Puede considerarse el decano de la docencia de las artes plásticas en Pinar del Río, pues a lo largo de los años ha compartido sus conocimientos con no pocos artistas, los cuales agradecen la dulzura y sapiencia que les ha transmitido.
De andar pausado, Félix Echevarría Martínez es ese pinareño que encuentra siempre motivaciones para reinventarse. A sus más de 80 años sigue subiendo los escalones que conducen a su taller para deleitarnos una y otra vez con un arte que tiene, casi siempre, a la naturaleza como eje central.
No concibe la vida en pausa, se la pasa ideando nuevas muestras expositoras y buscando la manera de acercar su arte a los distintos públicos.
La galería Korda de la casa de la prensa, el lobby de Tele Pinar, la galería del periódico Guerrillero, la sede provincial del Comité Provincial del Partido, el Centro Provincial de Casas de Cultura, entre otros, han acogido y acogen las creaciones de Félix.
Acompañado siempre de su esposa Enma, es ella uno de los catalizadores que lo conduce por los pinares, los ríos, los mogotes, los campos cubanos que desde el lienzo reflejan una ruralidad que nos es muy cercana y vivencial.
Si algo distingue a Félix es esa constancia permanente y la invitación a valorar la vida, una vida a la que sabe ponerle colores, formas y hasta la textura de las orquídeas que transmiten en su simbolismo el amor y la belleza, la fuerza y la perfección que la existencia misma y el arte le regalan al género humano.
A los girasoles le dedica especial atención en su obra, pues los considera vida, según ha manifestado, ellos lo llenan, le dan fuerzas para librar esa lucha constante contra las dificultades. Establece jerarquías y la familia ocupa el lugar cimero, la docencia es su segunda pasión y la creación visual es la otra afortunada.

Su casa fungió un tiempo como escuelita donde muchos niños descubrieron los secretos de las artes plásticas. Algunos hicieron carrera profesional a partir de aquí.
Apasionado del té y del café, manifiesta que se mete en sus paisajes, que siente que camina por ellos. El descanso para él es pintar, logra abstraerse de la cotidianidad solo cuando se pone frente al lienzo. “Soy surrealista”, ha dicho.
Sobre él la especialista Yania Collazo ha considerado que “…sus coqueteos formales con los istmos vanguardistas de inicios del siglo XX afloran esporádicamente en las series que va concibiendo cada año para celebrar su aniversario y reverenciar el regalo de estar vivo. Así lo hemos acompañado a través de indagaciones socioculturales, homenajes y una búsqueda insaciable de identidad”.
Para nosotros, Félix no es solo uno de los más queridos y longevos pintores, sino también ese ser humano excepcional del que se aprende todos los días a valorar y a agradecer el hecho de poder vivir para contar o pintar las realidades que nos rodean.


