
Quien escribe es un crítico de arte cubano que al igual que muchos de mis conciudadanos, se declara sincero admirador de las más de 30 producciones cinematográficas de Steven Spielberg, no solo por su elogiada capacidad para conducirnos al universo fantástico propio de los filmes de ciencia-ficción, sino sobre todo por el aliento de optimismo plasmado en cada una de las obras de arte que ha dedicado a dicha temática.
Precisamente, lo que nos ha motivado para publicar este trabajo ha sido el impacto que provocara en nosotros su más reciente filme, titulado Disclosure Day o El día de la Revelación. Una vez más, pero a sus 79 años de edad, nos sorprende con la entrega de esta película inspirada en una de sus habituales inquietudes como realizador, el encuentro con extraterrestres.
Coincidimos con quienes avalan la fascinante actuación de la actriz Emily Blunt, en el papel de la locutora de televisión Margaret Fairchild. Podríamos ampliar semejante perspectiva en torno a otras valoraciones relacionadas con el filme, pero considero de una importancia cardinal referirnos a los últimos minutos de El día de la Revelación.
Nos resulta impactante ese momento en la película cuando en todo nuestro planeta, que está al borde de la Tercera Guerra Mundial, se detiene la vida para poder contemplar en los celulares o en las pantallas de los televisores las imágenes de seres extraterrestres que han sido capturados a lo largo de años por el gobierno norteamericano, las que finalmente se han revelado por la audaz gestión de Margaret en su canal local de televisión de la ciudad de Kansas.
Spielberg ha sido capaz de añadirle todavía una mayor intensidad dramática al filme: uno de esos seres alienígenas es conducido secretamente al mencionado estudio de televisión para comunicarse personalmente con Margaret y dejarle un mensaje; información de cuyo contenido nunca nos enteraremos, porque la película finaliza justamente con la locutora frente a la cámara, que dice solo esto: «Escuchen…»
Infinidad de comentarios han surgido a propósito de ese inquietante final, en cuanto a si la información suministrada por el alienígena nos podía advertir de un peligro o de que vienen en son de paz, o hasta quizá de que nada más buscan establecer contacto con nuestra civilización.
Sin embargo, hay un cuestionamiento moral implícito en el filme que, aunque hasta ahora nadie lo ha planteado, me ha dejado profundamente conmovido: ¿tendríamos todos nosotros, como parte de la humanidad del siglo XXI, que esperar hasta que sea real la aparición de un ser de otro planeta para que este nos pida encarecidamente detener el genocidio que se está cometiendo contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza?
¿La humanidad no tiene otra alternativa que esperar a que un ser alienígena nos convenza de una vez y por todas sobre el crimen que el gobierno norteamericano está cometiendo en contra del pueblo cubano a través de un cruel bloqueo para asfixiarnos como nación?
Si en este elogiado filme Spielberg consigue impresionarnos hondamente con ese momento en que somos testigos de una conmoción universal provocada por la presencia de alienígenas en la televisión, tengo la certeza de que ya es hora de actuar todos los humanos unidos –como si fuera cierta dicha revelación– para evitar que las guerras actuales lleguen a convertirse en un conflicto de proporciones tales como el que señala en la película, y pueda hacer desaparecer la vida de la faz de la Tierra.
Está claro que con el filme El día de la Revelación, Spielberg ha tenido en mente ofrecernos un documento cinematográfico cuya aspiración está mucho más allá que simplemente entretener.


