El planeta reclama respeto a su naturaleza
Portada Radio Caribe

El planeta reclama respeto a su naturaleza

El año 2026 ha sido testigo de una serie de eventos sísmicos devastadores que han sacudido a naciones de América Latina, el Caribe, y Asia.

Colombia, Venezuela, Filipinas, Indonesia, Japón, México y Malasia están entre los países que han sufrido las consecuencias de terremotos de gran magnitud este año con trágicos resultados como miles de víctimas, fallecidos y pérdidas materiales incalculables.

Hasta mediados del mes agosto del 2026, se registraron al menos diez terremotos, una cifra que, aunque no supera el promedio histórico de 15 sismos de magnitud 7 o superior por año, deja una huella profunda en las poblaciones afectadas.

Los deslizamientos de tierra, las viviendas sepultadas bajo los escombros, escasez de agua y déficit de servicios vitales, son solo algunos de los problemas que dejan estos desastres naturales.

Pero más allá de los datos y las cifras, estos fenómenos nos obligan a reflexionar sobre algo que, hace más de tres décadas, un hombre con profunda visión de futuro advirtió con claridad, Fidel.

Recordemos que en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro, el 12 de junio de 1992, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz pronunció palabras que hoy resuenan con una vigencia estremecedora.

Fidel alertó entonces sobre el modelo de producción depredador impulsado por las naciones más poderosas, que desencadenaba un daño irreversible al medio ambiente. Advirtió que, de no detenerse a tiempo, la humanidad enfrentaría amenazas existenciales que hoy, tres décadas después, se manifiestan.

Los terremotos, como fenómenos geológicos, no son causados directamente por el cambio climático, pero sí forman parte de un sistema planetario que está alterado por la actividad humana.

La deforestación, contaminación, explotación irracional de los recursos y el calentamiento global modificaron el equilibrio natural, haciendo que los desastres tengan consecuencias cada vez más graves y que las poblaciones más vulnerables paguen el precio más alto.

Lo que Fidel señaló en 1992 no era una profecía apocalíptica, sino una advertencia científica, política y ética, basada en el conocimiento y en la certeza de que el ser humano no puede seguir actuando como si fuera ajeno a la naturaleza.

Hoy, cuando los titulares de la prensa internacional reportan terremotos, inundaciones, sequías e incendios con una frecuencia alarmante, las palabras de Fidel cobran una actualidad que trasciende cualquier frontera ideológica.

No se trata de un discurso del pasado. Es un llamado de atención al presente, un recordatorio de que la supervivencia de la especie humana depende de un cambio profundo en la relación entre el hombre y su entorno, y de la construcción de un orden internacional más justo, solidario y respetuoso con el medio ambiente.

Los terremotos de este año son una muestra más de que el planeta está respondiendo con desequilibrio a la mala relación del hombre sobre él. Pero también son una oportunidad para recordar que alguien, con una claridad excepcional, nos lo dijo mucho antes de que ocurriera.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *