
El aire matinal de la Plaza del Himno huele a historia. También a pólvora antigua, a madera de guitarra, a cuero de tambor y a esa rebeldía , como si la ciudad conservara en cada rincón la respiración de sus hijos ilustres.
Este 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana, Bayamo volvió a cantar a la patria. Lo hizo desde la memoria de Perucho Figueredo, autor de la música y letra de La Bayamesa; desde la estatura moral de Francisco Vicente Aguilera; desde la voz anónima de quienes, han convertido la música y la palabra en formas de resistencia.
A la plaza acudieron las raíces diversas de la nación: el tambor africano, la guitarra española y la sangre mambisa. Allí estuvieron también la décima improvisada, el punto cubano con el derecho a reconocerse.
La celebración tuvo, además, la presencia simbólica de Fidel Castro, en el año de su centenario, y de “Palabras a los intelectuales”, cuando afirmó el respeto a la libertad formal para la creación artística y literaria.
Su llamado volvió a resonar con la fuerza de una convocatoria vigente : “Vamos a despertar una irreconciliable querella contra la incultura y vamos a batirnos contra ella”.
En representación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, su vicepresidente nacional, Yuris Nórido Ruiz Cabrera, entregó la distinción Arte Fiel a instituciones de la cultura granmense.
Recibieron el reconocimiento: el Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes, custodio de una memoria imprescindible; la Casa de la Nacionalidad Cubana, espacio de reflexión sobre los orígenes y la identidad del país y el Comité Provincial de la Uneac, por su defensa a la creación artística y literaria.
En cada reconocimiento estaban los jóvenes de la Asociación Hermanos Saiz, los archivos, museos, las investigaciones, los escenarios, talleres y voces que sostienen la cultura en medio de las dificultades.
Estaba también la certeza de que la nación se construye tanto en las grandes gestas como en la labor cotidiana de quienes preservan una pieza, escriben un verso, entonan una canción o levantan una idea frente a la indiferencia.
Las palabras centrales estuvieron a cargo del historiador y ensayista bayamés, radicado en La Habana, Ernesto Limia Díaz quien afirmó:
“Desde esta tierra sagrada en la que nací, y en la que tantos hombres y mujeres construyeron un país y una cultura devenida símbolo de la nación, defendemos lo que un día dejaron nuestros próceres”. La frase resumió el espíritu del encuentro.
Bayamo volvió a mirarse en sus raíces. Aquí, en la Plaza del Himno, justamente el Día de la cultura cubana el mensaje quedó implícito; mientras una guitarra suene, la décima improvisada convoque a la memoria y alguien entone el Himno nacional con el corazón erguido, Cuba seguirá cantando cada día.

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