Multiplicar las buenas prácticas
La Conferencia Provincial de La Habana dejó abierta una interrogante que atraviesa todo el quehacer sindical: ¿por qué las buenas prácticas desplegadas por algunos organismos en apoyo a la comunidad no logran multiplicarse en otros territorios de la capital y del país?

Para Osnay Miguel Colina Rodríguez, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la Comisión Organizadora del 22 Congreso de la CTC, esta pregunta obliga a que los centros laborales evalúen sus modos de actuación frente a las circunstancias actuales.
En el debate se expusieron inconformidades en cuanto a la afiliación —punto en el que se evidencia un decrecimiento de 231 mil 183 afiliados—, la política de cuadros y el funcionamiento interno. En sus reflexiones Colina señaló que la credibilidad se construye en la práctica. “Somos más creíbles si atendemos mejor a los trabajadores y los representamos como ellos demandan.
“Estamos —precisó—, en medio de un escenario que exige fortalecer las asambleas sindicales, garantizar el papel de contrapartida de la administración y cumplir los Convenios Colectivos de Trabajo.
“El escalón superior de la participación es construir juntos la toma de decisiones, colocando la democracia sindical como eje de todo avance”, resumió. Igualmente, insistió en la creación de espacios de cooperación en el que la familia sindical encuentre acompañamiento real.
Al calor del análisis, hizo hincapié en deficiencias como la aprobación de los planes económicos por debajo de las potencialidades y disponibilidad de materia prima, las utilidades repartidas sin resolver problemas internos y el escaso uso de las energías renovables. Instó a que desde los colectivos laborales cada dirigente sindical debe preguntarse qué más puede hacer por su país y compulsar a los trabajadores.
“El sindicato debe ir al combate y combatir es transformar”, aseveró Colina Rodríguez. De esta manera, la asamblea de afiliados emerge como la mejor herramienta para debatir ideas, tomar decisiones y trazar tareas en aras de mejorar. El reto es convertir cada centro laboral en motor de participación viva, audaz y propositiva, capaz de diseñar planes económicos desde la base y atender las diferencias sociales con justicia. Replicar estas experiencias en otros territorios no es un lujo, es una urgencia, porque la Revolución solo se salva con una clase trabajadora pujante, comprometida y decidida, subrayó.
Convertir la palabra en acción
“Si la organización sindical no funciona, dejamos de aportar al desarrollo económico del país. Funcionar significa que el ejecutivo sindical esté completo, capacitado y preparado”. Con esta sentencia, Misael Rodríguez Yanes, secretario general de la CTC en la capital, puso el dedo en la llaga: la fortaleza sindical comienza en la solidez de sus estructuras internas.
A esa idea se sumó Marlén González Díaz, secretaria del buró sindical de la refinería Ñico López, quien recordó que la unidad es el camino para alcanzar objetivos. Su intervención añadió un matiz concreto: pese a las sanciones que limitan la llegada de materia prima y piezas de repuesto, los trabajadores de esta industria han sabido reinventarse con la adaptación de su tecnología. La unidad, en este caso, se traduce en resistencia productiva.
José Alberto Negrín Colina, secretario del buró extraterritorial de Artex, llevó el debate hacia la cultura. “No tendremos apagón cultural”, aseguró, al enumerar la realización de actividades comunitarias en los barrios. Sin embargo, advirtió que estas experiencias no logran generalizarse y que, sin cuadros preparados, el sindicato pierde representatividad y se estanca.
La autocrítica más incisiva llegó con Jorge Gutiez Sánchez, secretario del buró extraterritorial de nuevos actores económicos. Denunció el decrecimiento en la sindicalización desde el Congreso anterior y llamó a cuestionarse primero si no somos capaces de afiliar.
Cada uno de los planteamientos demostró que el papel del sindicato no depende solo de estructuras o discursos, sino de una presencia permanente en la vida de los trabajadores. Solo así las palabras se convierten en acción y la organización en fuerza transformadora.
Mirarnos por dentro
Lejos de la abstracción y con palabras certeras que ningún dirigente sindical puede obviar si aspira a un diagnóstico sincero, Eugenio Francisco Pérez Rivero, secretario del buró sindical del Hospital Pediátrico William Soler, no se limitó al ámbito laboral: expandió su mirada hacia los problemas sociales que repercuten directamente en la vida de quienes sostienen los servicios esenciales del país.

El delegado realizó un llamado a analizar la efectividad y la productividad laboral, en un contexto en el que las carencias económicas afectan la moral. A pesar de ello, los trabajadores de la salud se sobreponen y cumplen con sus funciones, demostrando que la vocación y el compromiso pueden más que la escasez.
Ese esfuerzo se ha visto acompañado por gestos solidarios de trabajadores no estatales, como los del área comercial del Puente de Calle 100, en Boyeros, y de la Feria de Monterrey, en San Miguel del Padrón, quienes donaron insumos de higiene y utensilios de limpieza para los hospitales pediátricos de la capital.
“No hemos dejado de hacer ni de luchar, conscientes de que cada jornada significa salvar vidas y acompañar a los más vulnerables”, expresó. El señalamiento también se dirigió a la indolencia, la burocracia y la falta de control en niveles intermedios, factores que con frecuencia alteran las condiciones de trabajo y que deben ser atendidos con urgencia. No obstante, en medio de esas tensiones, los logros son palpables: cirugías complejas realizadas con éxito, programas de vacunación sostenidos, atención garantizada aun con déficit de personal.
Eugenio insistió en que el papel del sindicato no es decorativo. Tiene que estar activo en cada centro laboral, a partir de lo cual debe desempeñar sus funciones esenciales: representar y defender a los trabajadores, y también educar y disciplinar cuando sea necesario.
Su intervención, alejada de la simple enumeración de logros colectivos, centró las pautas en la autoevaluación crítica de cuánto se hace. Fue directo: “No son pocas las críticas que se nos hacen en el ejercicio movilizador y de representación de los deberes y derechos de los trabajadores ante los empleadores”. Esa realidad, señaló, merece especial atención para fortalecer la legitimidad y el alcance del movimiento sindical.


