Amílcar Salatti: «Es mejor escribir que leer libros sobre cómo escribir»
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Amílcar Salatti: «Es mejor escribir que leer libros sobre cómo escribir»

Amílcar Salatti es un apasionado de contar historias. Con sus guiones ha logrado trascender en la televisión cubana de los últimos años. Series como “Zoológico” y “Calendario” han dejado en la audiencia deseos de que se hagan más episodios o seriados similares, lo que demuestra la calidad y cercanía de sus palabras con el público. No dejar de mencionar las películas “Inocencia” y “Esteban”, también escritas por él, donde la humanización de los personajes hace valiosas estas producciones del cine cubano actual.

El rol de Salatti no solo radica en escribir historias y argumentos para películas, series, y otras encomiendas. Amílcar se desempeña como profesor del Instituto Superior de Arte (ISA) en Cuba y docente de diferentes talleres en coordinación con varias instituciones cubanas. Aunque escribir es su pasión mayor.

¿Cómo se escribe un guion o cómo lo escribe usted, supongo que cada cual tenga su librito, es así?

— Sí, realmente cada cual tiene su librito y los años te van cambiando el método de trabajo. Cuando empecé me volcaba directamente al guion desde que empezaba hasta que terminaba y realmente era muy trabajoso. Esto por la inexperiencia, aunque el paso de los años lo ha ido cambiando un poco.

He empezado a desarrollar los proyectos poquito a poco. Cuando ya tengo una seguridad con algo, y que creo que puede funcionar, que es una buena historia, entonces ahí ya me lanzo a escribir el guion.

¿Y cómo comenzó en el mundo de escribir?

— De casualidad. Yo soy veterinario. Estaba en un trabajo en que tuve mis problemas y lo dejé. Un amigo mío trabajaba dentro del medio como sonidista y me propuso irme de microfonista. Así empecé.

Como además era un lector empedernido tenía que leerme los guiones para saber dónde poner el micro y me empecé a embullar. Pensé que lo podía hacer. Siempre me había gustado un poquito escribir, tenía el bichito ese y me lancé casi que intuitivamente. La verdad es que no sabía nada sobre el guion, fue una cuestión intuitiva de que todos más o menos sabemos contar una historia. Así empecé, y claro, con la ayuda de muchísima gente he logrado ir desarrollando el oficio por el camino.

Bueno, entonces usted no es un teórico del guion.

— No, para nada.

¿Cuán importante cree que es la teoría? Porque sus textos han trascendido muchísimo a pesar de no ser experto.

— Mira, yo creo que la teoría es importante, nunca voy a renegar de ella, pero no creo que sea imprescindible. También lo cierto es que cuando llegas a un punto de tu carrera sí la vas a necesitar para profundizar, para ir un poquito más allá en el oficio de escribir. Empecé en una época en que la televisión se producía mucho y tuve la oportunidad de escribir mucho. Imagino que habré empezado regular, y habré ido mejorando. Eso me dio la posibilidad de desarrollar rápido el oficio como escritor, pero ha llegado un momento que necesitas profundizar y entonces ahí sí agarré la teoría.

Empecé a leer libros de guion, empecé a dar conferencias por Youtube. En Cuba se dan muy pocos cursos de guion fuera de las escuelas, y entonces yo sí creo que es necesaria, que no es imprescindible, pero hay un momento de tu vida, de tu carrera que sí la necesitas para ir un poquito más allá. La verdad es que no puedes darle la espalda completamente a la teoría.

Para alguien que está comenzando entonces a escribir, ¿qué usted le sugiere?

— Que escriba. Creo que es mejor escribir que leer libros sobre cómo escribir. Yo siempre lo recomiendo cuando tengo alumnos en los talleres, que yo les doy las herramientas principales, pero lo principal es escribir.

La vida te va poniendo en el camino de qué es lo mejor que se te da, si realmente tienes las herramientas para hacerlo durante mucho tiempo. Después obviamente también leer algún que otro libro de guion, pero yo creo que la teoría puede en un momento convertirse en unos sacos de arena, que te vician mucho, que te dan fórmulas, y yo creo que en cuestiones de arte tener fórmulas es un esfuerzo. Esa libertad de escribir intuitivamente, de no guiarte por nada ni por nadie, esa libertad siempre es necesaria en cuestiones de audiovisual.

Sus textos, ya lo decía, han trascendido mucho, porque yo considero que están muy apegados a veces a la realidad nuestra, a la cotidianidad, y yo quisiera entonces saber si esto es una forma de denunciar, si esto es una forma de acercarse precisamente como estrategia al público, o es que considera que el cine precisamente es para eso.

— Yo creo que el público cubano siempre está ávido de reflejar su realidad, porque hay pocos espacios que lo hagan tal cual. Entonces yo trato de acercarme también partiendo de una política editorial, que sé que la televisión llega hasta un punto de esa realidad. A partir de ahí intento llegar lo más lejos que puedo, lo más lejos que me permiten, y ser sincero con eso. Y además de ser sincero, siempre dejar como un granito de esperanza, trato de ver las cosas así. Y sí, es verdad que yo me he acercado mucho a la realidad y lo he tratado de hacer con la mayor sinceridad posible, pero tampoco he logrado acercarme en todo lo que quisiera porque, repito, hay políticas editoriales que sé que la televisión no va a trascender. Uno como guionista sabe que tiene que trabajar hasta un límite, y hasta ahí llegas igual. He tratado de hacer lo mejor que he podido dentro de mis circunstancias.

Bueno, más allá de la ficción también ha hecho “Inocencia”, por ejemplo, y es basado en hechos reales, supongo que conlleva mucha investigación. ¿Cuánto debe investigar el guionista, cuánto debe investigar el director, cómo se maneja en estos casos?

— Cuando tú vas a enfrentarte a un proyecto que está basado en hechos reales, en este caso histórico, la investigación es vital, yo creo que tienes que conocerlo absolutamente todo sobre ese hecho, y a partir de ahí tú decides qué se queda y dónde vas a poner la ficción como herramienta para llegar a la emoción del público y para que esa historia llegue.

Yo creo que en el caso de “Inocencia” tenía mucho de lo que pasó, que no había que manipular tanto la historia para que el público se emocionara. Siento que fue un camino fácil en el sentido de que tenía una historia muy emotiva, pero hay que investigar muchísimo porque no puedes traicionar lo que pasó ahí, no puedes manipular en exceso esa información para entonces hacer sentir una emoción al público. Te tienes que valer de esas zonas que históricamente quedan en lugares grises, que no se sabe si pasó así o de otra manera, porque la historia no ha logrado aclararlo completamente, como en el caso de quién delató a los estudiantes, qué pasó con los abakuás, que quedan en zonas, digamos, que no hay una claridad completa. Esos son los lugares en los que puedes usar un poquito las herramientas de la ficción y llegar un poquito más allá y conectar con el público, pero tienes una gran responsabilidad porque siempre va a haber expertos que te pueden cuestionar lo que estás contando.

Creo que va a la mano de los dos, si responsabilidad tengo yo como guionista también la tiene el director, porque es quien va a llevar esa obra a un fin, a una pantalla y tiene que estar consciente de lo que está contando. Es lo que es, y no algo que yo estoy inventando, o que tenga información falsa o errada, y entonces yo creo que la responsabilidad empieza por mí, pero después la hereda el director y tiene que saber tanto como yo de lo que vamos a narrar aquí.

¿Crees que una historia bien contada y bien escrita es suficiente para el resultado de una producción?

— No, ojalá. Detrás de eso hay un montón de factores. Este es un trabajo coral que lo puedo empezar yo solo, pero después se suman una infinidad de factores que deciden cuánta calidad tiene esa obra. Es decir, que haya un guion bien escrito, digamos que es una base muy sólida, pero eso después por el camino desde el punto de vista productivo, de la capacidad del director, del casting que haga, si termina llevando la obra a un piso inferior. Realmente yo creo que el director tiene mucha responsabilidad en que esa obra crezca a partir de lo que está escrito. Vuelvo y repito, el guion es la base, pero para hacer crecer un edificio, que es la película o el audiovisual que sea, a partir de esa base, son un montón de factores, y en este caso el director tiene una gran responsabilidad.

Amílcar Salatti, siguiendo su propia filosofía, ha creado los cimientos de historias marcadas por los problemas cotidianos de la sociedad cubana actual: pobreza, conflictos familiares, violencia de género, educación en adolescentes y jóvenes, y tercera edad, entre otros. Todo ello, en forma de crítica a la sociedad que vivimos.

Quizás Salatti no sea de los guionistas que más haya estudiado el amplio universo del guion y la escritura, pero su investigación cotidiana y talento para plasmar realidades con palabras lo han llevado al éxito en la ficción.

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