La bandera de La Demajagua
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La bandera de La Demajagua

Cuba

Bandera de Carlos Manuel de Céspedes, enarbolada el 10 de octubre de 1868 en la Demajagua, expuesta en el Musdeo de los Capitanes Generales en La Habana.
Foto: Archivo

Tremenda confusión se planteó en Cuba en 1928 con la bandera original de Céspedes al enviarnos España la que —según ella— era «bandera que alzó en Yara el jefe cubano Carlos Manuel de Céspedes», lo que hacía dudar sobre la legitimidad de la que desde 1902 se mostraba en sitio solemne en la Cámara de Representantes cubana, y venerábamos como la enseña genuina con que el Padre de la Patria inició nuestra primera guerra independentista.

Antes de analizar cómo nació la bandera que hoy cumple su centenario, qué caminos corrió y cómo se esclareció aquella confusión, es oportuno señalar, a modo de antecedentes orientadores, que antes de que entrara en nuestra Historia, la bandera de Céspedes —también conocida por «la de La Demajagua» o «la de Yara» —otras le precedieron en su objetivo de ser símbolo de la nación cubana.

En 1809-10 en la conspiración de fines independentistas que dirigían Román de la Luz, Luis F. Basave y el abogado Joaquín Infante, en el proyecto de Constitución que había redactado el último planteaba que «la bandera nacional será un tricolor horizontal, verde, morado y blanco…». La idea parece que nunca se llevó al lienzo.

En 1823, en la conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, se llegó a confeccionar una bandera para Cuba formada por un rectángulo con ancha orla roja que bordeaba otro rectángulo obviamente menor, azul turquí y en su centro, en color dorado, un sol —con cara humana—rayos.

Hay versiones de proyecto de bandera cubana en la conspiración de la Mina de la Rosa Cubana (1847) y en el proanexionista Club de La Habana.

Y en 1850 Narciso López desplegó en Cárdenas la actual bandera cubana.

CÓMO SURGIÓ LA DE «LA DEMAJAGUA»

El 10 de Octubre de 1868 se registraba el histórico episodio del ingenio «La Demajagua» en el que Carlos Manuel de Céspedes hizo enarbolar una bandera distinta, ideada por él, aunque prácticamente era igual que la de Chile, excepto en el detalle de la inversión de los colores azul y rojo.

Aquella bandera que se desplegaba en nuestros campos y que marcaba el inicio de estos Cien Años de Lucha que conmemoramos, fue confeccionada por la joven y bella criolla Candelaria Acosta (Cambula), hija del mayoral de la hacienda de Céspedes, y tuvo por abanderado a otro joven cubano, Emilio Tamayo, que había sido quien trazara el diseño de la estrella que se utilizó como molde o patrón.

La premura con que fue hecha dicha enseña unida a la inexperiencia de la improvisada costurera, «Cambula», y a la poca tela de que se pudo disponer, motivaron que resultara una bandera de singulares cualidades: casi cuadrada (1.30 m por 1.25), con algunas imperfecciones, con la estrella algo irregular y situada arbitrariamente, y las costuras también irregulares.

Se cuenta que Céspedes trató de conseguir tela apropiada y de colores correctos en Manzanillo, pero al fracasar la gestión, hubo que apelar a los recursos disponibles en tan premioso momento, y la que debió ser tela roja fue sólo de un rosado subido que se obtuvo de un pedazo del cielo de un mosquitero; la tela azul —que debía ser turquí— fue de tono celeste tomada de un vestido de la propia costurera. La tela blanca se tomó de un retazo que se guardaba para un corpiño.

¿Por qué Céspedes escogió ese modelo parecido al de Chile? Hay varias versiones, entre ellas, la del reconocimiento de los revolucionarios cubanos hacia aquel hermano país que se había ofrecido para colaborar en nuestros esfuerzos independentistas.

AL CORRER LOS AÑOS

Tras estrenarse esa bandera en La Demajagua, el citado 10 de Octubre, al día siguiente acompaña a aquel primer núcleo insurgente en la acción de Yara, donde recibiría su bautismo de fuego.

Días después surge la primera reproducción de la ya gloriosa enseña de La Demajagua y de Yara, cuando el 17 de octubre el patriota «Perucho» Figueredo —que dos días antes se había entrevistado con Céspedes en Barrancas y había conocido la bandera que ideó y desplegó éste— ordenó en su ingenio «Las Mangas» a su hija Candelaria Figueredo (Canducha) que confeccionara otra igual. Esta segunda bandera tendría por abanderada a Canducha, que la desplegaría en ocasión en que los bisoños pero enardecidos insurrectos cubanos celebraban la torna de Bayamo.

Otra reproducción de la de Céspedes se confeccionaría en aquellos memorables días, la de seda, mayor que las dos antes mencionadas, salida de las hábiles manos de otra joven cubana, Felicia Marcé Castellanos, bandera esta que fue bendecida por el sacerdote criollo Diego José Batista, en el solemne Te Deum efectuado en la Iglesia Mayor de Bayamo en ocasión de los actos para celebrar el triunfo de la toma de la ciudad.

Fueron tres, pues, las banderas hechas en ese octubre, que expresaban la idea dada por Céspedes.

En la Asamblea Constituyente de Guáimaro celebrada en abril de 1869 se acodaba que la bandera que debía simbolizar la Revolución en toda la Isla fuese la que levantara Narciso López (la del triángulo rojo) y que la gloriosa bandera de Bayamo (es decir, la ideada por Céspedes) se fije en la sala de sesiones de la Cámara de Representantes de Cuba y se considerase como una parte del tesoro de la República.

Pasaban, pues, a categoría de reliquias históricas la original enarbolada en La Demajagua y Yara y las copias que de ella se confeccionaron.

El 18 de octubre de 1871 Céspedes enviaba dentro de un tubo de latón la primera bandera a su esposa, Ana de Quesada y Loynaz, residente entonces en Nueva York, y en carta le decía:

«… te envío mi bandera de Yara, perteneciente a la división de Bayamo, para que la guardes con cuidado religioso hasta mejores días».

Desde entonces, la esposa de Céspedes —viuda desde el 27 de febrero de 1874 en que éste cayera en San Lorenzo— conservó en su poder la preciada reliquia, la que sólo se exhibía en público en cada aniversario del 10 de Octubre.

Al terminar la dominación española en Cuba, la viuda de Céspedes regresó a su patria y trajo la gloriosa enseña.

El 21 de mayo de 1902, a las 24 horas de estrenarse la República, la Cámara de Representantes recién constituida determinó considerar «vigente para siempre el honroso acuerdo de la Constituyente de Guáimaro» y, además, «inquirir con la respetable viuda del héroe de Yara, dónde se encuentra dicha histórica enseña para dar cumplimiento al referido acuerdo, y en caso de no obtenerse la primitiva bandera, que se haga una idéntica».

El 4 de julio de ese año, en solemne acto efectuado en el hotel «Pasaje», en la capital, la viuda y el hijo de Céspedes cedieron esa joya de la patria. Entre los firmantes del acta levantada aparecían Ana Quesada viuda de Céspedes, Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, Salvador Cisneros Betancourt, Manuel Sanguily, José Ma. Izaguirre. José Lacret Morlot, Pelayo García, Fernando Figueredo…

Se colocó desde entonces ese significativo pabellón en la sala de sesiones de la Cámara de Representantes, hoy hemiciclo «Camilo Cienfuegos» de la Academia de Ciencias de Cuba, en un ala del Capitolio Nacional.

ESCLARECIMIENTO DE UNA CONFUSIÓN

En cuanto a la confusión que se produjo con la bandera original del 1868, sesenta años después, el caso fue sensacional.

Cuba había conseguido que el gobierno español devolviera 51 reliquias de nuestras guerras independentistas que se conservaban en el Museo de Artillería de Madrid, y en la relación correspondiente España consignaba «8.—Bandera que alzó en Yara el jefe cubano Carlos Manuel de Céspedes…»

Surgía gran confusión… Se abría seria duda sobre la confianza y seguridad que teníamos de que la bandera enarbolada por primera vez en La Demajagua y bautizada con sangre en Yara era la cedida en 1902 por la viuda de Céspedes, y que en severo marco se hallaba en el hemiciclo cameral cubano… La confusión generaba gran conmoción pública… La prensa se hizo eco de sonadas polémicas.

Por suerte, vivía aún «Cambula», con más de setenta años que no habían podido quitarle lucidez a sus juicios. Desde Santiago de Cuba donde residía fue trasladada a La Habana y en emotivo acto reconoció como bandera original, salida de sus manos, la que ocupaba sitial de honor en la Cámara de Representantes.

NO QUEDABA DUDA

La que devolvía España era de lanilla, con la estrella de seda y cordón dorado con borlas de lo mismo, y medía 1.50 m. por 1.29 m. La que confeccionó «Cambula», como ella misma enfatizó, era de telas corrientes, sin cordón ni borlas, más pequeña y casi cuadrada, debido a las circunstancias ya señaladas anteriormente.

Se sacó en conclusión que la que retornaba de España era la que se confeccionó en el ingenio «Las Mangas», de «Perucho» Figueredo, el 17 de octubre, donada a la Cámara de Guáimaro, que cayera después en manos españolas en ocasión de un asalto de éstas en una finca camagüeyana donde había sido escondida con ciertos documentos.

Página del periódico Granma del 10 de octubre de 1968. Foto: Eydis Pérez Echarte

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