Hay comunidades pineras donde llegar no siempre es fácil.
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Hay comunidades pineras donde llegar no siempre es fácil.

Hay comunidades pineras donde llegar no siempre es fácil. Kilómetros de camino separan a sus habitantes de servicios que, para otros, están mucho más cerca. Y cuando se trata de personas vulnerables, esa distancia puede convertirse también en una dificultad para recibir aquello que necesitan.

Por eso tiene un significado especial lo que comienza ahora en La Mina, La Melvis, La Isabel, La Tumbita y Ciro Redondo: cinco Hogares de Alimentación Comunitaria que acercarán la atención a quienes viven en estas comunidades rurales y de difícil acceso.

Serán cincuenta personas, diez en cada hogar, las que tendrán garantizada esta posibilidad. Detrás de esa cifra hay rostros y vidas concretas: adultos mayores que viven solos, personas en situación de discapacidad, familias que enfrentan circunstancias difíciles y necesitan que la protección social no se quede en una oficina, sino que llegue hasta su comunidad.

Como parte de la primera etapa de esta iniciativa, el intendente de la Isla de la Juventud, Doctor en Ciencias Leonardo Cruz Cabrera, acompañado por la jefa del Departamento de Trabajadores Sociales y representantes de la Unidad de Comercio, recorrió las zonas seleccionadas y participó en la entrega de los módulos a quienes tendrán la responsabilidad de poner en funcionamiento estos hogares.

Refrigeradores, ollas Reyna, arroceras, platos, vasos, jarras y otros recursos forman parte de los módulos entregados.

También se garantizará el respaldo de la Empresa Mayorista con determinados productos necesarios para sostener el servicio y mantener un menú adecuado, mediante una libreta especial destinada a esta modalidad.

Pero si algo importa de todo cuanto se entrega, no son solamente los equipos ni los productos. Lo verdaderamente importante es lo que podrán significar para una persona que espera una ayuda, para un anciano que necesita que alguien piense en él, para quien no puede trasladarse por razones de salud y necesita que el alimento llegue hasta la puerta de su casa.

Porque llevar un servicio hasta una comunidad apartada exige mucho más que disponer de recursos. Hay que recorrer los caminos, organizar, transportar, coordinar y, sobre todo, tener la voluntad de llegar.

La normativa cubana establece que cada Hogar de Alimentación Comunitaria puede atender hasta diez personas y debe garantizar una ingesta diaria que cubra al menos el 30 por ciento de los aportes nutricionales recomendados. Cuando el beneficiario, por razones de salud, no puede trasladarse, los alimentos deben llegar gratuitamente hasta su domicilio.

En la Isla de la Juventud, cinco comunidades comienzan a vivir esta experiencia.

Cinco hogares que nacen lejos de los centros urbanos, precisamente donde más necesario resulta acercar la atención. Cincuenta personas que tendrán un plato de comida más cerca, pero también algo que no puede medirse en números: la certeza de que son tenidas en cuenta.

Porque una obra social no se completa cuando se entregan recursos. Se completa cuando esos recursos llegan a las personas para las que fueron destinados.

Y detrás de estos cinco hogares habrá trabajo, organización y compromiso. Pero, sobre todo, estará una idea profundamente humana: que las dificultades del camino no pueden ser una razón para dejar atrás a quienes más necesitan de la solidaridad de su comunidad y de la protección que el Estado cubano está llamado a garantizar.

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