El diésel ruso y sus interpretaciones
Cadena Agramonte Portada

El diésel ruso y sus interpretaciones

La Habana, 19 oct.- Unos aplauden y ven con optimismo que se levanten –aunque sea temporalmente, hasta abril del 2027– las injustas sanciones petroleras impuestas por EE. UU. a Rusia. Otros, fundamentalmente en la Unión Europea, han arremetido contra el mandatario estadounidense y exigen más restricciones a Moscú. Y muchos –quizás la mayoría– observan con cautela el desenvolvimiento, ante la algarabía mediática creada.

Desde Moscú se informó que «el petróleo ruso ha comenzado a llegar a los mercados globales, lo que tendrá un efecto positivo para su estabilización».

Días antes, una conversación telefónica entre el presidente ruso, Vladímir Putin, y el estadounidense Donald Trump, fue el detonante.

La noticia no pocos la consideran «una jugada política de última hora por parte de Trump», a pocos días de las elecciones de medio término que, según las encuestas, lo «tienen entre las cuerdas».

Podría decirse que el republicano de la Casa Blanca acudió al líder ruso en busca de un «salvavidas» que le levante los números a su favor, cuando varias encuestas, especialistas y algunos medios de su entorno, aseguran la más baja aceptación por votantes, tanto demócratas, republicanos o independientes.

El asunto es que, según la casi totalidad de encuestas, el Partido Republicano perdería con total seguridad el control del Congreso y, con bastante probabilidad, también el del Senado. De darse ese doble resultado, el Presidente estadounidense tendría que gobernar los dos años que le quedan de mandato legislativamente atado de manos. Sus rivales podrían incluso intentar destituirlo.

No creo que la llegada del diésel ruso para «llenar» las agotadas reservas estratégicas de Washington, podría considerarse un problema resuelto con el citado acuerdo, como tampoco considero que la subida del precio del combustible en las gasolineras estadounidenses, puede quedar resuelto con este plan. Hay abierto otros frentes en los que se desarrollan guerras –militares o arancelarias–, y aunque a diario el mandatario aparezca en sus redes sociales y otros medios hablando de sus triunfos, la verdad parece contradecirlo.

Se realizan acciones verdaderamente criminales, apartadas por completo de las leyes internacionales, como la voladura de lanchas de pescadores que ya han dejado más de 230 muertos en 78 embarcaciones ametrallas, y sin elemento probatorio alguno para aceptar el calificativo de «traficantes de drogas» con los que han bautizado a sus víctimas.

De igual forma atacan a un país, le secuestran a su Presidente, matan a varias decenas de combatientes que lucharon hasta morir, y luego asegura el ejecutor de esa «obra criminal» que, por ser el vencedor, puede apoderarse del petróleo de la nación ultrajada.

Tienen a su haber el hacerle una guerra de agresión a Irán, inventando las mentiras más viles y matando con su carga de metralla al líder supremo del país y parte de su equipo, a más de 120 estudiantes, casi niños, que acudían a su escuela, y otras muchas acciones. También a Irán van en busca de sus grandes recursos energéticos: gas, petróleo y otros.

Y no por casualidad, los más críticos del acuerdo entre Moscú y Washington para el suministro de diésel, son los que, dentro de la Unión Europea, y en medio de una feroz campaña de rusofobia, aplican cientos de sanciones contra la nación eslava, y otras tantas contra la República Islámica de Irán.

Son ahora los más críticos con el acuerdo ruso-estadounidense, aunque quizás en su interior puedan aquilatar que el mundo de nuestros días debe ir al diálogo y no a la confrontación.

Tampoco ese mundo debe olvidar o descuidar, aunque sea por un instante, que al enemigo fundamentalista, racista y fascista que ejerce el poder en Washington y que se atribuye ejercerlo en todo el planeta, pueda cambiar su modo de actuar, solo por el hecho de llenar los tanques de su casi agotada reserva, del diésel necesario, como para amortiguar una angustiada economía y un combustible caro, todo en detrimento de los ciudadanos estadounidenses. (Texto y Foto: Granma)

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