—¡Qué orgullo! —afirmó aquella mujer encargada de cuidar tesoros vivos, mientras Mario Sabines Lorenzo, primer secretario del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba en Matanzas, cruzaba la puerta para felicitar a Luciano Orestes del Sol Cedeño por el Día de los Padres.
La alegría de 103 años de vida inundó la acogedora casita de la Calzada General Betancourt, en el #25410 de la entrada. Luciano sostuvo fuerte la mano de Sabines Lorenzo y también la de Marieta Poey Zamora, gobernadora del territorio, como si en el leve apretón habitara la confianza en que sabrán siempre parecerse a los tiempos.

Permaneció la luz en los ojos, el agradecimiento depositado en el abrazo de un padre joven a otro marcado por el tiempo, y supo de orgullo aquella sonrisa sincera, dispuesta todavía a poner sus manos ante la tarea de cuidar las conquistas de la Revolución.
La marcha no se detuvo, y la mañana joven fue cómplice de otra visita distinguida por la admiración. Allí estaba el coronel de la reserva Raúl Escalona Rosabal, combatiente de la Columna Uno, honrado por la presencia de pinos nuevos en un hogar tapizado de historia.

Mostró recuerdos de 88 peldaños vividos al servicio de la Patria. Contó entonces la satisfacción de ser hijo ilustre de Matanzas, aunque sus raíces permanezcan siempre en su natal Pilón, y lleno de orgullo habló del camino que hoy transitan sus hijos y nietos, semillas plantadas y regadas por él.
Acompañó la conversación el café caliente, la presencia de la bahía enorme al fondo y la postal que sostuvo fuerte y feliz de recibir, en este Día de los Padres, la felicitación del pueblo de Matanzas en manos también de Roger Almeida Rodríguez, presidente provincial de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Matanzas.

Hasta tres padres ilustres llegó el abrigo del pueblo, la postal sinónimo de reconocimiento y la certeza de saberlos importantes y valiosos a pesar del difícil contexto que atraviesa la Isla. Nunca será suficiente, siempre quedará por dar, mas hoy las autoridades de Matanzas marcharon al deber con un abrazo paterno en el pecho.




