Bohemia

Jorge Agostini, presente

En el aniversario 71 de su cobarde asesinato por sicarios de Batista, familiares, combatientes, estudiantes y pueblo en general rindieron tributo y evocaron al marino, deportista y revolucionario


Allí, justo donde se custodia la memoria del crimen, en la intersección de las calles 15 y 2, en el Vedado capitalino, el eco de la justicia volvió a hacerse escuchar. A 71 años de que la dictadura de Fulgencio Batista truncara la vida de Jorge Agostini Villasana, se honró la huella de quien fuera militar de principios, audaz combatiente contra la tiranía y un campeón de talla excepcional.

Pioneros de la Escuela Primaria Unión Internacional asistieron al homenaje. /Yasset Llerena

El emotivo homenaje contó con la presencia del contraalmirante (R) José Luis Cusa Téllez de Girón, presidente de la Comisión de Historia Naval de Cuba, junto con una representación de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) del municipio de Plaza de la Revolución. También asistieron combatientes y marinos veteranos de la Marina de Guerra Revolucionaria, las Tropas Guardafronteras y la Marina Mercante, acompañados por pioneros de la Escuela Primaria Unión Internacional, además de trabajadores de MediCuba, empresa la cual ocupa hoy el inmueble donde fuera asesinado el combatiente. En el centro del tributo se encontraba su hija, María Teresa Agostini, testimonio del cariño imperecedero de un pueblo que jamás olvida a sus mártires.

Nacido el 5 de febrero de 1910 en Mayarí, Jorge Agostini Villasana demostró desde su temprana juventud una rebeldía innata contra los abusos del poder. Tras graduarse de alférez de fragata en la Escuela Naval del Mariel, sus convicciones lo llevaron a conspirar activamente contra la tiranía de Gerardo Machado, una osadía que le costó su primer exilio.

María Teresa Agostini, hija de Jorge Agostini.

Su compromiso no conocía fronteras geográficas; en 1937 cruzó el Atlántico para alistarse en las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil Española. En defensa de la República, Agostini comandó un submarino y demostró una pericia estratégica tan formidable que le valió el grado de comandante.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial demostró su experiencia naval al servicio de su tierra natal, prestando servicios en la Marina de Guerra de Cuba, en la cual participó activamente en arriesgadas operaciones antisubmarinas en el Caribe.

Contraalmirante (R) José Luis Cusa Téllez de Girón, presidente de la Comisión de Historia Naval de Cuba junto a la hija del mártir.

Paralelamente a su vida militar, Agostini cultivó una de sus más grandes pasiones: la esgrima. Con esa misma entrega representó los colores de Cuba en la arena internacional, donde su destreza lo coronó campeón centroamericano en Barranquilla 1946 y lo llevó a competir en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948. Su palmarés también incluyó el subtítulo de florete individual y el título por equipos en los Juegos Centroamericanos de Guatemala 1950 y la medalla de plata en florete por equipos y bronce en espada en los primeros Juegos Panamericanos, de Buenos Aires 1951.

Fue un atleta de élite quien jamás separó el honor deportivo del amor por su patria. Esa misma entereza moral le impidió cruzarse de brazos ante el artero golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista en marzo de 1952. De inmediato, renunció a su cargo militar en señal de rechazo y se volcó de lleno en la insurrección clandestina, organizando células revolucionarias entre aquellos militares de la Marina y el Ejército que aún conservaban la vergüenza.

Archivo de BOHEMIA, Edición de la libertad No1 4 de enero de 1959.

Esta intensa actividad opositora lo convirtió en blanco prioritario de los órganos represivos del régimen. Al revisar las páginas de BOHEMIA, en su Edición de la Libertad, que hacía un recordatorio del trágico balance de más de 20 000 muertos ultimados por la tiranía de Batista, se precisa que el crimen ocurrió el 9 de junio de 1955. Aquel día, el excomandante de la Marina de Guerra y exjefe del Servicio Secreto de Palacio fue acribillado a balazos en el Vedado en el domicilio del doctor Francisco R. de la Huerta, ubicado en la calle 4, número 355.

Los archivos de la época denuncian con nombre y apellido a los responsables de la infamia, señalando que en el desfile de asesinos del régimen, la Marina de Guerra tuvo a su más alto representante en Julio Laurent, oficial del Servicio de Inteligencia Naval. Entre las numerosas víctimas de Laurent se encontraba Agostini. El esbirro era además dueño de una carrera criminal que incluyó sembrar el terror y ultimar a prisioneros indefensos en Oriente.

Laurent operaba en estrecha complicidad con el comandante Blanco, su “socio” en los crímenes, quien desde la jefatura del puesto naval del Castillo de la Chorrera brindaba la impunidad de la fortaleza para torturar allí a quienes caían en sus garras.

Archivo de BOHEMIA, Edición de la libertad No1 4 de enero de 1959.

Entre las voces denunciantes de la brutalidad del crimen estuvo la del joven doctor Fidel Castro Ruz, quien desde las páginas del periódico La Calle escribió con fecha 11 de junio:

“¿Tiene acaso un grupo de hombres derecho a arrancarles la vida a sus semejantes con más impunidad de la que no tuvieron nunca los peores gánsteres? Hoy es Jorge Agostini, nuevo mártir en la lucha por la liberación nacional, ¿quién será el próximo combatiente en caer acribillado”.

Aunque la tiranía intentó apagar su ejemplo con plomo, hombres como Jorge Agostini jamás mueren del todo; su sacrificio sigue marcando de forma inalterable la ruta de la dignidad cubana.

Jorge Agostini Villasana: militar de principios, audaz combatiente contra la tiranía y campeón de talla excepcional. /islalsur.wordpress.com
Hombres como Jorge Agostini jamás mueren del todo.

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