
Foto: José Llamos Camejo
Maisí, Guantánamo. —El calor persiste y la lluvia -aún ligera pero en ascenso- se hace reiterativa. Los cambios de la conducta atmosférica modifican la coloración de los cafetales y aceleran el ritmo de la zafra en el extremo oriental de Cuba.
Semanas atrás, el rojo y el amarillo -indicativos de la densidad de granos maduros- escaseaban entre ramas cundidas de frutos verdes en plantaciones de Maisí, segundo municipio cubano mayor aportador de café. Hoy ese cuadro es completamente distinto.
La conjunción de humedad y de altas temperaturas han elevado a más de 25 000 latas la maduración en este emporio cafetalero, que hoy concentra más de dos tercios del cerezo maduro en la actual etapa de la cosecha en el Alto Oriente.
La situación exige de los recogedores, rendir al máximo sin descuidar la calidad. El café maduro no sabe de espera; o lo recogen a tiempo, o se gotea. Según los caficultores, hay una sola manera de evitarle el suelo como destino: recoger cada día la quinta parte (el 20%) del volumen de granos listos.
Deberle una unidad porcentual a esa demanda de recogida diaria puede parecer insignificante. Pero, proporcionalmente aplicado a la maduración de estos días en Maisí, las pérdidas de ese 1% superarían las 250 latas cada jornada.
Una contienda cafetalera amenazada por severas carencias de combustible, transporte y otros recursos que limitan el movimiento de fuerzas recogedoras, obliga a enfrentarla con soluciones comunitarias, y «así lo hacemos los maisienses».
Lo anterior lo comentó a Granma Leonildes César Lores, jefe de la zafra en el municipio. «Con medios de tracción animal -abundó- trasladamos el producto de los cafetales a los puntos de acopio; de estos a la despulpadora nos apoyan vehículos de la empresa BioCubacafé».
Maisí ya almacena más de 106 toneladas (t), y calcula que se aproximará a las 200; casi el 36 % del volumen total (557) que la provincia de Guantánamo se propone acopiar. Para ello, deben aportar más de 100 000 latas.
Las jornadas por venir serán determinantes tras esa meta.
Lo más prometedor, y a la vez la mayor amenaza para la zafra cafetalera, empezó este mes y se extiende al que viene. Los termómetros y pluviómetros suben juntos; la humedad y el calor desatan continuos brotes de maduración.
En octubre como en noviembre, es el ahora o nunca. Si aparecen lluvias intensas, típicas de esta etapa, al café le urgirá que lo salven en los ocho municipios cafetaleros del Alto Oriente y demás alturas que lo alojan en el país.


