciones públicas y escritos en favor de Cuba que no cabrían en este espacio. Solo hablar de su admiración por Fidel, a quien conoció y también estuvo presente en sus exequias y homenaje en 2016. En este año 2026 escribió en su sitio web personal: «Así que hoy, 13 de agosto de 2026, habrías cumplido cien años. ¡Pero en el futuro cumplirás cientos! Imagínate. Como héroes de revoluciones anteriores, el pueblo pensará en tu amor por ellos. Contarán historias, cantarán canciones y ondearán la bandera en la que tus ojos también se posaron».

Su última visita a nuestro país fue en enero y febrero de 2024 —el 9 de febrero cumplía 80 años—, con una amplia delegación de artistas e intelectuales, también familiares, donde le fue conferida por decreto presidencial la medalla Haydée Santamaría. Realizó además múltiples actividades. En el Palacio Lombillo, vistiendo una kufiya palestina, develó un busto del escritor negro estadounidense Langston Hughes, escultura de Alberto Lescay, y participó en el homenaje a Nicolás Guillén. Visitó escuelas y centros culturales y en Villa Clara el mausoleo donde están los restos del Che.
En ese año 2024 la editorial Oriente publicaría de nuevo en Cuba El color púrpura, libro digital e impreso con traducción de Manuel García Verdecia, y Ediciones La Luz, de Holguín, el cuento infantil En busca de la piedra verde, un audiolibro de adquisición gratuita en Internet. Antes, lo había publicado en papel en 2016, con traducción de Manuel García Messeguer, y la editorial Oriente en soporte papel lo había hecho con El secreto de la alegría (Possessing the Secret of Joy), 2017, ya agotado.

Días antes de su visita, el 26 de enero, en una entrevista que le hace Salim Lamrani en Radio Miami Today, reproducida en Cuba en Resumen, al preguntarle «Cuál es el deber de los intelectuales», respondió: «Creo que tenemos que ser lo suficientemente lúcidos para ver lo que es real y no dejarnos engañar por espejos y humo». Lo cual me recuerda la obra El simulacro de los espejos del reciente galardonado con el Premio Rómulo Gallegos, el argentino Vicente Battista.
Esperemos más obras, maravillosos escritos de Alice Walker; esperemos otra visita a nuestra patria, pero mientras tanto podemos decir que Alice Walker está entre nosotros, y robándole la expresión: ¡siempre!


