La revista Condé Nast Traveler presentó la lista de las siete nuevas maravillas del mundo para 2026, una selección que apuesta por la autenticidad y se distancia del turismo masivo.
Los destinos elegidos destacan por su riqueza cultural, natural y patrimonial, convirtiéndose en referentes para viajeros que buscan experiencias singulares.
Encabeza la lista Matera, en Italia, una ciudad de piedra reconocida por sus antiguos barrios excavados en roca y declarada Capital Mediterránea de la Cultura. Su entramado urbano y su valor histórico la convierten en un escenario único para quienes desean adentrarse en la memoria arquitectónica del sur europeo.
El Parque Nacional Banff, en Canadá, ocupa el segundo lugar gracias a la inauguración de una nueva ruta de tren que atraviesa paisajes montañosos y lagos glaciares. Este proyecto refuerza la conexión sostenible con uno de los entornos naturales más emblemáticos de Norteamérica.
La reserva natural Bradford Pennines, en el Reino Unido, también figura en la lista. Este espacio protegido está vinculado a la memoria literaria de las hermanas Brontë y ofrece recorridos que combinan naturaleza y patrimonio cultural, con senderos que evocan la vida y obra de las escritoras.
En Argelia, las ruinas romanas de Djemila destacan por su conservación y valor arqueológico. El sitio permite explorar vestigios de la antigua civilización romana en el norte de África, con templos, foros y mosaicos que revelan la magnitud de su legado.
Las Islas Feroe, en el Atlántico Norte, fueron incluidas por su carácter salvaje y su paisaje abrupto de acantilados y fiordos. Este destino atrae a quienes buscan contacto directo con la naturaleza en un entorno remoto y poco intervenido.
El Parque Nacional Richtersveld, en Sudáfrica, aparece en la lista por su paisaje de apariencia lunar y su biodiversidad adaptada a condiciones extremas. La zona, habitada por comunidades nómadas, ofrece una visión singular de la relación entre cultura y medio ambiente en territorios áridos.
Finalmente, el Parque Nacional El Imposible, en El Salvador, se consolida como un tesoro de biodiversidad centroamericana. Su selva tropical alberga especies endémicas y constituye un espacio clave para la conservación ambiental en la región.

