Sus 125 años se celebran no solo como una fecha institucional, sino como la continuidad de un compromiso: conservar la palabra escrita, para que Cuba pueda seguir leyéndose a sí misma y compartir, con el mundo, la verdad y el saber.
Juventud Rebelde
Entre volúmenes, manuscritos, mapas, periódicos e imágenes que atraviesan siglos de historia, la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNCJM) celebra este domingo 125 años de fundada, convertida en uno de los más importantes santuarios del saber y la memoria de la nación.
La felicitación llegó también desde el Parlamento cubano. Su presidente, Esteban Lazo Hernández, reconoció al colectivo de la institución, «que atesora el patrimonio bibliográfico nacional».
Alpidio Alonso Grau, ministro de Cultura aseguró en la red social X: (…) «Felicitamos a los trabajadores de esta prestigiosa institución, que tanto ha hecho y sigue haciendo por la cultura. Las bibliotecas tienen mucho que hacer en las batallas culturales del presente y el futuro».
El 18 de octubre de 1901 resultó el origen: la institución fue fundada en el Castillo de la Real Fuerza y, en sus inicios, apenas ocupaba un pequeño salón y contaba con una modesta colección de libros, entre ellos los donados por su primer director, el enciclopedista, bibliógrafo y periodista Domingo Figarola Caneda, quien permaneció al frente de la institución hasta 1920.
A aquellas primeras contribuciones se sumaron, con el paso del tiempo, valiosos fondos entregados por destacadas figuras de la intelectualidad cubana, como Antonio Bachiller y Morales, Francisco Sellén y Manuel Pérez Beato; así comenzó a crecer un patrimonio que, más que una acumulación de ejemplares, constituye un relato múltiple del país.
No fue, sin embargo, un camino exento de dificultades. Durante determinados períodos, la desidia oficial provocó el deterioro de la institución y puso en riesgo sus colecciones; entonces, la Sociedad Amigos de la Biblioteca Nacional permitió denunciar aquella situación y defender la necesidad de preservar para el Archipiélago un escenario cardinal para la cultura.
En 1959, la Biblioteca quedó finalmente instalada en el inmueble que ocupa en la actualidad, en la avenida Independencia y 20 de Mayo, en el municipio habanero de Plaza de la Revolución. Con el triunfo de enero del propio año, sus objetivos y funciones fueron redefinidos bajo la dirección de la Doctora María Teresa Freyre de Andrade; el tesoro documental, organizado y catalogado, al tiempo que se ampliaron las posibilidades de acceso para lectores, investigadores y creadores.
Hoy, la BNCJM custodia más de cuatro millones de ejemplares, entre libros, revistas, periódicos, mapas e imágenes; sus colecciones abarcan documentos fechados desde el siglo XV hasta el XXI, procedentes de autores cubanos y extranjeros, publicados dentro y fuera de nuestras fronteras.
Su misión principal es salvaguardar el patrimonio bibliográfico nacional en sus diversos soportes y garantizar que ese legado permanezca disponible para las generaciones presentes y futuras. En sus salas, la historia deja de ser una abstracción: aparece en una página, en una firma, en un mapa antiguo o en la huella de un lector que alguna vez buscó respuestas entre sus estantes.
Declarada Monumento Nacional el 30 de junio de 2021, la institución posee un elevado valor histórico, artístico, ambiental y social. Es, además, un referente de la Bibliotecología cubana y un faro cultural que ha acompañado el crecimiento intelectual de varias generaciones.
El Ministerio de Cultura destacó que la Biblioteca atesora «siglos de historia», mientras el Ministerio de Educación Superior la definió como guardiana de la memoria y el conocimiento. Sus 125 años se celebran no solo como una fecha institucional, sino como la continuidad de un compromiso: conservar la palabra escrita, para que Cuba pueda seguir leyéndose a sí misma y compartir, con el mundo, la verdad y el saber.
Biblioteca Nacional de Cuba José Martí: guardando el alma de una nación
Alhija Villalón Veliz
Radio Rebelde
Si hay un lugar en La Habana donde el tiempo se detiene y las páginas susurran historias de siglos, ese es la Biblioteca Nacional de Cuba. Una de las primeras sedes de la institución, y sobre lo cual poco se conoce, fue en un salón del Castillo de la Real Fuerza, donde se estableció desde el 18 de octubre de 1901.
En un mundo donde lo digital avanza a pasos agigantados, la BNJM ha sabido equilibrar tradición e innovación, convirtiéndose en un referente imprescindible para investigadores, estudiantes y amantes de la cultura. Acompáñanos en este recorrido de la historia de una institución con más de 100 años.
De un castillo colonial a la Plaza de la Revolución: una historia de resistencia

Los inicios de la Biblioteca Nacional fueron modestos: 3.000 volúmenes donados por su primer director, Domingo Figuerola Caneda, marcaron el arranque de una colección que hoy supera el millón de piezas. Pero el camino no fue fácil. Incendios, traslados precipitados y la humedad del trópico pusieron en riesgo tesoros irrepetibles.
Fue en 1952 cuando se colocó la primera piedra del edificio actual, en la emblemática Plaza Cívica (hoy Plaza de la Revolución), por iniciativa del intelectual Fernando Ortiz y en honor al natalicio de José Martí.
Cinco años después, en 1957, la institución se mudó a su sede definitiva: una torre de 15 pisos diseñada con criterios modernos de iluminación, conservación y acceso público.
Tras el triunfo revolucionario de 1959, la doctora María Teresa Freyre de Andrade redefinió su misión: ya no bastaba con guardar libros; había que democratizar el conocimiento.
Así nacieron departamentos especializados, la Escuela de Técnicos de Bibliotecas (1962) y una red nacional que llevó servicios bibliotecarios a los rincones más apartados del país.
Salas que son mundos: un viaje por sus colecciones especializadas
Una de las grandes fortalezas de la BNJM es su organización por salas temáticas, cada una con identidad propia y fondos únicos. Aquí algunas que no te puedes perder:
– Colección Cubana «Antonio Bachiller y Morales»: El corazón del patrimonio bibliográfico nacional. Aquí se resguardan libros, folletos y prensa de los siglos XVIII y XIX, además de la invaluable Colección Martiana.
– Sala de Música «León-Murguecia»: Un paraíso para melómanos. Conserva partituras manuscritas originales de Nicolás Ruiz Espadero y Gaspar Villate, así como la obra completa de Ernesto Lecuona.
– Sala de Arte «Wifredo Lam» y Sala de Etnología «Fernando Ortiz»: Espacios dedicados a las artes visuales y las raíces culturales afrodescendientes e indígenas de Cuba.
– Sala «Frank Emilio» para personas con necesidades especiales: Un ejemplo de inclusión, con recursos adaptados para garantizar el acceso universal al conocimiento.
Para acceder a estos fondos, basta con registrarse como usuario y solicitar el carné correspondiente. El personal especializado está siempre dispuesto a guiar tu búsqueda.
Del papel a la pantalla: la transformación digital de la BNJM
En la era de la inmediatez, la Biblioteca Nacional no se ha quedado atrás. Desde el año 2000 impulsa su Biblioteca Digital, que permite consultar en línea parte de su patrimonio documental.
Además, forma parte de redes internacionales como la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano (BDPI) y dLOC, ampliando el acceso global a sus colecciones.
Aunque los desafíos tecnológicos y económicos persisten —especialmente tras la crisis de los años 90—, la institución ha reiniciado publicaciones clave como la Revista de la Biblioteca Nacional y fortalecido sus catálogos en línea.
Más que libros: por qué la BNJM sigue siendo relevante hoy
En tiempos de desinformación y contenidos efímeros, la Biblioteca Nacional de Cuba representa un faro de rigor, preservación y acceso crítico al conocimiento. No solo custodia el pasado: impulsa talleres, conferencias, exposiciones y programas de lectura que forman nuevas generaciones de ciudadanos conscientes.
Como escribió el poeta Miguel Ojeda en un homenaje reciente: «Biblioteca Nacional / con Cuba como apellido». Esa esencia —ser guardiana y promotora de la identidad cubana— es lo que la mantiene viva, útil y necesaria.

