
La llegada al mundo de Alejandro Antonio Zuch Rodríguez no fue como sus padres soñaban: una parálisis infantil al momento del parto marcó el inicio de una batalla que ni él ni su familia estaban dispuestos a perder. Hoy, 20 años después, ese niño que los pronósticos condenaban a una vida limitada es estudiante de tercer año de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba; un joven apasionado por la creación audiovisual, que ha convertido cada obstáculo en peldaño para ascender hacia sus metas.
“Yo no recuerdo mis primeros años, pero me han contado la historia tantas veces que la siento mía…” -dice con una serenidad que contrasta con la dureza de su relato. Los ojos -verdes, vivos, curiosos- se le iluminan cuando comienza a narrar lo que vivió en sus primeros años.
“Nací con una parálisis infantil. No comencé a caminar como otros niños, tenía dificultades para usar las manos, para hablar; pero mi mamá, mi papá, mis abuelos y mi tía hicieron todo lo posible para que yo venciera esos problemas”.
Alejandro hace una pausa. Sonríe con esa calma que solo da haber librado batallas reales.
“Mi tía abuela, Esperanza Ivis, me acompañaba a las sesiones de rehabilitación desde que tenía un año. Era difícil para todos porque yo me negaba a colaborar. Fueron años de ir y venir al Hospital Infantil Norte, luego al Zooloógico, donde comencé la equinoterapia… Mis padres y mis abuelos también pusieron todo su empeño en esto: hacíamos los ejercicios en casa, me animaban a seguir y también me inculcaron el amor por el estudio. Toda la familia ayudaba. Yo no lo sabía entonces, pero ellos me estaban enseñando la lección más importante de mi vida: que no hay dificultad que yo no pueda vencer”.
Esperanza Ivis Rodríguez Negret escucha a su sobrino nieto y asiente con los ojos húmedos. Ella fue testigo y protagonista de esa etapa en la que cada pequeño avance era una victoria monumental.
“Mi sobrino tiene tremenda fuerza de voluntad -cuenta Esperanza, con la voz entrecortada por la emoción- por eso hoy todos estamos orgullosos de lo que ha logrado. Alejandro ha sido un estudiante excelente y es un muchacho amoroso, responsable y sobre todo capaz de luchar por lo que quiere.”
La marcha no fue lo único. Usar las manos con precisión, hablar con claridad, coordinar sus movimientos… las habilidades que hoy tiene este veinteañero fueron conquistas ganadas a pulso. Y en ello resultó esencial la labor del equipo de Equinoterapia del Zoológico de Santiago de Cuba. Allí conoció a la fisioterapeuta Liudmila Castillo Godoy.
“Cuando llegué al programa, tenía miedo. Los caballos son animales grandes, y yo era un niño con un cuerpo que no siempre me obedecía. Pero ellos me enseñaron a acercarme, a confiar, a montar. Y con los años mi cuerpo podía hacer más de lo que yo mismo pensaba. Sesión tras sesión, fui mejorando. La equinoterapia me ayudó a creer en mí”.
Castillo Godoy recuerda con nitidez aquel período: “Cuando Alejandro llegó a la equinoterapia fue muy difícil. Lloraba mucho. Pero poco a poco, con paciencia y mucho cariño, logramos que se insertara en el programa. Y entonces empezaron los progresos.
“El movimiento del caballo transmite al jinete una serie de estímulos que ayudan a regular el tono muscular, a mejorar el equilibrio, la postura… En su caso, fue fundamental para que pudiera caminar con más seguridad y autonomía. Verlo montar sobre Rocillo (el caballo), verlo sonreír, fue una de las mayores satisfacciones para nuestro equipo.”
Dos grandes amores: la medicina y los audiovisuales
Alejandro descubrió su pasión por la comunicación audiovisual en 2024, cuando comenzó a colaborar con Sierra Maestra enviando fotos y videos sobre eventos del Programa de Atención Materno Infantil en la provincia.
“Descubrí que podía contar historias, que podía mostrar el esfuerzo de profesionales de la Salud que admiro mucho por su trabajo con las embarazadas, las madres, los niños… Empecé a grabar videos y a compartirlos en las redes sociales. Ahí entendí que los audiovisuales también son una forma de reconocer el esfuerzo de muchas personas que parecen invisibles, pero sostienen los servicios en medio de muchas dificultades y como yo, nunca se rinden” – dice.
Este joven santiaguero obtuvo el primer lugar en la categoría de Audiovisuales, en el Festival Provincial de Artistas Aficionados de la FEU y también resultó premiado en el certamen nacional. Se emociona cuando habla de la fusión entre sus dos grandes amores: la medicina y los audiovisuales.
“Son mis pasiones y creo que ambas pueden sanar. La medicina sana el cuerpo; los audiovisuales, el alma. Como estudiante de Medicina me estoy preparando para ayudar a otras personas, para salvar vidas, para impulsar a otros a lograr sus sueños, como hicieron conmigo. Con los audiovisuales y con la fotografía estoy aprendiendo a escuchar, a observar y a comprender. Y eso también es comunicación.”
Alejandro es jefe de brigada en la Federación Estudiantil Universitaria y comunicador social de la Unión de Jóvenes Comunistas en la Facultad No. 1 de Medicina. En ambos roles, aplica lo que ha aprendido.
Las secuelas de la parálisis están presentes, pero él ha aprendido a convivir con ellas y a convertirlas en una ventaja: comprender, desde la empatía, el dolor y la esperanza de los pacientes.
“Estudiar Medicina -afirma- es un sueño cumplido. Cada vez que veo a un paciente en el hospital, recuerdo todo lo que me costó llegar hasta aquí. Me gustaría especializarme en Medicina Intensiva y Emergencia Pediátrica o en Medicina Física y Rehabilitación… ya veremos. Lo que sí tengo claro es que quiero ser un médico que vea a sus pacientes como personas, más allá de los diagnósticos. Quiero que mi historia les sirva de esperanza. Porque yo estuve ahí, del otro lado. Y sé que se puede”.
Alejandro Antonio Zuch Rodríguez aún tiene un largo camino por recorrer. Le quedan años de estudio, exámenes, guardias, especialización. Pero si algo ha demostrado es que no hay obstáculo que se le resista.
Para quienes lo conocen, él ya es un médico del alma; uno que estudia y ayuda a sus compañeros… alguien que venció al miedo, a la incredulidad y a los pronósticos. Un joven que tiene algo valioso que aportar a los demás: la certeza de que los sueños, cuando se persiguen con el corazón, siempre encuentran la manera de realizarse.
