La mala educación se impone en Cuba – republica.com
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La mala educación se impone en Cuba – republica.com

La mala educación se impone en Cuba

El curso empezó el pasado martes sin maestros, sin uniformes y con el mismo adoctrinamiento: se cae el mito de la escuela revolucionaria ejemplar

El curso escolar comienza en Cuba entre apagones, escasez de maestros y carencias básicas, mientras la presión de EE. UU. agrava la crisis en la isla. Foto: AFP

El curso escolar comienza en Cuba entre apagones, escasez de maestros y carencias básicas, mientras la presión de EE. UU. agrava la crisis en la isla. Foto: AFP

Manuel Aguilera

Manuel Aguilera

07 de septiembre, 2026

El curso 2026-2027 arrancó el 1 de septiembre como arranca casi todo en la isla: con un acto y sin lo esencial. Hay unos 1.4 millones de alumnos en inicial, primaria, secundaria y preuniversitario. La ministra Naima Trujillo Barreto habla de presencialidad como sinónimo de calidad. Las familias hablan de apagones, merienda que no alcanza y aulas sin titular. Diario de Cuba recoge el dato que tumba el mito de un plumazo: solo el 73 % de las plazas docentes está cubierto. Faltan, según el propio Ministerio, unos 21 000 maestros.

Por qué importa.  Durante décadas La Habana vendió al mundo —y a una parte de la izquierda latinoamericana— la escuela cubana como joya de la Revolución: universal, gratuita, ejemplar.

  • Ese relato ya no resiste el primer día de clase. El País describe a madres dispuestas a no mandar a los niños si no hay luz para dormir ni material para escribir. Infobae cifra en más de 380 000 los alumnos que empiezan sin un maestro titular asignado.
  • La industria textil produjo en agosto apenas el 12 % de los uniformes previstos. Se pide a las familias que cosan con retazos, que reparen ropa vieja, que no dejen al niño en casa por falta de pretina.
  • El Estado que se atribuyó la escolarización ahora traspasa el coste al hogar que ya no tiene pollo.

Lo indispensable.  La calidad no se fue sola. Se fue con los profesores. El sueldo ronda los USD 12 mensuales. No hay transporte. La emigración se llevó a miles.  La Habana improvisa: universitarios, gente de cultura o de la industria, docentes traídos de otras provincias —las cifras oficiales oscilan entre 300 y 3000, según la fuente— y un profesor para varias escuelas.

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  • El curso anterior se acortó en junio por falta de electricidad y de comida en los internados. Este empieza con lámparas recargables en la mochila. Llamar a eso “excelencia pedagógica” es propaganda.
  • Lo que sí llega puntual es la ideología. El Ministerio promocionó la vuelta a las aulas con la consigna “Con Fidel en cada aula”. Los niños de la Organización de Pioneros José Martí siguen recitando el juramento de 1968: estudiar, trabajar, luchar y “ser como el Che”.
  • En 2025 circuló el libro de matemáticas de primer grado, de Pueblo y Educación, con Fidel metido en ejercicios de figuras geométricas. El primer ministro Manuel Marrero llegó a decir que la prioridad del régimen era reforzar el trabajo político-ideológico, por encima incluso de la economía. En La Habana se han organizado “tribunales antiimperialistas” con niños vestidos de jueces para acusar a Estados Unidos. No es educación cívica. Es catecismo de Estado. 

Datos clave.  El contraste es el argumento. Mientras faltan zapatos y libretas, no falta el himno al comandante. Quien emigró a Miami lo resume con una frase que se ha vuelto estribillo cada vez que reaparece un video del juramento pioneril: “Eso decían en mi aula y ahora estamos todos en la Yuma”.

  • La alfabetización de los años 60 fue un logro real. Convertirlo en patente de corso sesenta años después, con plantillas rotas y aulas a oscuras, es estafar a una generación. Un sistema que no paga al maestro y adoctrina al alumno no produce médicos milagro. Produce fuga.

Ahora qué. La mala educación se impone en Cuba de dos maneras a la vez: por lo que falta y por lo que sobra. Faltan maestros, uniformes, corriente y desayuno. Sobra el Partido en el pupitre.

  • El mito de la escuela revolucionaria se ha quedado sin material didáctico y, aun así, exige lealtad. Quien quiera medir el fracaso del castrismo no necesita solo la libreta de abastecimiento o el parte de la UNE. Le basta el primer día de clase: un niño sin maestro, con una lámpara en la mochila y Fidel en el problema de matemáticas.

 

La mala educación se impone en Cuba

El curso empezó el pasado martes sin maestros, sin uniformes y con el mismo adoctrinamiento: se cae el mito de la escuela revolucionaria ejemplar

El curso escolar comienza en Cuba entre apagones, escasez de maestros y carencias básicas, mientras la presión de EE. UU. agrava la crisis en la isla. Foto: AFP

El curso escolar comienza en Cuba entre apagones, escasez de maestros y carencias básicas, mientras la presión de EE. UU. agrava la crisis en la isla. Foto: AFP

Manuel Aguilera

Manuel Aguilera

07 de septiembre, 2026

El curso 2026-2027 arrancó el 1 de septiembre como arranca casi todo en la isla: con un acto y sin lo esencial. Hay unos 1.4 millones de alumnos en inicial, primaria, secundaria y preuniversitario. La ministra Naima Trujillo Barreto habla de presencialidad como sinónimo de calidad. Las familias hablan de apagones, merienda que no alcanza y aulas sin titular. Diario de Cuba recoge el dato que tumba el mito de un plumazo: solo el 73 % de las plazas docentes está cubierto. Faltan, según el propio Ministerio, unos 21 000 maestros.

Por qué importa.  Durante décadas La Habana vendió al mundo —y a una parte de la izquierda latinoamericana— la escuela cubana como joya de la Revolución: universal, gratuita, ejemplar.

  • Ese relato ya no resiste el primer día de clase. El País describe a madres dispuestas a no mandar a los niños si no hay luz para dormir ni material para escribir. Infobae cifra en más de 380 000 los alumnos que empiezan sin un maestro titular asignado.
  • La industria textil produjo en agosto apenas el 12 % de los uniformes previstos. Se pide a las familias que cosan con retazos, que reparen ropa vieja, que no dejen al niño en casa por falta de pretina.
  • El Estado que se atribuyó la escolarización ahora traspasa el coste al hogar que ya no tiene pollo.

Lo indispensable.  La calidad no se fue sola. Se fue con los profesores. El sueldo ronda los USD 12 mensuales. No hay transporte. La emigración se llevó a miles.  La Habana improvisa: universitarios, gente de cultura o de la industria, docentes traídos de otras provincias —las cifras oficiales oscilan entre 300 y 3000, según la fuente— y un profesor para varias escuelas.

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  • El curso anterior se acortó en junio por falta de electricidad y de comida en los internados. Este empieza con lámparas recargables en la mochila. Llamar a eso “excelencia pedagógica” es propaganda.
  • Lo que sí llega puntual es la ideología. El Ministerio promocionó la vuelta a las aulas con la consigna “Con Fidel en cada aula”. Los niños de la Organización de Pioneros José Martí siguen recitando el juramento de 1968: estudiar, trabajar, luchar y “ser como el Che”.
  • En 2025 circuló el libro de matemáticas de primer grado, de Pueblo y Educación, con Fidel metido en ejercicios de figuras geométricas. El primer ministro Manuel Marrero llegó a decir que la prioridad del régimen era reforzar el trabajo político-ideológico, por encima incluso de la economía. En La Habana se han organizado “tribunales antiimperialistas” con niños vestidos de jueces para acusar a Estados Unidos. No es educación cívica. Es catecismo de Estado. 

Datos clave.  El contraste es el argumento. Mientras faltan zapatos y libretas, no falta el himno al comandante. Quien emigró a Miami lo resume con una frase que se ha vuelto estribillo cada vez que reaparece un video del juramento pioneril: “Eso decían en mi aula y ahora estamos todos en la Yuma”.

  • La alfabetización de los años 60 fue un logro real. Convertirlo en patente de corso sesenta años después, con plantillas rotas y aulas a oscuras, es estafar a una generación. Un sistema que no paga al maestro y adoctrina al alumno no produce médicos milagro. Produce fuga.

Ahora qué. La mala educación se impone en Cuba de dos maneras a la vez: por lo que falta y por lo que sobra. Faltan maestros, uniformes, corriente y desayuno. Sobra el Partido en el pupitre.

  • El mito de la escuela revolucionaria se ha quedado sin material didáctico y, aun así, exige lealtad. Quien quiera medir el fracaso del castrismo no necesita solo la libreta de abastecimiento o el parte de la UNE. Le basta el primer día de clase: un niño sin maestro, con una lámpara en la mochila y Fidel en el problema de matemáticas.

 

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