El panorama varía un poco, pero la situación epidemiológica de la Isla de la Juventud continúa siendo compleja. Todavía las personas enferman, algunas acuden al médico porque la fiebre no cesa como tampoco el dolor detrás de los ojos, los vómitos y el malestar general.

Quienes hemos padecido dengue y otras de las enfermedades que hoy circulan por el territorio y el resto de las provincias del país, sabemos de los estragos que estas le ocasionan al organismo, incluso, varios pacientes han pasado por estados graves y críticos; otros lamentablemente han hasta fallecido.
Sin embargo, aún la población no se ha concientizado en toda su magnitud sobre cuán dañinas pueden ser estas enfermedades provocadas por ese minúsculo insecto. Subestimamos su picadura y su efecto. Lo digo porque prima la indolencia, indiferencia y las indisciplinas sociales.
Al respecto, se habló en la reciente reunión de sostenibilidad, donde se conoció que en estos momentos los consejos populares con mayor focalidad son 26 de Julio y Sierra Caballos; ahí continúan apareciendo casos febriles, ello no descarta la posibilidad en otras demarcaciones porque no todas las personas con sintomatología acuden a las instituciones médicas.
El Aedes aegypti anda a sus anchas, no solo porque estos meses sean los más propicios para su proliferación sino porque nosotros favorecemos su hábitat.
Por una parte, a la Empresa Comunales, le resulta imposible cumplir con los ciclos de recogida de desechos sólidos debido a su deprimido parque automotriz y la escasez de combustible. No obstante, busca alternativas con el sector no estatal. Ya el reparto Juan Delio Chacón es testigo de la experiencia que se intenta extender hacia otras comunidades. Por otro lado, pululan las indisciplinas sociales, la insensibilidad y la pasividad de la ciudadanía.
Es cierto que existe una entidad a cargo de la higienización. Le corresponde y tendrá que, en medio de las más adversas condiciones, continuar buscando alternativas para concretar su encargo social, pero… y nosotros qué, y la población, hasta dónde llega su deber y responsabilidad.
Sinceramente, no podemos continuar volteando la mirada “porque eso no me toca” o “no es problema mío”. La higiene comunal sí nos corresponde como nos compete mantener limpio y chapeado el patio o las áreas verdes de los edificios multifamiliares, que por cierto ya hasta esas labores que tanto unieron a la vecindad nos molesta.
Sí, nos compete echar los desperdicios en los pocos contenedores que van quedando, pues en ocasiones los dejamos en cualquier esquina, la calle o la acera cuando estos todavía no están ni desbordados, y si lo estuvieran, entonces qué trabajo cuesta amarrar bien la jaba o el saco para dejarlo bien posicionado a su alrededor y así evitar esos basureros que afean y apestan por la vecindad.
Lo más lamentable es que todas estas actuaciones son las que enseñamos a los muchachos, quienes no solo crecen en medio de tantas carencias y necesidades sino también con esa ausencia por lo estético y lo bello.
Sigo pensando que aún en medio de esta severa crisis económica, donde se pone difícil desde el alimento hasta la fumigación y los insumos médicos queda mucho por hacer no solo por la higiene de la Isla sino por la salud y el bienestar de nosotros mismos.Otros artículos del autor:


