Los ojos de Raquel Revuelta desde la mirada de Julio César Ramírez
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Los ojos de Raquel Revuelta desde la mirada de Julio César Ramírez

Portada del libro.

Portada del libro.
Foto: Portada del libro

(…) Fue la cándida mirada de Lucía. / ¿O la cálida mirada de Lucía, / La que Humberto imaginó para Raquel? / Los ojos de Raquel y su mirada.(…)

La canción Los ojos de Raquel fue estrenada en ocasión del aniversario 45 de Teatro Estudio y así se titula también el libro de Julio César Ramírez, que forma parte del catálogo de la Editorial En Vivo, presente en la edición 34 de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Con solo una ojeada se constata el profundo conocimiento del versátil actor de medios, director de teatro, del Centro Cultural Raquel Revuelta y de la Escuela Nacional de Teatro Corina Mestre Vilaboy.

El volumen contó con la edición y corrección de Josefa Quintana; la cubierta y el diseño de Damaris Rodríguez; y la espectacular imagen de portada es un fotograma de Raquel Revuelta en Lucía (1968), filme dirigido por el incansable cineasta Humberto Solás.

También se aprecia un álbum fotográfico perteneciente al archivo del Centro Cultural Raquel Revuelta, cortesía de Carlos Lino Castellón, junto a un recorrido por las obras y premios otorgados a esta grande de las tablas cubanas.  

Este regalo de la literatura es un homenaje por el centenario del nacimiento de la extraordinaria figura (1925-2004), con testimonios de alumnos y compañeros de trabajo. Para el autor, «es recordar a la actriz, colega y amiga querida».

Raquel llevaba el teatro en la sangre. Nunca se imaginó el joven Vicente, de 14 años, cuando llegó desde Santander, España, que conocería en el Centro Montañez de La Habana, el cual frecuentaba por «ser una manera de reconectar con su terruño», a la «muchacha hermosa Silvia Planas con sobradas dotes para la escena». Con el tiempo se convirtió «en su impulso personal definitivo y creativo».

En las páginas el autor señala que el matrimonio que se funda entre «aquel español y aquella cubana» sería fragua de artistas e institución de una ética por el teatro. Fue el suyo un hogar humilde, pero lleno de riqueza espiritual, de gusto por el arte y la armonía: razón para fortalecer la vida y los caminos en una familia.

La joven Raquel comenzó en la radio, en una pequeña emisora diciendo poemas. Solo con 11 años triunfó en los programas La Corte Suprema del Arte y La Escala de la Fama, lo que la llevó a ser integrante de otras emisoras, entre ellas Mil Diez en 1943 y Radio Progreso en 1950.

Ese mismo año, el 24 de octubre, se fundó la televisión, y como el espacio Teatro de Lunes tuvo en cuenta importantes obras de la literatura teatral universal, permitió a Raquel reenfocar la actuación hacia ese medio y explorarlo. Ejemplo de ello fue su interpretación en La ramera respetuosa, del dramaturgo francés Jean-Paul Sartre.

Julio César Ramírez enfatizó que su trabajo en televisión fue amplio, «en las telenovelas junto a la gran Gina Cabrera, define una época y el desarrollo del género en Cuba. Es notable su aporte a la técnica de cómo interpretar en este medio, siendo una televisión en vivo (…)».

Otro de sus grandes logros fue el Grupo Teatro Estudio, fundado en 1958, uno de los más emblemáticos de la Isla. Con su batuta en mano se estrenaron obras de Brecht, Mayakovski y de autoría cubana.

No faltó su paso por el séptimo arte, con una vasta filmografía. Su rostro marcó las películas Soy Cuba (1964) y Lucía (1968), que la llevó al reconocimiento internacional. En 1982 actúa en Cecilia y cuatro años después en Un hombre de éxito.

Raquel no solo se dedicó a la escena, sino que la pedagogía formó una parte esencial en su vida. Doctora Honoris Causa por el Instituto Superior de Arte (1985) y Premio Nacional de Teatro 1999 junto a su hermano Vicente, transmitió sus conocimientos como profesora de nuevas generaciones, legando su pasión por las artes escénicas.

En acertada representación dramática de su carácter, rescato lo dicho en el libro por una ficticia y sonriente Raquel Revuelta ante los elogios de cien voces: «Nunca me ha gustado la adulonería. Pero, en fin, como en las mejores películas, ahora ustedes tienen la palabra».

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