Día Internacional de las Personas Cuidadoras. Fotos: Raúl Navarro Fuentes
Hay tareas que no salen en ningún parte oficial, pero sostienen la vida de miles de familias. Estar pendiente de una madre que ya no recuerda, acompañar a un hijo con discapacidad o agarrarle fuerte el brazo a una anciana para que no tropiece al caminar. Eso también es trabajo. Y casi siempre lo hacen mujeres.
Cada 5 de noviembre, el Día Internacional de las Personas Cuidadoras nos recuerda que ese esfuerzo existe, aunque muchas veces nadie lo vea. En Cuba, donde más de una cuarta parte de la población tiene 60 años o más, el cuidado se ha vuelto parte de la rutina diaria.
Y Matanzas no escapa a esa realidad. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) al cierre de 2025, en la provincia la relación de dependencia total es de 731 por cada mil habitantes. Para que se entienda mejor: de esas 731 personas que dependen de alguien, 465 son adultos mayores y solo 266 son jóvenes. Es decir, por cada dos matanceros en edad de trabajar, hay casi un anciano que requiere atención y cuidados.

Basta con mirar a los ojos de una persona mayor para entender la importancia de quien está a su lado. Ese gesto de sujetarle el brazo, de acompañarla cada día, es puro amor. Pero no todo es tan bonito. Detrás de esa mano que sostiene hay, muchas veces, una vida que se frena. Hay quienes en plena edad laboral tienen que dejar el trabajo, renunciar a su rutina y echar a un lado sus propios planes para cuidar a un enfermo o a un anciano.
Y ese sacrificio casi nunca se reconoce. El amor, por sí solo, no alcanza. Quien cuida también se cansa, también necesita descansar, también envejece.

En Matanzas, en municipios como la capital provincial, Cárdenas o Colón, hay muchísimas familias que cada año despiden a un ser querido. Tan solo en 2025, la provincia registró más de 9 000 defunciones, y casi una cuarta parte ocurrió en el municipio de Matanzas. Detrás de cada pérdida queda alguien que necesita compañía, que necesita apoyo para seguir. Y queda, casi siempre, una cuidadora agotada que también necesita que la cuiden a ella.
La fecha invita a algo bien sencillo: preguntarle a esa persona que conocemos que cuida a alguien cómo está. Ofrecerle un rato de descanso. Reconocer que lo que hace importa. Porque tarde o temprano, todos vamos a necesitar de esas manos. Y porque cuidar a quienes cuidan es, al final, la mejor forma de sostener la vida.
