
Foto: Luis Alberto Portuondo
SANTIAGO DE CUBA.- Para honrarle en el día del Centenario de su natalicio, y siendo consecuente con la responsabilidad que entraña custodiar de las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el pueblo de la Ciudad Héroe -que a su propio decir le acompañó «en los momentos más difíciles»-, se congregó en los predios del monolito que las resguarda en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia.
Una ofrenda floral enviada por su eterno compañero de luchas, el Líder al frente de la Revolución General de Ejército Raúl Castro Ruz, fue depositada ante el monumento funerario por jóvenes de esta generación que no lo dejará morir jamás, porque las ideas no se matan.
Encabezada por la miembro del Comité Central del Partido y su Primera Secretaria aquí, Beatriz Johnson Urrutia, la ceremonia fue propicia para entregar a 100 nuevos militantes el carné del Partido Comunista de Cuba, el heredero de la confianza depositada por el pueblo en su Líder Histórico.
A nombre de los que ingresan a las filas, Yasmin Saldívar Montes de Oca, de la Refinería de Petróleo Hermanos Díaz, se refirió «a la responsabilidad que tenemos de continuar la obra de Fidel, nuestro eterno Comandante en Jefe; que significa actuar con su misma firmeza e inquebrantable fe en la victoria. Gracias por tu ejemplo y enseñanzas».
Flores sueltas fueron colocadas por los congregados, que «no le fallaremos a Fidel, por eso vine desde mi finca en las laderas de la Sierra Maestra», acotó el profesor Gregorio Santana Infante uno de los «millones de agradecidos que hoy le acompañan»; tampoco faltó Juan Zamora de la Torre, uno de los primeros choferes, en Santiago, de Fidel y Raúl.
La siembra, en una de las áreas verdes de Santa Ifigenia, del caguairán número 81 que la Sociedad Cultural José Martí concibe dentro de su programa de conmemoración, también honró al mejor discípulo del Apóstol de nuestra independencia.


SANTIAGO EN FIDEL; FIDEL EN SANTIAGO
SANTIAGO DE CUBA-. Es 13 de agosto y gentes de todas las edades -y también de otras nacionalidades- se llegan al cementerio patrimonial Santa Ifigenia. Se cumple el centenario del natalicio del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana y «desde las estribaciones de la Sierra Maestra, donde él lideró al Ejército Rebelde, vine para agradecerle», aseguró Gregorio Santana Infante, «un campesino de humildísimos orígenes que se hizo maestro».
Gregorio se destaca entre la multitud por tener alzada la bandera de la estrella solitaria y una imagen de nuestro Líder Histórico, está rodeado de niños que no perderán la oportunidad de ponerle una flor al pionero mayor y, de paso, «acercarnos a José Martí, que fue el Maestro de Fidel», dijo a Granma la pequeña Alisson María Morales Pérez.
«Solo puedo decirle Comandante en Jefe: ordene», manifestó el combatiente Juan Zamora de la Torre. Y ese sentir se refleja en los rostros y se patentiza en las palabras, «las ideas no se matan, y el principal legado de Fidel Alejandro Castro Ruz es el concepto que nos indica el camino para hacer Revolución», argumentó el joven Carlos Antonio Leyva Isaac, trabajador del Laboratorio Farmacéutico Oriente, un centro vital para el Sistema Nacional de Salud ideado por él.
MÁS DE CIEN VISITAS A «CUBA»
Hasta principios del siglo XX era común decir «voy a Cuba» en vez de «voy o iré a Santiago». Era agosto de 1932, y el pequeño Fidel, con apenas 6 años, llegó a la urbe por vía férrea, en compañía de su hermana Angelita. Fue su primer contacto con una ciudad que le parecía enorme y con impresionantes vistas de la bahía y de la Sierra Maestra desde una modesta casa de la calle Rabí, entre San Carlos y Santa Rita, en la Loma del Intendente, en el famoso barrio de El Tivolí.
En la década del 50 ya estaba convencido de la importancia de Santiago para reiniciar la Revolución de Céspedes y Martí, y encabezó el asalto al cuartel Moncada. En el mes de octubre fue juzgado y se convirtió de acusado en acusador con el pronunciamiento del trascendental alegado de autodefensa La Historia me Absolverá.
El 1 de enero de 1959 entraron los mambises del siglo XX a la capital de Oriente, proclamaron el triunfo de la Revolución y organizaron el primer gobierno revolucionario. Desde entonces, y hasta el 2003, fueron más de 150 las visitas y recorridos de Fidel a la provincia indómita, lo que ha motivado un movimiento de homenaje en cada una de las obras que inauguró o comunidades en las que intercambió con el pueblo.
En la década del 70, la Cuna de la Revolución recibió a varios jefes de Estado, quienes venían acompañados por Fidel. Momento en que desde el aeropuerto Antonio Maceo, por toda la carretera del Morro, Trocha, hasta llegar al Museo 26 de Julio y luego el trayecto hasta la Granjita de Siboney, el pueblo en extensos cordones humanos, daba la bienvenida a su líder y a los visitantes.
Fue aquí, en el 1993, en ocasión de una visita a Santiago de Cuba, cuando inauguró obras como el Centro de Biofísica Medica, que recibió el título de Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana.
Al poblado de El Cobre, visitado por él en su infancia, regresó en varias ocasiones y desde allí, en enero de 1998 ejerció el derecho al voto e intercambió con el pueblo.
Fidel compartió en Santiago la inauguración de hospitales, de embalses como la Carlos Manuel de Céspedes, círculos infantiles, hoteles, el Teatro Heredia, la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, pero también estuvo en momentos difíciles tras el paso de fenómenos meteorológicos y epidemias.
De manos de Fidel Santiago de Cuba recibió la estrella de oro acreditativa del Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo. Aquí mereció reconocimientos nacionales e internacionales como la Orden Angkar, distinción del Estado de Kampuchea; el escudo de la Ciudad y la Medalla Conmemorativa del 50 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Inolvidable su estancia cuando las elecciones, las sesiones del IV Congreso del Partido en el Teatro Heredia, la tribuna abierta en la Plaza de la Revolución, ocasión en que ni la lluvia intensa de toda la madrugada y la mañana, impidió que el pueblo acudiera a esa cita con la Patria, con Fidel, el hombre con una autoridad ganada y algo que todos admiramos mucho: su condición de principal crítico y opositor de lo mal hecho.
Y para sellar ese nexo entre Fidel y Santiago de Cuba, luego de su desaparición física, con un dolor indescriptible, recibimos sus cenizas para ser depositadas en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, y honrarlo y custodiarlo porque él fue y será historia viva e inspiración constante.
Para eternizar ese momento, me apropio de las palabras de la escritora santiaguera Mirna Figueredo: «Y aquí estás, de nuevo en el camino, vuelto polvo de estrellas, fetiche para no olvidar que un día estuviste con nosotros y nos contagiaste un sueño muy parecido a la verdad, tu especial modo de recrear la vida, de ser un don».
Por eso, este 13 de agosto, en ocasión de su centenario, no lo recordamos con tristeza, es un deber de los agradecidos rendirle homenaje y ratificar la continuidad de una obra, fieles a su pensamiento y sentimiento humanista, porque en Santiago de Cuba –ciudad ejemplo de heroísmo, patriotismo y espíritu revolucionario- siempre nos esperará la victoria.

