Es diferente. Es único. Es de todos. Es historia. Así llegamos. Así hablaremos. Así defenderemos a Cuba. Nuestra voz. Nuestros problemas. Nuestra lealtad. Nuestro Congreso. La fecha se pospuso y aquí estamos, en las sesiones finales que encuentran retos y nuevos escenarios. Y otra vez nos toca reafirmar la misión que nos diera Fidel: “Ser la columna vertebral de la Revolución”.

Habrá tiempo para debatir sobre funcionamiento interno, política de cuadros, protagonismo de la asamblea de afiliados y cómo repartir mejor las riquezas que se creen en la empresa estatal o privada, ahora que se aprobaron transformaciones económicas y sociales que traen de vuelta fórmulas del mercado no concebidas hasta hoy, pero que son imprescindibles si queremos seguir teniendo un camino hacia el socialismo cubano. No el de libros o de fotocopias. El nuestro.
De eficiencia, utilidades, Convenio Colectivo de Trabajo, medios de protección, recreación sana y merecida, emulación, atención a nuestros héroes del trabajo, capacitación, solidaridad internacional, bancarización y muchos más temas también habrá oportunidad de expresarse, conscientes de que vivimos tiempos en que la defensa de la patria es el primer deber de un afiliado y de cualquier cubano digno ante la amenaza de una agresión militar estadounidense.
El cronómetro indica que la hora ha llegado. Habrá espacios para no olvidar la historia que empezó Lázaro Peña y para sentir la confianza total que siempre nos tuvo Fidel. Para comprender con más calma las alertas de Raúl en cada momento y para recordar al Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés, quien tantas veces nos acompañó con sus consejos, modestia y ejemplo.
Vivamos este Congreso sin fanfarria ni triunfalismo. Los trabajadores esperan de nosotros la representación más fiel. Tienen ustedes la palabra.



