El mundo a través de otros sentidos
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El mundo a través de otros sentidos

Quienes experimentan sinestesia pueden percibir conexiones entre estímulos sin relación espontánea para el resto de las personas


¿Y si un día de la semana compartiera una misma esencia con un mes, un clima o un color? Para algunas personas, noviembre, un jueves lluvioso, el frío y el azul oscuro pertenecen a una atmósfera común. No necesitan ver ese tono ante sus ojos ni imaginar una escena concreta: basta con reconocer la sensación que une esos elementos.

Estas correspondencias forman parte de la sinestesia, un fenómeno neurológico en el cual ciertos estímulos o conceptos desencadenan percepciones adicionales. Las letras y los números pueden asociarse con colores; los sonidos, evocar tonalidades; y las palabras, despertar sabores. La vivencia varía de una persona a otra y no siempre se manifiesta como una imagen nítida.

¿Cómo surgen estos vínculos? ¿Por qué una letra adquiere un color propio? La ciencia estudia estas experiencias para comprender los mecanismos de la percepción y las distintas formas de procesar el mundo.

Un estímulo, más de una sensación

Solemos organizar la percepción en categorías independientes: vemos colores, escuchamos sonidos, distinguimos sabores y sentimos texturas. En la sinestesia, sin embargo, algunas de esas vías se conectan de una manera particular. Según un artículo publicado en 2002 en Nature Reviews Neuroscience, que analiza el fenómeno desde la neurociencia cognitiva, un estímulo logra desencadenar una experiencia perceptiva adicional; por ejemplo, asociar ciertos sonidos con colores o letras con tonalidades específicas.

Una característica notable de estas asociaciones es la estabilidad a lo largo del tiempo. Un individuo puede vincular la letra A con el rojo y mantener esa correspondencia durante años, mientras otra la relaciona con el verde. No existe un código cromático común a todas las personas sinestésicas: cada cual establece sus propios vínculos.

Conviene distinguir este fenómeno de las asociaciones figuradas. Si para una persona una voz es cálida o una canción es melancólica, esto forma parte del lenguaje cotidiano y, por sí solo, no indica sinestesia. La diferencia está en la conexión involuntaria y constante entre un estímulo y una experiencia perceptiva adicional.

Sus múltiples manifestaciones

La sinestesia adopta múltiples formas. / pictoline.com

Esta condición no se presenta de un solo modo. Una de las variantes más documentadas es la grafema-color, en la cual letras o números suscitan colores específicos. Mientras      que para un individuo el cinco puede ser amarillo, otro lo verá azul, surgiendo estas asociaciones tanto al observar los caracteres impresos como al evocarlos mentalmente.

Otra expresión vincula sonidos con colores: música, voces o ruidos desencadenan sensaciones visuales cuya intensidad y forma varían según el sujeto. Asimismo, existe la modalidad léxico-gustativa, la cual permite a palabras habladas o escritas evocar sabores concretos sin mediar contacto físico con el alimento. Existe, además, quienes sitúan secuencias temporales (días o semanas) en posiciones espaciales precisas.

Tal diversidad plantea un reto a la ciencia: hallar rasgos compartidos sin asumir un origen único. En el estudio How do Different Types of Synesthesia Cluster Together? Implications for Causal Mechanisms, publicado en 2022 en la revista Perception, Jamie Ward y Julia Simner analizaron 164 variantes a través de las respuestas de 2 925 participantes. Los hallazgos subrayan la complejidad de elaborar una clasificación universal capaz de abarcar todas las expresiones de este procesamiento sensorial.

El interior del cerebro

¿Por qué un estímulo activa una vivencia adicional ausente en la mayoría de la población? La neurociencia propone varias explicaciones. Una de ellas, la hipótesis de la activación cruzada, sugiere una comunicación excepcional entre regiones cerebrales encargadas del estímulo inicial y de la sensación asociada. En la modalidad grafema-color, por ejemplo, se investiga la interacción entre las áreas vinculadas al reconocimiento de caracteres y aquellas implicadas en el procesamiento cromático.

Otra teoría concede importancia a los circuitos de retroalimentación. Según este planteamiento, la información circulante entre distintas regiones favorece la aparición de una representación sensorial extra. Ambas posturas forman parte de un campo de estudio dedicado al análisis minucioso de las conexiones y la actividad de diversas zonas cerebrales.

Sin embargo, la evidencia disponible no ofrece aún una respuesta definitiva. Una revisión crítica de estudios de neuroimagen, publicada en 2015 en Frontiers in Human Neuroscience, examina investigaciones estructurales y funcionales, y señala la existencia de limitaciones metodológicas y falta de resultados consistentes. Los autores no lograron confirmar una diferencia generalizada de conectividad funcional que distinga claramente a los grupos sinestésicos de otros sujetos de comparación.

Este escenario no representa un callejón sin salida, sino un llamado a la cautela. La multiplicidad de vivencias registradas exige prudencia al interpretar los mecanismos cerebrales implicados en esta fascinante forma de percibir la realidad.

Una ventana a la percepción humana

Wassily Kandinsky, pionero del arte abstracto, exploró las correspondencias entre música y pintura. Algunos investigadores consideran que sus experiencias podrían ser indicios de sinestesia, aunque esta interpretación sigue siendo objeto de debate científico. / picnic.media

Más allá de ver colores al escuchar una melodía o saborear una palabra, la sinestesia plantea una interrogante profunda sobre la coincidencia entre la experiencia propia y la ajena. Este fenómeno trasciende la mera curiosidad sensorial y nos recuerda la inexistencia de un molde idéntico para la realidad en cada mente.

La ciencia demuestra que tales asociaciones resultan automáticas, precisas y estables, mantienen estrechos vínculos con la memoria y la imaginación. A pesar de ello, su origen neurológico exacto continúa bajo estudio, debatiéndose diversas hipótesis sobre la hiperconectividad entre áreas sensoriales.

Esta condición no representa ninguna capacidad superior, pues consiste en una manifestación más de la diversidad cognitiva humana. Analizar sus variantes ayuda a comprender los mecanismos mediante los cuales el cerebro procesa, clasifica y ordena los estímulos cotidianos.

Para la mayoría, una canción se limita al sonido y una letra carece de gusto; para otros, tales correspondencias definen la cotidianidad. Asomarse a este universo confirma la diversidad perceptiva, devolviéndonos a una de las incógnitas más fascinantes de la neurociencia: cómo construye cada mente su propia experiencia del mundo.

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