El orgullo de lo auténtico
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El orgullo de lo auténtico

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Bárbaro Dane, en uno de sus conciertos en La Habana.
Foto: Calvito

Un disco en memoria de alguien debe contener una carga de emotividad creativa que sobrepase con creces el valor sentimental que pudiera matizar el proyecto.

Es evidente que el guitarrista, compositor y cantante Osamu Menéndez conocía sobradamente el peso de semejante observación en el momento de grabar el disco dedicado a su abuela, bajo el título Un tributo para Barbara Dane; ella, toda una leyenda del blues.

Acompañado, entre otros, por personalidades del rock como el cantante Willie Chambers, y del jazz, como la pianista Tammy Hall, Osamu cuenta con el entorno sonoro apropiado y entrega el extra imprescindible que toda obra musical requiere para sobresalir entre cierta lamentable mediocridad, que tanto abunda.

Por ejemplo, si en el caso del son tradicional nos molesta el escuchar a quienes asumen su interpretación desde una ostensible indiferencia, con el blues sucede otro tanto, si no se es capaz de otorgarle ese inconfundible sabor que ha inmortalizado al género desde hace décadas.

Y en el caso del disco que nos ocupa, desde que escuchamos los primeros acordes de Every day I have the blues, a cargo de Chambers, entendemos que se nos ha hecho una invitación para disfrutar del blues en un ámbito de coherente autenticidad.

Semejante aura de satisfacción no solo se debe al natural desenfadado en el cantar de Willie o la impecable interpretación de la guitarra en tono de blues a cargo de Osamu, ni tampoco solamente por el justo sonido de la armónica de su padre, Pablo Menéndez.

Es por la apasionada concreción alcanzada en el conjunto de la obra desde esa habitual intensidad expresiva que se les exige a los músicos de blues, cualidad imprescindible para poder creer en ellos.

Baste la relevancia plasmada en los dos últimos temas titulados Things are so slow y I just want to make love to you en las voces de Pablo y de Willie, respectivamente, para certificar que alguien como nuestra entrañable Barbara Dane, incansable promotora de la amistad entre los pueblos de Cuba y el de Estados

Unidos, tendría que estar muy orgullosa de que su nieto la honrara con una obra discográfica de alta valía artística, en la cual participan tanto músicos estadounidenses como cubanos, como a ella le gustaba poner en práctica durante sus conciertos cada vez que nos visitaba.

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