Lo que alguna vez parecía únicamente fruto de la ciencia ficción, la tecnología de los chips implantables y las interfaces cerebro-computadora, se acerca cada vez más a la vida real, permitiendo a personas con graves enfermedades discapacitantes comunicarse y caminar con mayor libertad.
Así lo indican dos investigaciones publicadas en la revista Nature Medicine.
El desafío ahora es trasladar estos resultados al ser humano y, al mismo tiempo, afrontar una competencia tecnológica internacional en la que Europa corre el riesgo de quedar rezagada frente a Estados Unidos y China.
«La investigación en neurotecnologías ha avanzado muchísimo también en Europa, pero todavía es necesario superar diversas barreras relacionadas sobre todo con los aspectos regulatorios», dijo a ANSA Luca Berdondini, investigador senior del Instituto Italiano de Tecnología (IIT) de Génova, que trabaja en este sector.
«Europa —continuó— debe dotarse de soluciones que faciliten, respetando todos los aspectos éticos, el paso de la investigación a la aplicación clínica. Algo está cambiando, pero debemos reaccionar rápidamente para posicionarnos entre Estados Unidos y China, que están creciendo muchísimo».
La velocidad de estos avances queda reflejada en los dos resultados recién publicados.
En el primer estudio, dirigido por Sergey Stavisky y David Brandman, de la Universidad de California en Davis, una interfaz cerebro-computadora fue utilizada durante dos años y desde su propio hogar por un hombre con parálisis severa y dificultades para hablar debido a la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
Hasta el momento, la investigación involucra a una sola persona y serán necesarios más casos para extraer conclusiones definitivas. Sin embargo, «el estudio es extremadamente interesante -comentó Berdondini- porque demuestra que es posible pensar en llevar dispositivos implantables al hogar. Es un paso adelante importante, aunque todavía queda por verificar hasta qué punto este enfoque puede generalizarse a otras personas».
La segunda investigación, liderada por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y el Hospital Universitario de Lausana (CHUV), se centra en un chip combinado con inteligencia artificial que permitió a 40 pacientes con enfermedad de Parkinson caminar mejor y de manera autónoma.
Coordinados por Jocelyne Bloch y Eduardo Moraud, de la EPFL y el CHUV, los investigadores utilizaron IA para desarrollar decodificadores que trabajan en tiempo real: interpretan directamente a partir de la actividad cerebral los movimientos que la persona pretende realizar y utilizan esas señales para calibrar la estimulación eléctrica en cuestión de segundos, haciendo mucho más adaptable a las circunstancias una técnica que se utiliza desde hace más de 30 años.
En ambos casos, concluyó Berdondini, «el desafío es llevar al ser humano los resultados de la investigación. Estas tecnologías están creciendo y, sin duda, desde la llegada de Neuralink de Elon Musk se ha producido un cambio de ritmo. Estos resultados representan sin duda un estímulo para las empresas que desarrollan estas tecnologías, porque constituyen una demostración clave de que se trata de un camino viable».