En el libro Secreto de generales, obra del periodista Luis Báez, el general de Cuerpo de Ejército Ramón Espinosa Martín, ejemplifica la valentía demostrada por los internacionalistas cubanos durante la guerra de Angola, contando sobre el Guajiro Rosales, que en medio de un fuerte bombardeo arriesgó la vida moviéndose de un sitio a otro, sin dejar de buscar la mejor posición para ubicarse y hacer fuego. Se trata de Luis Rosales Rodríguez.
Nació en La Palma, Pinar del Río, en 1935, pero residió en Candelaria durante muchos años y hasta su muerte. La dura niñez del hijo de una familia campesina, pobre y honrada; le curtió el recio carácter, firme determinación y arrojo personal que lo hicieron un gladiador de siempre, en todos los frentes: la clandestinidad, el Ejército Rebelde, la Lucha Contra Bandidos, movilizaciones durante los combates de Playa Girón, la Crisis de Octubre, como combatiente internacionalista y en tareas de la defensa.
Guillermo Noa Izaguirre, maestro y amigo del Guajiro Rosales, precisa que en varias conversaciones con él, este reconoció: “No me resultó difícil identificarme con la línea insurreccional de Fidel. Animado por mi hermano Felipe, me uní a una célula del Movimiento 26 de Julio. Participé en diversas acciones y en la organización de la Huelga del 9 de abril de 1958, hasta mi incorporación al Ejército Rebelde en el Frente guerrillero de Pinar del Río”.
Integró la columna 1 Orlando Nodarse, subordinado al comandante Dermidio Escalona, jefe del frente guerrillero.
René González Novales, lo conoció en esa etapa y lo recordaba siempre como “un tipo corajudo. No lo pensaba dos veces para meterse de pecho en la pelea. Lo dejó claro en los combates de Seboruco, San Andrés y Las Pozas, donde se batió en grande. En la tropa lo admiraba todo el mundo, jefes y soldados, por esa mezcla que tenía de nobleza, aplomo y temeridad. Ese guajiro se portó guapo de verdad”.
Solo después del triunfo de la Revolución, dentro de las Fuerzas Armadas, cursó los primeros estudios de nivelación y accedió a varios cursos políticos, táctica y mando en diversas instituciones, hasta obtener nivel académico equivalente a la enseñanza Media Superior y Universitaria.
Otro de sus amigos, el investigador Rodolfo Llano Concepción, explicó que “antes de eso, el Guajiro Rosales cumplió unas cuentas misiones y tareas, con total entrega. En la prisión provincial de Pinar del Río fue jefe de Guarnición. Eran tiempos en que algunos pretendían tomar venganza con varios presos que tuvieron vínculos con la tiranía y se implicaron en abusos y torturas.
“El Guajiro, con valentía y autoridad, estableció el orden adecuado y no lo permitió. Presos y guardias lo respetaban, porque era justo, pero no tenía miedo. Donde él estaba se hacían bien las cosas. De Prisiones pasó a la sección de Lucha Contra Bandidos, a solicitud del mítico capitán Manuel Borjas. Resultaron muy valiosos allí sus conocimientos del teatro de operaciones y visión táctica y estratégica de la lucha guerrillera”.
Se desempeñó también como cuadro de mando y jefe de Operaciones de varias unidades. Estuvo al frente de tropas movilizadas en días previos y durante la invasión mercenaria por Playa Girón y la Crisis de Octubre.
Ángel Sánchez Sosa, presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Candelaria, resaltó que “el Guajiro era un oficial guapo y disciplinado. Tanto es así, que en 1975 fue de los primeros asesores cubanos que llegaron a Angola, subordinados a Espinosa Martín. En aquella misión resultó herido y fue todo coraje. No por gusto, cuando concluyó recibió la Medalla de Combatiente Internacionalista de Primera Clase y Fidel lo felicitó”.
Tras su regreso a Cuba, trabajó como jefe del Primer Regimiento de Infantería, en Bahía Honda. Llegó a ser un oficial de toda confianza para el alto mando de las FAR y dirigió con éxito un Centro de Preparación Especial de las Fuerzas Armadas. Una unidad de importancia estratégica en el entrenamiento de personal que luego cumpliría misiones especiales, dentro y fuera de Cuba.
María Isabel Hernández, combatiente y trabajadora de la Dirección Provincial de Campismo, subraya que tras su licenciamiento con el grado de coronel en 1987, no descansó. Trabajó en tareas de la defensa, fue miembro del Comité Municipal del Partido y colaboró con las organizaciones políticas y de masas, en especial con la ACRC, de la que fue uno de sus fundadores en 1993, en la provincia de Pinar del Río.
Luis Rosales Rodríguez falleció el 22 de septiembre del año pasado. Emocionado, el profesor Felipe Morejón Cárdenas, rememora su partida física y legado: “El pueblo entero lo sintió, fue un deceso que conmocionó a quienes lo conocimos… y hasta los que no lo conocieron en vida. Era un hombre de leyenda por su valentía y nunca hizo un alarde. Formó una familia ejemplar, siempre se dio a querer, muy modesto, se comportaba como el más sencillo de los humanos”.
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