
La escasez de gas doméstico en Cuba ha llevado a cientos de personas a pasar varios días en la calle con la esperanza de conseguir un cilindro para cocinar, una situación que refleja el creciente deterioro de las condiciones de vida en el país.
En Santa Clara, largas filas se formaron frente a una mipyme autorizada para comercializar balitas de gas en medio de la crisis energética que afecta a la Isla. Algunos compradores permanecieron hasta tres días esperando la oportunidad de adquirir un ticket que les garantizara el acceso al producto.
El costo tampoco está al alcance de la mayoría. Cada cilindro se comercializa por 30 dólares, una cifra que equivale a varias veces el salario mensual de numerosos trabajadores y jubilados cubanos. Para muchas familias, reunir esa cantidad solo es posible mediante remesas enviadas desde el exterior.
La elevada demanda ha provocado además un mercado informal alrededor de las colas. Residentes consultados denunciaron la reventa de turnos por miles de pesos, una práctica cada vez más común en medio de la escasez de productos básicos.
La compra del ticket no garantiza una entrega inmediata. Los clientes deben registrarse, presentar documentación personal y esperar una notificación posterior para recoger el cilindro en un punto de distribución determinado, lo que obliga a realizar nuevas colas y prolonga la incertidumbre.
El fenómeno evidencia una transformación profunda en el acceso a bienes esenciales dentro de Cuba. Productos vinculados a necesidades básicas, como el gas para cocinar, dependen cada vez más del acceso a divisas y de la ayuda económica enviada por familiares residentes en el extranjero.
Mientras el régimen continúa anunciando medidas económicas y nuevas fórmulas de gestión, amplios sectores de la población enfrentan dificultades crecientes para cubrir necesidades elementales. La combinación de inflación, bajos salarios y escasez de combustible ha convertido la adquisición de servicios básicos en una carrera de obstáculos para millones de cubanos.
En distintas provincias del país se repiten problemas similares relacionados con el abastecimiento energético, el transporte y la distribución de productos esenciales, en un contexto marcado por una crisis económica que sigue agravándose.


