Hace apenas unas horas, la bala de un policía en Mississippi, Estados Unidos, puso fin a la vida de Kohen Wiley, un bebé de apenas un año de edad que viajaba en un automóvil junto a su madre y una amiga. El vehículo fue tiroteado por las “fuerzas de seguridad” a la salida de un supermercado.
Según la versión oficial, la madre del bebé habría robado un paquete de pañales y huía del lugar. Sin embargo, las sobrevivientes aseguran que el ataque fue indiscriminado e injustificado.
El hecho renueva la indignación en la sociedad estadounidense, que, aunque habituada a sucesos de este tipo, no logra acostumbrarse a los tiroteos masivos. En el primer semestre de 2026, el país ha registrado más de 170 tiroteos masivos, según datos de la organización Gun Violence Archive.
La cifra, que incluye incidentes con al menos cuatro víctimas baleadas, refleja un incremento del 45% respecto al mismo periodo de 2025 y confirma que la violencia armada sigue siendo una crisis nacional en una nación que pretende dar lecciones de moral y civismo al mundo.
En lo que va de año se han documentado al menos 14 incidentes con participación directa de policías o fuerzas de seguridad:
•Midland, Texas: 11 heridos, atacante abatido por la policía.
•Filadelfia, Pensilvania: enfrentamiento con tres agentes heridos y el agresor muerto.
•Operativos migratorios del DHS: 11 incidentes con disparos contra vehículos y personas, denunciados por organizaciones de derechos humanos.
Expertos coinciden en que este drástico aumento de la violencia se debe en gran medida al impacto de las políticas del actual inquilino de la Casa Blanca, promotor a ultranza de la militarización de las fronteras y de políticas antiinmigrantes que han llevado incluso a la militarización de ciudades enteras.
También señalan que el controvertido “Corolario Trump” y su retórica de guerra constante legitiman el uso de la fuerza letal y alimentan la polarización política.
Esto coloca al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en el centro de acciones violentas y de masivas protestas en su contra.
Otro miembro de la actual administración, cuyo cargo pareciera no tener relación directa con estos incidentes, pero que ha sido un fiel promotor del uso de armas de fuego, es el actual Secretario de Estado, Marco Rubio. Él ha reforzado la influencia de la industria armamentista.
Los vínculos de Rubio con la Asociación Nacional del Rifle (NRA) son ampliamente conocidos. Su defensa de la doctrina de “promover la paz a través de la guerra” es un claro ejemplo de sus intenciones de exportar al mundo el caos y la violencia que genera el uso de armas de fuego en el país norteamericano.
Sin olvidar su carrera como senador, Rubio continúa promoviendo acciones que dificultan el control y la regulación de armas de fuego dentro de Estados Unidos. Por el contrario, es un fiel defensor de su propagación, que junto a sentimientos xenófobos y racistas, constituyen una de las principales causas de la creciente violencia armada en el país.