
Era el 12 de junio de 1992 y en el Centro de Convenciones de Río de Janeiro, líderes de más de cien países se sucedían en la tribuna de la Cumbre de la Tierra con discursos y promesas sobre el desarrollo sostenible.
Hasta que llegó el turno a un hombre de uniforme verde olivo y barba ya entrecana, quien ajustó el micrófono y, con voz pausada, lanzó una advertencia que el salón no esperaba: «Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre».
Aquel día, Fidel introdujo los graves problemas de la ecología en el corazón de la crítica al imperialismo, una maniobra intelectual que hoy resuena con más fuerza que nunca.
Quien estaba en la tribuna no era un simple repetidor de las tesis sobre el tema, lo enriquecía con un análisis quirúrgico adaptado a la era de la globalización neoliberal y a la aparición de nuevas contradicciones sistémicas.
Su pensamiento sobre el imperialismo se articuló en dos dimensiones complementarias –una económica y otra ético-civilizatoria– que, lejos de ser compartimentos estancos, se alimentan mutuamente y explican el actual momento de crisis global.
En plena crisis latinoamericana, cuando los países del Sur se asfixiaban bajo condiciones leoninas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, el líder cubano no se anduvo con eufemismos.
Recordemos cómo en 1985, durante la Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre la Deuda Externa celebrada en La Habana, sentenció sin rodeos: «La deuda externa es impagable; es una deuda usuraria y criminal, exigir su pago es un disparate, una locura, un crimen».
Su llamado al «no pago» coordinado del Tercer Mundo no era una bravata retórica: era la denuncia descarnada de que el capital financiero internacional había encadenado a los países del Sur a un ciclo de dependencia perpetua, exportando capital ficticio que luego exigía ser retribuido con ajustes estructurales, recortes sociales y privatizaciones masivas.
El mecanismo que Fidel describió entonces funciona hoy con idéntica lógica, aunque con nuevo traje. Los créditos condicionados, los bonos soberanos en manos de fondos buitre y el endeudamiento pandémico han actualizado aquella cadena perpetua que él identificó.
Transcurridos los años, su profecía de que «una especie está en peligro de desaparecer» ya no suena a hipérbole; la emergencia climática, la pérdida masiva de biodiversidad y la amenaza nuclear rediviva tras conflictos como el de Irán confirman, día a día, que aquel diagnóstico no era catastrofismo, sino anticipación lúcida.
Para Fidel, el capitalismo no era solo un sistema de explotación del hombre por el hombre, se había convertido en un sistema que condenaba a la humanidad a la barbarie, a las migraciones masivas, a las pandemias y a la guerra, se había erigido en una máquina de devastación que mercantiliza hasta el último aliento del planeta.
Si Lenin diagnosticó a principios del siglo XX el parasitismo y la descomposición de un capitalismo que se volvía cada día más rentista y agresivo, Fidel actualizó esa radiografía para la era global.
La «descomposición» leninista y la «crisis global» fidelista se entrelazan para describir una formación social que ha agotado sus posibilidades de desarrollo pacífico y progresista, incapaz de ofrecer un horizonte de bienestar colectivo: el sistema solo puede sobrevivir mediante la destrucción planificada.
Guerras interminables, sanciones económicas que estrangulan naciones enteras, y una creciente represión interna que vigila, criminaliza y excluye a los perdedores de la globalización.
Treinta años después del discurso de Río, la doble fractura que Fidel identificó –económica y ecológica– se manifiesta como una herida abierta.
Fuentes:
Castro, F. (1985). Discurso en la Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre la Deuda Externa. La Habana, 3 de agosto de 1985.
Castro, F. (1992). Discurso en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Río de Janeiro, 12 de junio de 1992.
Lenin, V. I. (1916). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Obras Escogidas, Moscú: Editorial Progreso.