Apuntes desde México: retrato de mis primeras impresiones
El equipo Cuba apenas había entrenado por primera vez en suelo mexicano cuando escribí este texto. Un día después sería el debut en la Copa Mundial de Béisbol Sub-15 frente a República Dominicana.
Antes del grito de play ball pude conocer una parte de la ciudad que acogía la competición: Mérida.
A primera vista me llamó bastante la atención lo tranquila y segura que es. Hay vida nocturna y las personas caminan, practican deportes o se sientan a comer fuera.
Grandes avenidas con tráfico tupido y a la vez estable, no como tengo entendido se vive en otros países o ciudades del propio México. Aquí todo transcurre más despacio y sin locuras al volante.
Me cuentan que la causa es la existencia de muchas leyes, algunas protectoras de peatones y ciclistas, que -para mi asombro- se respetan. Claro, la policía hace su parte. Patrullas sin sirenas, pero con las luces encendidas, como diciendo: «estamos aquí».
Recorrí en guagua -autobús le llaman por estas tierras- el tramo entre el Hotel City Express by Marriott y el Estadio Kukulcán Álamo. Es una ruta en común por estos días para los equipos de béisbol que participan en la Copa Mundial de la categoría menores de 15 años.

Todo repleto de luces en las noches y negocios de patentes internacionales, en su mayoría muy afamados, Starbucks, McDonald’s y otros tantos.
En esta parte de Mérida, que no es el centro, los espacios parecen enormes. Ese viaje diario tarda 45 minutos. Una hora y media se nos va entre ida y vuelta. Parece hasta más largo que unir por carretera al Estadio Latinoamericano con otro de las vecinas Artemisa (26 de Julio) o Mayabeque (Nelson Fernández). O igual a viajar desde La Habana hasta aquí en avión, de lo cual comentaré más adelante.
Esos grandes tramos parecen estar resueltos para mucha gente con el uso de autos particulares o los famosos Uber (taxis particulares de recogida).
También existe un sistema de trasporte público para los ciudadanos de menores posibilidades económicas que parece ser bastante eficiente. Me contaron que no funcionaba así antes.
Se trata de unas guaguas azules con aire acondicionado-clima, dirían los mexicanos- muy vistosas. Llevan el nombre de Va y Ven, cuestan 12 pesos mexicanos (menos de un dólar), se pagan a través de una tarjeta magnética, con hay diversas rutas.
Los anuncios son recurrentes. Desde carteles lumínicos ubicados a una considerable altura para que se vean desde bien lejos (médicos privados, dietistas, abogados), hasta pinturas escritas a mano sobre cualquier muro de concreto con un número de teléfono. Desde rentas de habitaciones o espacios para desarrollar cualquier actividad laboral, hasta próximos conciertos, incluido uno muy recurrente de Ricardo Arjona que tendrá lugar en el propio estadio donde se desarrollará este torneo de pelota, pero poco después de concluido.

Otras distancias
La distancia más corta en línea recta entre Yucatán y la parte más occidental de Pinar del Río es de poco más de 500 kilómetros. Sobre un avión casi no se siente, salvo por las turbulencias que me tocaron experimentar esta vez; es algo así como una hora y media entre despegue y aterrizaje.
A pesar de esa marcada cercanía geográfica, los rasgos geológicos semejantes, la calidez de la gente y el clima, las culturas cubana y mexicana son distintas.
Dicen que algunas zonas de Mérida recuerdan a Cuba. Es posible que sí, pero mi experiencia aún no da para tanto.
La arquitectura es quizás la principal cómplice para compararla con el municipio espirituano de Trinidad. Abundan las casas estilo coloniales. La mayoría bien conservadas.
El trajinar de la gente en la zona centro de Mérida es quizás lo que la hace cercana a nuestra Habana.
El sol es incluso más fuerte que en Cuba. Tal vez la sensación pueda compararse con la de la región Oriental de la Isla. Me han comentado que aquí hay calor durante todo el año. De momento, la temperatura está fija sobre los 32 grados Celsius a finales de septiembre durante el día. Igualmente, hemos tenido tardes lluviosas.
Algo que también distingue a este lugar es la gastronomía. Los yucatecos son famosos por sus comidas. Cuidado cuando te digan que cenan ligero en la noche. Puede ser un sándwich enorme, más bistec empanado, papas fritas y refresco gaseado.
Por esta región sur del país le imprimen un toque distintivo a lo que cocinan, algunos platos son autóctonos y parte de las tradiciones locales. Aquí hablan del tema culinario con gran orgullo y disfrutan cuando los foráneos como yo indagan y saborean sus platos. Aunque en este caso la dieta de los atletas, por ahora, ha sido bastante integral, adaptada y balanceada.
A pesar de algunos comentarios que no suelen trascender las redes sociales, los cubanos que visitan o viven en Mérida son bienvenidos. Hasta el momento me ha ido bien entablando diálogos en el hotel y la calle, preguntando lo que se me ocurre: mucha educación y respeto.
De hecho son bastantes los cubanos que van y vienen. Compran de todo un poco. Traen cosas de Cuba también. Además, la comunidad de emigrantes ha crecido tras el cierre de la frontera con los Estados Unidos.
A mí me llenó de orgullo encontrar algún que otro paisano de este lado del charco. Te identifican y saludan. «Qué bola asere» no es una frase rara por estos lares. Entre la gran diversidad de colores, los cubanos han sabido «meter el pie». Y Cuba, Cuba es una sola.
Emprendedores han llegado y salen adelante en la Península de Yucatán, desafiando un mar de tradiciones. Otros simplemente se buscan la vida trabajando en cualquier cosa.
Para ellos adaptarse debió ser un poco más sencillo que en lugares distantes. Así y todo, como el extranjero que soy aquí, algunas costumbres no han dejado de sorprenderme. Dormir o descansar en hamacas, por ejemplo, es bastante común, y la verdad no es normal para un montón de gente, entre los cuales me incluyo. Tradición no apta para sonámbulos. La verdad es que aún no he probado ese «deporte extremo».
La capital del estado de Yucatán da mucho más para hablar. Pero todavía no conozco ni el 10 por ciento.
Sí sé desde antes de visitarla que tiene una rica herencia maya y colonial que la vuelven enigmática. Ambas se mezclaron y sobrevivieron con igual fuerza. Gracias a esta historia fue la primera ciudad en ser nombrada Capital Americana de la Cultura. Las calles antiguas no dejan que se borren aquellos tiempos lejanos, por mucho que la tecnología y el desarrollo resulten aplastantes.
Esta urbe se nombró así en honor a la Mérida de España y fue fundada en 1542 por Francisco de Montejo.
Hasta aquí mis primeras impresiones de Mérida. La Copa Mundial de Béisbol Sub-15 está a pocas horas de arrancar. A eso vinimos, pero siempre hay más historias que contar.
La entrada Tejer el camino IX se publicó primero en Revista Bohemia.