Cada día, en algún lugar del planeta, miles de personas salen de sus hogares sin imaginar que un trayecto cotidiano puede convertirse en una tragedia irreversible.
Los accidentes de tránsito constituyen hoy una de las mayores amenazas globales para la vida humana, significan algo así como una epidemia sin virus, pero con víctimas, secuelas y un enorme costo social.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las colisiones viales provocan alrededor de 1,16 millones de muertes cada año y que los traumatismos causados por el tránsito continúan siendo la principal causa de mortalidad entre niños y jóvenes de 5 a 29 años.
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Pero la dimensión de esta crisis no se limita a los fallecidos. Millones de personas sufren lesiones graves que pueden dejar discapacidades permanentes, dolor crónico, trastornos emocionales y una pérdida significativa de calidad de vida.
La OMS destaca además una paradoja: los siniestros viales no son inevitables consecuencias del desarrollo tecnológico o de la movilidad moderna. En buena medida se trata de acontecimientos prevenibles cuando existen políticas adecuadas de seguridad vial.
Una crisis que golpea sobre todo a los más vulnerables
El rostro más dramático de esta epidemia tiene nombre y edad: niños, adolescentes y jóvenes. Según el Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial 2023 de la OMS, los traumatismos por tránsito son la principal causa de muerte entre las personas de 5 a 29 años.
La tragedia tampoco se distribuye de manera equitativa. Más de la mitad de las muertes ocurren entre peatones, ciclistas y motociclistas, grupos considerados usuarios vulnerables de la vía. Los países de ingresos bajos y medianos concentran una proporción especialmente elevada de las víctimas.
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Desde la perspectiva de la salud humana, un accidente grave puede desencadenar una cadena de consecuencias: amputaciones, lesiones neurológicas, dolor crónico, trastornos emocionales y pérdida de calidad de vida. La emergencia vial, por tanto, no se mide únicamente en muertes, también en sobrevivientes cuyas vidas cambian en segundos.
Los especialistas en seguridad vial han insistido durante años en que no basta con responsabilizar únicamente al conductor. La prevención requiere actuar sobre todo el sistema: diseño de carreteras, velocidad permitida, seguridad de los vehículos, educación vial, cumplimiento de las normas y atención médica rápida después del choque.
América Latina: donde la carretera sigue cobrando demasiado caro
En las Américas, la magnitud del problema mantiene una dimensión preocupante. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 2021 los siniestros de tránsito causaron 145 090 muertes en la región, equivalentes al 12 % de todas las defunciones mundiales por esta causa.
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La OPS advierte que los avances han sido lentos y desiguales. Aunque algunos países han conseguido reducir la mortalidad vial, la región todavía enfrenta importantes desafíos relacionados con la velocidad excesiva, la conducción bajo los efectos del alcohol, la infraestructura insegura y la protección insuficiente de los usuarios más vulnerables.
La propia OPS señala que las personas que utilizan medios vulnerables de transporte, como motos y similares, representan una proporción elevada de las víctimas.
Desde el punto de vista sanitario, cada choque grave genera una cadena de consecuencias: atención de emergencia, hospitalización, rehabilitación, pérdida de ingresos familiares y presión adicional sobre los sistemas de salud.
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Cuba previene
Aunque Cuba posee características particulares por su parque automotor, infraestructura y dinámica de movilidad, tampoco escapa a esta epidemia mundial. Durante 2025 se registraron en el país 7 538 accidentes de tránsito, 750 fallecidos y 6 718 lesionados, según datos presentados por la Comisión Nacional de Seguridad Vial.
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Las autoridades cubanas identificaron como principales factores asociados a los siniestros tres conductas: no respetar el derecho de vía, la falta de atención durante la conducción y el exceso de velocidad, responsables del 72 % de los accidentes registrados en 2025.
Los datos oficiales también muestran la vulnerabilidad creciente de motociclistas, ciclomotoristas y peatones, quienes estuvieron involucrados en el 63 % de los hechos ocurridos durante ese año.
La situación cubana refleja en este caso una tendencia internacional, porque cuando aumenta la presencia de medios vulnerables en las vías, sin una infraestructura adaptada y una cultura vial sólida, crecen también los riesgos para quienes tienen menor protección física ante un impacto.
¿Accidente o siniestro vial?
Durante décadas se habló de “accidentes” como si fueran hechos fortuitos imposibles de evitar. Hoy los especialistas en vialidad y salud pública utilizan cada vez más el concepto de siniestros viales, porque consideran que muchos de estos eventos pueden prevenirse.
Muchos de los accidentes son evitables. Foto ilustrativa: tomada de fiscalia.gob.ec
La estrategia promovida por Naciones Unidas y la OMS plantea un enfoque de “sistema seguro”: si los seres humanos pueden cometer errores, las carreteras, los vehículos y las normas deben estar diseñados para impedir que esos errores terminen en muerte.
El objetivo internacional es reducir a la mitad las muertes y lesiones causadas por el tránsito antes de 2030. La evidencia científica respalda medidas concretas: disminuir velocidades peligrosas, mejorar la infraestructura, garantizar vehículos más seguros, fortalecer la educación vial y asegurar una atención rápida después del choque.
Foto: EFE
La epidemia vial tiene una característica que la diferencia de otras amenazas sanitarias: conocemos buena parte de sus causas y también conocemos muchas de sus soluciones. El desafío pendiente es convertir ese conocimiento en decisiones sostenidas que permitan que millones de personas lleguen vivas a su destino.


