Transición de otoño: Trump apuesta por un acuerdo con Cuba sin acción militar – Café fuerte
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Transición de otoño: Trump apuesta por un acuerdo con Cuba sin acción militar – Café fuerte

En medio de un nuevo torbellino informativo sobre Cuba, el presidente Donald Trump despejó este sábado las desbordadas versiones sobre una posible acción militar contra la isla: No, el acuerdo con el régimen cubano es la opción viable.

«Yo diría que Cuba y Estados Unidos llegaremos a un acuerdo. No creo que necesitemos a los militares», dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca antes de abordar el Air Force One  en la Base Conjunta Andrews, Maryland.

Y agregó más: “Cuba está fracasando estrepitosamente. Queremos ayudar a Cuba. Queremos abrir Cuba a nuestra gente. Conocemos a excelentes cubanoamericanos que quieren regresar».

Los comentarios de Trump se produjeron para responder a un reportero inquieto por la noticia que circuló la víspera por vía de un mensaje interno del Pentágono, difundido por el sitio CBS News y replicado, obviamente, por todos los espacios informativos relacionados con el tema cubano y otros más que se sumaron en la batalla por la audiencia. Según la exclusiva de CBS, la Reserva del Ejército USA evalúa la posibilidad de proporcionar fuerzas policiales, personal médico y otras unidades de apoyo al Comando Sur (SOUTHCOM) para eventuales operaciones en los próximos cuatro meses.

Y, por supuesto, se desató un zafarrancho en los medios del sur de Florida con una alusión de este tipo, con la invasión militar en lontananza.

Cuando contacté de inmediato a dos fuentes muy confiables, una de ellas con estrechos vínculos en el Pentágono, las respuestas fueron completamente desmovilizativas.

“Esta filtración es puro humo de operación psicológica… Los militares siempre estamos planificando contigencias”, fue la coincidencia de ambas.

Uno de los testimoniantes hizo observar que la noticia es una clara especulación, pues el mensaje del Pentágono no hace ninguna referencia a Cuba, sino que forma parte de una planificación militar en sentido general. Por supuesto, no hay ninguna orden de desplegar fuerzas ni de tomar decisiones, aunque en los últimos meses las autoridades militares hayan planificado un inédito campo de batalla digital contra la isla.

El tema del mensaje interno sobrevino apenas tres días después del agresivo discurso de Trump ante la 81 Asamblea General de Naciones Unidas, en el que afirmó que Estados Unidos busca “un cambio fundamental en la situación de Cuba» y  que «Cuba caerá».

La retórica de confrontración contra el régimen cubano ha sido la constante de la política estadounidense, arreciada durante el último año en una estrategia que oscila entre los contactos de negociación de máximo nivel, abiertos o velados, a las sanciones recrudecidas en sectores económicos y financieros clave de la vida cubana, con las consiguientes amenazas de “todas las opciones sobre la mesa”.

Al mismo tiempo, por debajo de la mesa, hay caminos de conversación y acuerdo que quizás nos sorprendan en breve.  

Por el curso de los acontecimientos, las declaraciones más recientes del Secretario de Estado, Marco Rubio, y la prolongación de la salida que alguna vez se mencionó como inminente, todo apunta a un estancamiento de la situación.

La intervención de Rubio, a quien Trump se encargó de ratificar esta semana como la persona a cargo de los asuntos cubanos, sirvió para consolidar la perspectiva de negociación de Estados Unidos por encima de la salida militar.

“Nuestra preferencia es siempre abordar estas cuestiones de una manera, no quiero llamarla diplomática, pero sí negociada, de carácter político, de tal forma que se logren avances mediante cambios sustanciales en un país que no impliquen el uso de la fuerza militar”, dijo Rubio a periodistas en Nueva York el pasado miércoles. “Solo les diré que Cuba y sus dirigentes, o las personas que están ahora al frente de su Gobierno, tienen la oportunidad de iniciar el proceso para cambiar para siempre y de forma positiva ese país (…) Y estamos preparados para contribuir a ello”.

La “prioridad de Cuba” no parece ya tan prioritaria, el Presidente tiene otros asuntos más candentes en su agenda y nada sugiere que en un momento tan crucial como el que atraviesa Estados Unidos, una invasión militar sea una decisión a tener en cuenta en Washington.

Al menos antes de las elecciones de medio término en noviembre  ninguna determinación operativa sobre Cuba parece predecible.

En Miami, sí, claramente, los ecos de una intervención armada y el cambio inminente en Cuba siguen siendo tema reciclado en espacios radiales y televisivos, y en discursos de políticos en campaña de reelección. Incluso el congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart ha apostado su casa en la porfía de que antes que termine este mandato de Trump, “Cuba será libre”.

Y hasta se está organizando una comitiva desde Miami para que cubanos exiliados se manifiesten este 1 de octubre frente a la Casa Blanca, reclamando la urgente intervención militar bajo el lema de TRUMP, DO IT!

Cuba está urgida de un cambio sustancial en materia política y económica como social. De eso nadie tiene dudas, ni siquiera los propios jerarcas del régimen que procuran el continuismo desde su obsecación de poder. No parece un secreto que los pasos de la administración Trump están encaminados al control de toda la actividad económica, financiera y mercantil que se mueva en torno a Cuba y garantizar que magnantes y empresas estadounidenses puedan acceder deliberadamente a las tajadas rentables que aún puede ofrecer el escenario cubano en materia de minería y metalurgia, turismo, bienes raíces y mercado petrolero.

En ese eje de tensiones parece más propicio que se diluciden los intereses estadounidenses en torno a Cuba durante lo que queda de la administración Trump, lo cual es aún un plazo prudencial. Es también el período de tiempo, al menos oficialmente, que le queda a Miguel Díaz-Canel en su mandato impuesto hasta abril de 2028. Aunque seguramente las filtraciones y las declaraciones desafiantes sobre el asalto a Cuba van a proseguir en el entorno de la política estadounidense y el panorama miamero, más allá de la Nochebuena que se acerca y el próximo anuncio de la gravedad terminal de Raúl Castro.

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