Desde su concepción la Brigada de Instructores de Arte José Martí (BJM) ha constituido un eslabón fundamental en la promoción de valores artísticos en las comunidades, un nexo formativo para inculcar el amor y el interés por las artes a nuevas generaciones de niños y adolescentes, y un enclave en el desarrollo del sentido de pertenencia y el asentamiento de las bases de la identidad. El buen hacer de sus integrantes y la disposición para asumir los desafíos contemporáneos en cada rincón de la geografía cubana han sido constantes de la BJM desde su fundación.
A tono con ello, y con la quintaesencia fundacional de la Brigada, su presidente nacional, Carlos Alberto Castillo Mojena, refiere el sentir a propósito de estos veintidós años en los cuales el trabajo de los instructores, más allá de la educación y la formación, ha impartido un soplo original y necesario de humanidad a las aristas menos visibilizadas que componen el tejido de la realidad en la Isla.

¿Cuál es la identidad de la Brigada y qué importancia tiene para la educación artística en el país?
La identidad de la Brigada estuvo definida desde su fundación el 20 de octubre de 2004, en la Plaza Ernesto Guevara, en Santa Clara, cuando nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz definió los objetivos y funciones de los instructores de arte, integrantes del ejército de la cultura y el humanismo.
¿Cómo ha enfrentado la Brigada los cambios acontecidos en el país y en qué medida ello ha influido en la orientación del trabajo de esta hacia las comunidades?
La Brigada José Martí se ha crecido ante los nuevos retos que el contexto histórico social ha impuesto en la Cuba de hoy. No se concibe la programación de nuestros barrios y comunidades sin la presencia de los instructores de arte y su movimiento de artistas aficionados. Esto ha servido para repensar nuevas formas de hacer, y buscar alternativas que perfeccionen la labor de los brigadistas y nos acerquen más a los procesos comunitarios que se suscitan desde la base.

A su juicio, ¿cuáles han sido los cambios más importantes de la Brigada para orientar el rol de los instructores de arte en la consolidación de proyectos e iniciativas artísticas?
Entender el poder transformador del arte, como principal excusa de lo que realizamos como facilitadores de los procesos de apreciación y creación artística. Reconocer la necesidad de actualizar nuestros documentos rectores ha formado parte de la construcción y consolidación de proyectos e iniciativas propias de nuestro movimiento, que han surgido por la necesidad de estar y sentirnos como esa familia que somos. Asumir responsabilidades de dirección a todos los niveles ha sido uno de los cambios más fuertes e importantes para nuestra brigada, y ha servido para crecernos y demostrar la valía de nuestra profesión en la Cuba actual.
En tal sentido, ¿qué perspectivas tiene la superación profesional de los instructores de arte en relación a las ideas iniciales de la Brigada?
Apostar por la superación constante de nuestros brigadistas, convertirlos en profesionales más capaces para enfrentar los desafíos que hoy acompañan a nuestra sociedad y a los grupos etarios con los que trabajamos cada día, supone la articulación de la brigada con las instituciones culturales y otras que tengan relación con nuestra labor. Continuar enalteciendo la hermosa profesión de enseñar arte al pueblo, es la principal relación con las ideas fundacionales de nuestro movimiento y la superación de sus miembros.

¿Qué no debe faltar para que la BJM continúe siendo un pilar del movimiento cultural en el país?
Considero que la relación con los organismos, organizaciones e instituciones afines con el encargo que nos asiste y con nuestro desempeño como coordinadores de procesos culturales debe acompañar los principios que conducen la labor de la brigada como movimiento, con cierta autonomía y reconocimiento social. Perfeccionar y actualizar los documentos normativos que rigen nuestro funcionamiento orgánico servirá, además, para continuar apostando por una brigada que se parezca más a su tiempo, sin perder las esencias para lo que fue creada.
¿Qué ha significado la Brigada para usted a título personal?
La Brigada José Martí ha sido el crecimiento profesional y personal que nunca esperé y que poco a poco fui descubriendo en cada proceso. Ha sido una familia que me propone una vida constante de retos y desafíos, impuestos por la realidad de conducirla y a la vez ser parte de ella. Se es brigadista hasta el final, no importan las tareas o funciones que cumplamos en el futuro. Cada uno de nosotros lleva en sus venas la sangre brigadista y eso está por encima de cualquier título o responsabilidad que se asuma”.


