Una mayoría que la presión estadounidense no pudo quebrar
El rechazo al bloqueo volvió a imponerse pese a la campaña estadounidense para reducir el apoyo a Cuba. La participación personal de Marco Rubio en esas gestiones figura en el comunicado del Departamento de Estado sobre su conversación con el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, el 13 de octubre. En esa llamada pidió coordinar posiciones en Naciones Unidas y sostuvo que el Gobierno cubano no realizaría las reformas que Washington reclama mientras creyera contar con respaldo internacional.
A esa actuación diplomática se sumaron las denuncias de coerción formuladas por Rodríguez. En su comparecencia del 21 de octubre, el canciller acusó al Departamento de Estado, incluido su titular, de presionar a gobiernos y delegaciones para modificar sus votos. Según su denuncia, las amenazas comprendían restricciones de visados, sanciones comerciales y económicas, aranceles punitivos y suspensión de programas de cooperación. Reuters recogió esas acusaciones e indicó que el Departamento de Estado no respondió de inmediato a su solicitud de comentarios.
La campaña no logró impedir una nueva aprobación de la resolución. Esa es la dimensión comprobable del revés diplomático: la exigencia de poner fin al bloqueo conservó la mayoría, aun bajo un clima de presión denunciado públicamente por Cuba.
Bruno llevó el debate a la vida cotidiana
En su discurso de este miércoles, Rodríguez buscó mostrar el costo cotidiano de las sanciones. Exhibió un contador que, según la estimación del Gobierno cubano, acumulaba más de 22,9 millones de dólares de daños en un día. El dispositivo había comenzado a funcionar el martes, al iniciarse el debate. La cifra fue presentada como una medida de las pérdidas que continúan produciéndose mientras los Estados deliberan.
«El bloqueo mata y castiga silenciosamente a nuestra población como nunca antes».
Bruno Rodríguez Parrilla, durante su intervención ante la Asamblea General.
La fuerza de ese planteamiento estuvo en vincular el balance económico con las necesidades de las familias. Según la crónica de Anadolu, el canciller se refirió a la escasez de bienes esenciales y a su impacto sobre la alimentación y la atención en los hospitales. El centro de su denuncia fueron las vidas afectadas por las restricciones.
Ese énfasis dio al discurso un sentido humanitario: detrás de cada dificultad para importar combustible o conseguir un medicamento hay necesidades concretas que quedan sin atender. Las consecuencias para la población ocuparon así el centro de su intervención antes de la votación.
El cerco energético agrava el daño humano
El debate de este año estuvo marcado por el endurecimiento de las restricciones energéticas. En su cobertura previa a la votación, UN News recogió la advertencia del coordinador residente de Naciones Unidas en Cuba, Francisco Pichon, sobre la crisis de energía y el riesgo de colapso humanitario. La información también señaló las alertas de la Organización Mundial de la Salud sobre las consecuencias sanitarias de la falta de energía.
La ONU informó de que, en mayo, sus responsables habían señalado el aplazamiento de más de 100.000 intervenciones quirúrgicas. Ese antecedente ayuda a entender la urgencia del reclamo presentado en la Asamblea y la relación entre suministro energético y servicios esenciales. La disponibilidad de electricidad y combustible tiene consecuencias directas para la atención médica.
Rodríguez sostuvo ante los Estados miembros que Cuba no constituye una amenaza y situó el peligro en las medidas que afectan la vida de su población. Su intervención trasladó así la discusión sobre sanciones al terreno de las necesidades básicas y de la responsabilidad política por sus consecuencias. [1]
Las cifras que acompañan la denuncia cubana
La exposición se inscribe en el informe que La Habana presentó en septiembre para sustentar su reclamación ante Naciones Unidas. Según las estimaciones oficiales cubanas, entre el 1 de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026 las pérdidas atribuibles al bloqueo ascendieron a 8.083,3 millones de dólares, un 7 % más que en el período anterior. El daño acumulado desde el comienzo de esa política fue calculado en más de 178.700,5 millones de dólares a precios corrientes.
Al presentar ese balance, Rodríguez explicó que el período estudiado solo incorporaba el primer mes de efectos de las restricciones energéticas anunciadas a finales de enero. Por ello, la estimación anual no abarca todo el impacto posterior del cerco sobre el suministro de combustible. Son cálculos del Gobierno cubano, que forman parte de su argumentación económica y diplomática.
Soberanía frente a la asfixia económica
Rodríguez denunció que Washington pretende someter a Cuba y controlar su economía. Sostuvo que el cerco de combustible amenaza a la población y busca asfixiar a un Estado soberano. También rechazó el empleo de la fuerza para imponer la paz.
«Ningún pueblo merece el sufrimiento que hoy se nos impone».
Bruno Rodríguez Parrilla.
La frase concentró el reclamo de respeto a la vida y a la independencia que atravesó ese tramo de su intervención.
La respuesta a Washington y el alcance de la resolución
El discurso se produjo un día después del enfrentamiento entre Rodríguez y el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz. Durante la sesión del martes, Waltz pidió a las delegaciones votar contra el texto y acusó a las autoridades cubanas de utilizar el respaldo a la resolución como apoyo a su Gobierno. Rodríguez rechazó esa posición y denunció que Washington buscaba justificar el castigo económico a la población.
El proyecto examinado por la Asamblea reafirma la igualdad soberana de los Estados, la no intervención y la libertad de comercio y navegación. También cuestiona los efectos extraterritoriales de medidas como la ley Helms-Burton. Ese contenido sitúa la discusión en principios que conciernen al conjunto de los países miembros.
La resolución es no vinculante: su aprobación no levanta automáticamente las sanciones ni modifica por sí misma la legislación estadounidense. Su alcance es político y diplomático: renueva el pronunciamiento internacional a favor de terminar con esa política.
Resistencia, diplomacia y un reclamo que sigue en pie
Los 130 votos favorables representan una mayoría amplia, aunque inferior a los 165 apoyos de 2025, cuando hubo siete votos contrarios y doce abstenciones. La oposición y las abstenciones crecieron, pero la iniciativa volvió a ser aprobada. La reducción del respaldo no alcanzó para revertir la condena mayoritaria al bloqueo.
Para Cuba, conservar ese respaldo tiene un significado que trasciende el recuento. Puede leerse como un reconocimiento a la resistencia de su pueblo y a la defensa sostenida de su diplomacia, así como a la decisión de los Estados que mantuvieron su rechazo al bloqueo en un escenario de presión.
La mayoría internacional volvió a reclamar el fin del bloqueo. El desafío pendiente es que ese pronunciamiento se traduzca en cambios concretos para la vida del pueblo cubano.
