El pueblo somos nosotros mismos
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El pueblo somos nosotros mismos


Lety Mary Alvarez Aguila

Lety Mary Alvarez Aguila

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01 Noviembre 2026

«Le dedico más tiempo a mi trabajo que a mi familia», declaró con sinceridad Osmani García López. A los 57 años tiene mucho para contar; sin embargo, gran parte de su semblanza se dibuja en aquellos espacios donde se creyó más útil. Hoy, algunas palabras de peso acompañan su nombre: presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular (AMPP) en Santa Clara y, como tantas mayúsculas existen en el cargo, han sido mayúsculas las proezas en nombre de la ciudadanía.

Así como muchos cubanos, Osmani pertenece a un sistema que, a lo largo de medio siglo, ha apostado por el ejercicio de la democracia socialista. Los órganos del Poder Popular signiEfican participación, compromiso y defensa de la soberanía. Sus estructuras han convertido al pueblo en protagonista; han preponderado las administraciones locales como peldaño primero de la transformación.

En esa búsqueda de soluciones colectivas se alzan voces dentro de las voces; personas que obran desde el esfuerzo diario ante la tarea desafiante de dignificar a quienes los eligen. Honrar a la población implica asumir sus necesidades y deseos, estar allí en la celebración o la incertidumbre. Tales convicciones han regido la gestión de García López, quien conversó con Vanguardia acerca de sus experiencias y responsabilidades.

«No existe una escuela para funcionarios del Poder Popular. Somos personas comunes de la sociedad que, con el transcurso del tiempo, resultamos elegidos por el pueblo para ocupar las responsabilidades de delegados, presidentes de los consejos populares, presidentes de comisiones permanentes de trabajo y, finalmente, formamos parte de las estructuras del Poder Popular cuando se constituyen las asambleas».

Natural del municipio de Corralillo, García López acumula casi dos décadas en estos órganos. Graduado de Ingeniería Industrial, cursó una maestría sobre nuevas tecnologías de la información en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. Su acervo profesional incluye, además, un técnico medio en Contabilidad y Finanzas, que lo ha ayudado en su formación como cuadro.

Entre Corralillo y Santa Clara se ha desplegado su labor dentro de Poder Popular. En su tierra natal fungió como delegado y asumió la vicepresidencia del Consejo de la Administración para atender la economía. En dicho organismo también se desempeñó al arribar a la capital provincial, donde atendió la vivienda, las construcciones, programas de inversiones y organismos globales.

En el XVI mandato ascendió a la dirección de la Asamblea como vicepresidente y, luego, presidente, cargo que mantiene en la actualidad.

«Han sido muchos años —y difíciles— en el Poder Popular. Viví etapas de fenómenos meteorológicos como el ciclón Irma y la tormenta subtropical Alberto. Recuerdo los desafíos de la pandemia de la COVID-19 como presidente de la AMPP en Santa Clara y como vicepresidente del Consejo de Defensa Municipal. Juntábamos el día con la noche en la misión de salvar vidas y crear condiciones en los centros de aislamiento y las comunidades para la alimentación de estas personas que se encontraban confinadas en sus viviendas.

«Fue una época compleja debido a la carencia de oxígeno y la falta de capacidades en los cementerios. Llegó un momento en el que no teníamos espacio en el cementerio municipal y tuvimos que conversar con las familias para realizar el sepelio en otra localidad. Luego de la pérdida de un ser querido y los instantes dolorosos que enfrentaron, nos tocó la difícil misión de explicarles que no cabían aquí».

A pesar de las duras anécdotas, García López reconoce que la actualidad no tiene punto de comparación con respecto a otras etapas. A decir del líder popular, se trata de una fase sin precedentes.

«Al final, la Revolución siempre ha pasado por momentos difíciles, pero ahora resulta diferente: se nos han cerrado todas las posibilidades financieras como país para ingresar divisas; se han perdido los amigos de Cuba en el tema de la comercialización, hemos quedado prácticamente aislados. En el período especial, cuando se derrumbó el campo socialista, enseguida aparecieron otras opciones.

«Ahora nos hemos visto obligados a luchar con lo que tenemos, emanciparnos nosotros mismos y salir adelante. Debemos dar respuesta a las principales cuestiones que nos demanda la población. Creo que es, en esencia, la función del sistema del Poder Popular: atender a la gente como servidores públicos que somos. Todos los días aparece un reto: levantarnos y pensar cómo saldrá el carro fúnebre o la ambulancia, cómo arreglar averías eléctricas y mantener sistemas de agua, cómo mover los distintos insumos necesarios en Educación y Salud…».

Según el presidente de la AMPP en suelo santaclareño, el no contar con combustibles y recurrir a medios alternativos supone una batalla diaria. Buscar prioridades dentro de las prioridades constituye la hazaña del Poder Popular en la etapa que García López califica como más dura en 50 años.

—¿Y en cuanto al rol del delegado…

—Creo que nuestros delegados son héroes de estos tiempos. Actúan de manera gratuita, sin recursos, sin las posibilidades de otros momentos. Pero están ahí, dan la cara. Por ejemplo, en este proceso de atención a las personas en situación de vulnerabilidad, en todo lo que hicieron durante la pandemia en las comunidades. Pienso que hay que hacerles un monumento a los delegados, porque constituyen la base de nuestro sistema político cubano.

«Cerca del 50 % del Parlamento cubano lo integran nuestros delegados, y más del 70 % de quienes radicamos en los gobiernos somos delegados también. De ahí la relevancia que adquieren. Por eso, todos los días hablamos con los directores para enaltecer la figura del delegado, en aras de poder ayudarlos y acompañarlos. Porque no estamos apoyando solo al delegado, sino a los electores que votaron por él y que él representa».

En su caso personal, la asunción de un trabajo gubernamental lo ha llevado a sacrificar su hogar y su familia. Llegar de noche todos los días y esforzarse de domingo a domingo siempre será insuficiente cuando los problemas se tornan demasiado grandes.

«Desgraciadamente, tenemos que dejar a un lado otras cosas importantes, como los hijos, la esposa, los padres… para recibir a las personas. Nos ha correspondido hacerlo y hay que hacerlo bien. Creo que ese debe ser un principio para nosotros como revolucionarios, militantes del Partido y servidores públicos. Ser delegado o presidente de la Asamblea en estos tiempos significa un gran sacrificio, pero también un honor.

«Cuando hago el recuento del día, pienso en cuántas personas ayudé. Muchas de las reflexiones que he compartido con mis compañeros, mis cuadros o los presidentes de consejos populares, giran en torno a la urgencia de continuar la batalla, pues existe mucha gente esperando por nuestro empeño para resolver sus problemas en estas circunstancias tan difíciles. Uno se siente reconocido cuando alguien agradece».

A juicio del funcionario, el Poder Popular sirve de escuela. No hay carreras ni cursos que sustituyan la cotidianidad. En cada jornada se hace y se aprende.

«No es como un empresario, a quien solo le interesa producir, tener ventas o cumplir un objeto social. Aquí hay muchos objetivos que tienen que ver con la sociedad en su conjunto: desde una empresa con todos sus servicios hasta la recogida de desechos sólidos, la higiene, la educación, el deporte o la recreación. De estas tareas también salimos preparados para otras labores: desarrollar censos de población y vivienda, activar un puesto de mando, encaminar la lucha antivectorial… El mayor desafío para nosotros consiste en enfrentar muchas acciones juntas y que todas vayan a la par.

«A veces, un domingo por la tarde, cuando pensamos que vamos a dedicarle tiempo a la familia, surge una lluvia de 100 o 120 milímetros en una o dos horas. Esto provoca una gran inundación y, en ese minuto, salimos a un barrio o comunidad para buscar la solución de inmediato. Son cosas imprevistas, no estaban planificadas. Siempre debemos pensar que la otra persona lleva la razón, y no tiene la culpa de las mil tareas de uno. Quiere que la atiendan bien».

Osmani atribuye una cualidad imprescindible para todos aquellos que forman parte del sistema del Poder Popular:

«Considero que la empatía es clave, ponerse en el lugar de los demás, para que la gente vea que, aun cuando no haya solución, nos preocupamos y ocupamos de sus problemas. A veces, aunque no se resuelva la dificultad, las personas se contentan con un buen trato».

—¿Qué representa el pueblo para usted?

—En estos tiempos el pueblo se ha hecho más grande. El imperialismo yanqui todavía no entiende cómo, bajo estas condiciones, Cuba sigue ahí; cómo resiste ante la adversidad y el impedimento de que los ciudadanos puedan cocinar, lavar su ropa, alimentarse o ir al trabajo. Si bien no contamos con la totalidad de las personas a favor de la Revolución, la mayoría sigue del lado del proceso revolucionario.

«El pueblo es el gran protagonista de toda esta obra. El pueblo somos nosotros mismos. Por eso todavía vamos masivamente a un 1.° de Mayo en apoyo a la Revolución, porque seguimos creyendo en la Revolución».

Osmani debe concluir su mandato el año próximo. No obstante, queda en su conciencia la vocación de ser útil a la patria donde más se necesite. Corresponde renovar las direcciones de las asambleas y capacitar a los que siguen, con el propósito de garantizar la continuidad del proceso.

Agradece a todas las personas que lo han acompañado en estos años y menciona a dos paradigmas esenciales para Villa Clara y Cuba.

«Para los villaclareños, la figura de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, actual primer secretario del Partido y presidente de la República, siempre ha sido muy importante por el sistema de trabajo que nos inculcó y que todavía lleva a la práctica en el país. Los que ya peinamos canas tenemos que agradecerle lo que somos.

«Juan Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, también nos inspira. Cada vez que nos reunimos o conversamos con él nos deja una enseñanza. En los intercambios sobresale su manera coloquial de sugerir cosas y hacer la crítica correspondiente; lo logra como un maestro».

Osmani desearía sentarse en las gradas del estadio Augusto César Sandino a disfrutar de la Serie Nacional de Béisbol, asistir a una obra de teatro o ver un espectáculo artístico, pero su deber le resta tiempo para esas actividades. El amante de los deportes y la música confiesa que debería invertir más tiempo en su familia y su salud personal. Quiere mejorar en esos aspectos, pero su territorio lo llama.

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