El Pacto Histórico exige el conteo material voto a voto tras el reñido balotaje, mientras la ultraderecha intenta forzar una victoria prematura
Las urnas cerraron, pero la incertidumbre apenas comenzó. Colombia amaneció el lunes conteniendo el aliento tras una jornada dominical de infarto que dejó al país fracturado a la mitad y sumido en un tenso compás de espera.
El esperado balotaje presidencial arrojó la definición más ajustada en la historia reciente de la nación, registrando una diferencia que no alcanza el uno por ciento entre los dos proyectos antagónicos en disputa rumbo del Palacio de Nariño.
Con el preconteo rápido prácticamente congelado en un empate técnico, la prisa de los sectores tradicionales por celebrar contrasta con la cautela de las fuerzas progresistas, que exigen revisar hasta la última boleta antes de dar la contienda por terminada.
En medio de este escenario de alta tensión, el senador Iván Cepeda llamó a la serenidad y a la calma en todo el territorio nacional. El líder del Pacto Histórico advirtió de manera categórica al candidato opositor, Abelardo de la Espriella, que las fuerzas populares no tolerarán amenazas ni imposiciones en esta delicada fase institucional.
Cepeda reafirmó el compromiso inquebrantable de su movimiento con el diálogo y las vías democráticas, dejando claro que las bases progresistas no se dejarán amedrentar por los discursos de fuerza que buscan acelerar una proclamación anticipada.
La firme posición de la izquierda colombiana se fundamenta en la estrechez del margen electoral. Ante la paridad de los datos, el equipo del Pacto Histórico ya ha interpuesto 57 189 reclamaciones formales y exige a las comisiones escrutadoras la verificación material de los resultados del escrutinio.
La solicitud radica en que el cotejo se realice con los elementos electorales en mano y papeleta por papeleta, evitando limitar el proceso a la simple lectura de las actas de votación recopiladas de forma apresurada durante la noche del 21 de junio.
Esta prudencia institucional de la campaña contrasta con la celeridad con la que el presidente saliente, Gustavo Petro, manejó el flujo informativo durante la jornada.
Petro advirtió temprano sobre fallas en el sistema electoral, lo que ayudó a los testigos de la izquierda a estar más atentos durante la votación, una más para exigir revisar con lupa cada voto.
Respaldo prematuro de Washington
Casi en un abrir y cerrar de ojos, Abelardo de la Espriella pasó de ser un empresario y abogado defensor de polémicos personajes de la élite corporativa a quedar a un paso de llegar a la presidencia de Colombia.
Su vertiginoso ascenso en el balotaje no es casual: responde a una calculada manipulación del descontento social bajo las banderas de la ultraderecha, valiéndose de una retórica punitiva de mano dura y militarización territorial que explota los miedos de los sectores más vulnerables.
Detrás de este empuje se esconde una feroz campaña antipetrista, diseñada para unificar a todas las facciones de la oligarquía tradicional y convertir la votación en un linchamiento mediático contra el gobierno saliente. Una fórmula consolidada gracias a la abierta incidencia de Donald Trump, cuyo espaldarazo le inyectó legitimidad en los grandes medios y amarró el respaldo de las corporaciones transnacionales.
Y fue el propio jefe de la Casa Blanca quien, sin esperar a concluir el recuento legal de los sufragios, utilizó sus canales para convalidar la ventaja provisional de Abelardo de la Espriella. Con un mensaje donde afirmaba que el aspirante de la derecha dura había “ganado y por mucho”, Trump rompió los protocolos internacionales de neutralidad.
La trampa informativa del preconteo rápido
Resulta indispensable aclarar que el conteo rápido difundido por los medios de comunicación la noche de las elecciones es meramente informativo y no tiene valor legal. En Colombia, el único resultado válido ante la ley es el escrutinio oficial que realizan los jueces mesa por mesa, revisando las actas físicas para certificar al verdadero ganador.
La designación formal de un nuevo mandatario depende legalmente de los jueces de la República y del Consejo Nacional Electoral, instancias que deben subsanar las miles de inconsistencias documentadas por los testigos de mesa.
El Pacto Histórico tiene motivos fundados para exigir la revisión material y pausada del material electoral. En las elecciones legislativas de 2022, el escrutinio formal modificó los reportes informáticos preliminares y restituyó al progresismo más de 390 000 sufragios que no se habían contabilizado inicialmente.
Aunque De la Espriella ya se da públicamente como ganador y los sectores de la derecha sostienen que la tendencia del conteo preliminar es irreversible, la historia electoral del país demuestra que la validez de cada voto se dirime con actas en mano en los escenarios institucionales.
Con un panorama tan estrecho, el desenlace de esta reñida contienda dependerá exclusivamente del rigor con el que las autoridades judiciales revisen el material físico, garantizando la transparencia que exige el futuro democrático de Colombia.
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