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Del cacerolazo a la candela: Las protestas suben de intensidad en Cuba

Del cacerolazo a la candela: Las protestas suben de intensidad en Cuba

El fuego se suma a los cacerolazos como nueva forma de protesta en Cuba: vecinos queman basura y gomas en medio de apagones y colapso sanitario.



Imágenes de protestas en La Habana Foto © Captura de video Facebook / Árbol Invertido

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El fuego se ha convertido en el nuevo lenguaje de la protesta en Cuba.

Lo que comenzó como cacerolazos nocturnos contra los apagones ha escalado hacia una forma más radical de resistencia: los cubanos prenden fuego a los basureros acumulados en sus calles, queman gomas y encienden fogatas en las esquinas, convirtiendo la oscuridad de los cortes de luz en señales luminosas de rebeldía.

Este sábado se reportaron cacerolazos con quema de gomas en San Miguel del Padrón y La Güinera, en La Habana, en la más reciente expresión de una ola de protestas que el medio independiente Árbol Invertido describió en sus redes sociales como «el lenguaje de las protestas en Cuba».

«El fuego se ha convertido en el lenguaje de las protestas en Cuba, un nuevo lenguaje de los cubanos, para enviar señales en medio de la noche insoportable y los apagones. Desde el fondo de un país hundido en la miseria, son las señales luminosas que expanden un mensaje alto y claro: ansias de libertad y rechazo al régimen comunista».

La cronología de protestas con fuego abarca toda la isla y se extiende por meses. Entre el siete y el diez de marzo, vecinos de Marianao quemaron basura para alumbrarse durante manifestaciones nocturnas. Al mismo tiempo, entonaron la letra del himno nacional.

El 15 de marzo, manifestantes incendiaron basureros en el reparto Micro 9 de Santiago de Cuba. Al día siguiente, vecinos de Centro Habana prendieron fuego a basura cerca del Ministerio de Energía en plena crisis eléctrica.

En abril, los incendios se multiplicaron. El nueve de ese mes, la quema de basura en la calle San Nicolás carbonizó la puerta principal de la iglesia de San Judas Tadeo y San Nicolás de Bari. El 23 de abril, el mismo basurero volvió a arder y los bomberos no respondieron; al día siguiente, los Padres Escolapios emitieron un comunicado de urgencia advirtiendo que el templo estaba a punto de incendiarse por tercera vez.

El 28 de abril llegó uno de los episodios más reveladores: vecinos del barrio Reina incendiaron basureros deliberadamente para forzar la llegada de camiones de bomberos y aprovechar su agua, en un momento en que más de 200,000 habaneros carecían de agua potable.

El 13 de mayo fue la noche más intensa desde el 11J de 2021. Vecinos de Santos Suárez describieron que «han dado candela en todas las esquinas», con fogatas, cacerolazos y corte de internet en al menos diez municipios habaneros, mientras el déficit de generación alcanzaba 2,113 MW.

El 8 de junio ardieron las inmediaciones de Infanta y San Lázaro, en Centro Habana. El viernes, las calles de Santos Suárez volvieron a arder con quema de basura durante nuevas protestas por apagones.

El fuego tiene una doble dimensión en este contexto. Es un acto político de desafío visible, pero también una respuesta desesperada al colapso sanitario: los basureros desbordados proliferan por toda Cuba, generando un riesgo real de epidemias.

En 2025, la isla sufrió una de las peores oleadas de dengue y chikungunya de las que se tenga registro, con 65 muertes y 81,909 infectados según la Organización Panamericana de la Salud, y más de la mitad de los fallecidos eran menores de edad.

Las autoridades reconocieron oficialmente la epidemia en noviembre de 2025, y en febrero de 2026 la transmisión de chikungunya seguía activa.

El Observatorio Cubano de Conflictos registró 1,311 protestas, denuncias y expresiones críticas durante mayo de 2026, la cifra mensual más alta conocida, precedida por 1,133 en abril. Este sábado, la Unión Eléctrica reportó una disponibilidad de apenas 1,016 MW frente a una demanda de 2,650 MW, con 1,620 MW afectados.

Para el régimen, estas señales luminosas en la oscuridad de los apagones representan una nueva y preocupante forma de desafío: tan incendiaria como los gritos de «Libertad» y «Abajo la Dictadura» que las acompañan, y mucho más difícil de ignorar.

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