Suelo decir con frecuencia que las horas de servicio eléctrico, pocas o muchas, no son las adecuadas para irrumpir en el hogar de nadie, pues son las «horas con corriente» las que deben invertirse, sin perder un segundo, en la cocción de los alimentos o en cualquier labor que requiera la presencia de ese fluido.
Algunas personas, casi siempre con todos sus problemas resueltos, gracias a la posesión de paneles solares, ecoflows y otros medios, parecen no darse cuenta e invaden casas de amigos y compañeros, a veces para filosofar sobre cualquier cosa, o contarles historias nada importantes que muy bien podrían contarse en horas de apagón, o cuando ya todos los menesteres del afectado estén resueltos.
He visto una persona trajinando intensamente con la olla arrocera, los frijoles, el picadillo…mientras la otra persona, desde la comodidad de la butaca o el sillón, le cuenta que Fulanita o Esperanceja se divorció de Fulano o Zutano, o que Pedro se separó de María y ahora anda viviendo en otro pueblo, mientras la otra parte apenas le presta un mínimo de atención.
Y he visto que, después de tronchar con una interminable perorata la labor de la persona visitada, el visitante, cuando ve que la luz se esfuma, se levanta, dice un: «hasta luego, otra vez llegó el apagón», regresa a las comodidades de su hogar y deja al visitado con muchas de sus faenas al garete, ya sea cocinar, lavar, trabajar en una computadora… y a veces, ni siquiera es capaz de brindarle una mano generosa, para compartir los servicios de su imponente panel o su ecoflow.
De ambas partes es justo que miren la dura realidad de hoy y la enfrenten del modo más lógico y práctico: el tiempo del servicio eléctrico no debe perderse en asuntos que bien podrían ventilarse o solucionarse, en horas de apagón, que no son pocas.
En esas horas adversas pueden acometerse infinidad de tareas en casa: limpiar, fregar, tender las camas, eliminar ar los regueros, sacudir el polvo, limpiar el patio y el jardín, escribir a mano, comprar lo que pueda comprarse para la comida y el aseo… y hasta para ir a conversar (algo importante, de modo breve) en casa de un amigo o vecino, porque tampoco se trata de renunciar a la socialización entre seres humanos, en un tiempo donde mucha falta nos hace a todos los cubanos.
«Ni poco ni demasiado, todo es cuestión de medida», cantaba el argentino Alberto Cortez. Y es muy cierto. Cada uno debe saber hasta dónde ayuda, o perturba a los otros en su pelea diaria por la existencia.
En cualquier tiempo debe saberlo; pero ahora más, porque arreciaron las exigencias del quehacer diario y es justo, por tanto, que tratemos siempre de ser camino y nunca la molesta piedra contra la que se choque.
The post Reglas para la vida en horas de apagón appeared first on Artemisa Diario.

