
El régimen cubano anunció que permitirá a privados operar agencias de viajes, servicios de guía turística y renta de autos, un giro inusual en un sector que durante décadas quedó amarrado al control estatal. La medida, presentada en La Habana como parte de un paquete de 176 transformaciones económicas, confirma la presión que atraviesa una de las actividades que más divisas debía aportar al país.
La apertura toca el corazón del turismo, una industria que el propio poder vendió durante años como motor de la economía nacional y que hoy exhibe un desplome visible. Con menos visitantes, bajos niveles de ocupación y menos ingresos, el Estado busca apoyo en actores privados para sostener servicios que ya no logra administrar con eficacia por sí solo.
El cambio también deja al descubierto el alcance del control político sobre la economía. Hasta ahora, la legislación cubana reservaba estas operaciones al aparato estatal o las mantenía severamente restringidas para mipymes, cooperativas y cuentapropistas. El Decreto 107 de 2024 seguía colocando dentro de las actividades prohibidas varios servicios clave ligados al turismo, precisamente en un país donde el acceso a divisas define casi todo.
La decisión llega en medio de la peor crisis que ha vivido el turismo cubano en décadas. Según los datos oficiales citados, la isla cerró 2025 con poco más de 1.8 millones de visitantes internacionales, muy por debajo de los niveles anteriores a la pandemia, y la caída siguió en los primeros meses de 2026, con ocupaciones débiles e ingresos en retroceso. A eso se suman los apagones, las dificultades de conectividad aérea y la presión económica acumulada sobre toda la vida nacional.
Manuel Marrero Cruz defendió las reformas como una respuesta obligada a la realidad del país y dijo que no significan una renuncia al modelo socialista. La frase intenta suavizar lo que en verdad revela el anuncio: el régimen se ve forzado a abrir espacio al privado después de años de desconfianza, límites y prohibiciones que asfixiaron el sector que ahora pretende rescatar.
Las medidas forman parte del llamado Eje 1 de las reformas económicas y van más allá del turismo. También eliminan el tope de 100 trabajadores para las mipymes y la prohibición de que una persona sea propietaria de más de una empresa, además de abrir paso a casas de cambio privadas, nuevas modalidades de banca privada, flexibilización del comercio exterior y más espacio para la inversión extranjera. El gobierno intenta mover piezas sin desmontar la estructura de control que llevó al país a este punto.
Las autoridades no han precisado cuándo empezarían a otorgarse licencias para estas nuevas actividades. Ese detalle importa porque muestra la distancia entre el anuncio político y la realidad administrativa de un sistema que sigue dosificando cada apertura como si todavía pudiera administrar la escasez desde arriba. En la práctica, el régimen reconoce que el turismo ya no resiste el peso del monopolio estatal y que necesita oxígeno fuera de su propio aparato.

